La Torá y la evolución

Publicado: 1 enero, 2015 en Ciencia

Comentarios de Parasha Bereshit, 22 de octubre de 2011

 
Recientemente he recibido un correo de una organización judía ortodoxa diciendo en términos inequívocos que “el judaísmo ortodoxo rechaza la teoría de la evolución”. En ciertos círculos ortodoxos, se postula como un asunto de fe que el “verdadero” judaísmo no acepta ni puede aceptar la evolución. Dios creó el universo; Dios creó a Adán y Eva. Esto está claro en el primer capítulo de Bereshit y no hay nada más que decir sobre este tema. Cualquier otra postura es herejía.

En realidad, hay mucho más que decir sobre este tema. Creo que es incorrecto religiosamente hablando decir que “el judaísmo ortodoxo rechaza la teoría de la evolución”. Esta no es sólo una declaración inválida desde un punto de vista intelectual, sino que también desde el punto de vista religioso ortodoxo. Esta declaración refleja oscurantismo, no religión.

El primer capítulo de Bereshit presenta un relato grandioso, hermoso y poético de la creación. No presenta una explicación científica de la creación. No describe como Dios creó las cosas, solo que de hecho Él creó el mundo.

Se ha señalado que los seis “días” de la creación no son días de 24 horas como los conocemos hoy en día; ¡el sol no fue creado hasta el cuarto día! Sino que, la Torá habla poéticamente de seis periodos de tiempo—pudiendo haber sido cada uno de ellos miles de millones de años—en los que el universo vino a existir. Los cálculos científicos en boga dicen que el “big bang” fue hace a un poco más de 13 mil millones de años. Estos cálculos no están basados en especulaciones ociosas sino que en fenómenos cósmicos estudiados con sumo cuidado. Los judíos religiosos, junto con toda la gente pensante, deben sentirse totalmente cómodos abrazando los descubrimientos de la ciencia. No hay ningún tipo de contradicción entre la Torá y los cálculos del “big bang”.

La teoría de la evolución, que tiene un amplio rango de apoyo científico, postula que la vida surgió gradualmente, a lo largo de muchos millones de años. Formas de vida simples evolucionaron gradualmente para formar seres vivos más complejos. Los seres humanos finalmente surgieron tras un largo proceso de evolución. Deja claro que, a pesar de todo, Dios creó el mundo; las cosas no se desarrollaron al azar. Dios pudo haber creado todo en un instante; o pudo haber creado cada cosa en un proceso de evolución que abarca millones de años. Cuando la Torá dice que Dios creó a Adam del polvo de la tierra, esto puede querer decir que Dios creó a Adam por medio del proceso de la evolución abarcando un vasto periodo de tiempo—empezando por las células simples que se encuentran en el polvo y finalmente desarrollándose hasta seres humanos pensantes. La Torá simplemente no nos provee con los detalles científicos acerca de la formación de los seres humanos.

Dado que el peso de la información científica indica un desarrollo gradual de la vida, podemos abrazar esta información sin reparos o conflictos religiosos. La Torá nos dice que Dios creó el mundo; los científicos han intentado explicar el proceso de la creación. Por lo tanto, la teoría de la evolución no representa ningún tipo (ni remotamente) de amenaza para nuestra tradición. Sino que, rellena la información científica que no fue discutida en la Torá.

Nuestro conflicto no es con la teoría de la evolución per se. Nuestro conflicto es con aquellos que dicen que la evolución sucedió totalmente por sí misma, sin ningún impulso divino. Los judíos religiosos pueden adecuadamente aceptar los descubrimientos científicos, pero deben siempre dejar claro que fue Dios quien formó el universo, quien puso todo en movimiento, y quien por supuesto creo los fenómenos científicos sobre los que los científicos extraen conclusiones.

Durante la Edad Media, un conflicto surgió entre la religión y la ciencia acerca de la cuestión de la naturaleza de la materia. La ciencia, representada por Aristóteles, argumentaba por la eternidad de la materia. La tradición religiosa, basada en el primer capítulo de Bereshit, argüía por un universo creado. Maimónides, en su “Guía de los perplejos ” 2: 25, mantuvo la visión religiosa tradicional de Dios como creador. Argumentó que es filosóficamente imposible probar la eternidad de la materia. Por otro lado, como es filosóficamente plausible postular a Dios como creador de la materia, podemos confiar con seguridad en la tradición religiosa que enseña lo que la ciencia y la filosofía no pueden.

Al mismo tiempo, Maimónides enseña que si se pudiese demostrar que la materia es eterna, entonces deberíamos aceptar su verdad científica. Dado que Dios es el Autor tanto de la Torá como de la ciencia, es imposible que las dos lleguen a estar en conflicto. Si la ciencia pudiese probar la eternidad de la materia, entonces la Torá debería ser reinterpretada como corresponde:

“Debes saber que nuestro rechazo de la afirmación de la eternidad del mundo no se debe a que el texto de la Torá indica que el mundo ha sido creado con un comienzo en el tiempo. Porque los textos indicando que el mundo ha sido creado en el tiempo no son menos numerosos que los que parecen indicar que la deidad es un cuerpo. Ni tampoco se cierran las puertas de la interpretación figurativa o es imposible que veamos que la materia pudiese ser eterna por mucho que la creación del mundo se diese en un tiempo determinado. Porque podríamos interpretarlos como figurativos como hemos hecho para rechazar Su corporalidad.”

La metodología de Maimónides tiene una profunda significación. Los textos religiosos no entran, ni pueden entrar en conflicto con verdades demostradas científicamente. Si el texto parece entrar en conflicto con la verdad científica, entonces los textos necesitan ser reinterpretados.

Las personas son libres de aceptar o rechazar la teoría de la evolución según les parezca más conveniente después de haber estudiado, de hecho, con cuidado todos los datos científicos. Pero independientemente de su opinión personal, no les da derecho a decir que “el judaísmo ortodoxo rechaza la teoría de la evolución”. Si la teoría de la evolución es científicamente válida, entonces los judíos religiosos—junto con todas las personas pensantes—deben necesariamente aceptarla—con la salvedad de que el proceso de la evolución mismo fue el medio que Dios utilizó para crear la vida.

Rabí Marc D. Angel es el rabino emérito de la sinagoga española y portuguesa de Nueva York. Este artículo ha sido escrito por él en inglés y publicado en su revista “Conversations” y en su web www.jewishideas.org. Traducido por Balbino Cotarelo Núñez.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s