Las cuatro preguntas de Dios

Publicado: 1 enero, 2015 en Judaísmo básico

Basado en las enseñanza del rabino Joseph Telushkin incluidas en su libro “The Book of Jewish Values”. Traducido por Balbino Cotarelo Núñez.

¿Qué es lo que más le importa a Dios? Las distintas religiones tienen respuestas diferentes. Por ejemplo, la mayoría de los cristianos creen que lo que más le importa a Dios es la fe en Jesús. Los fundamentalistas enseñan que si se tiene esta creencia, la salvación eterna está garantizada; si no, Dios te castigará con la condena eterna.

¿Cuál es la creencia judía acerca de lo que preocupa más a Dios?

Una respuesta fascinante se ofrece en el pasaje talmúdico (Shabat 31a) en el que los rabinos especulan acerca de cuál será la primera pregunta que se le hace a uno cuando se muere y se presenta ante la corte celestial.

Antes de leer más, para por un momento y apunta las preguntas que crees que los rabinos creían que van a ser preguntadas, y las preguntas quecrees que deben ser preguntadas acerca de las vidas de la gente.

Muy posiblemente has pensado que la primera pregunta sería acerca de la fe (“¿Has creído en Dios?”) o los preceptos llamados rituales (“¿Has observado las festividades judías y la cashrut escrupulosamente?”). No lo es. Sino que, es “¿Has sido honrado en tus negocios?”

Tal y como los rabinos entendían la voluntad de Dios, una vida éticamente decente – incluso una vida temerosa de Dios – se define primeramente y sobre todo por ser honesto con los demás, particularmente en los asuntos de negocios. Si no puedes contestar estar pregunta afirmativamente, Dios no se va a dejar impresionar con tus declaraciones de fe o de observancia ritual.

Segunda: “¿Has reservado tiempo para estudiar la Torá?”

El deseo de ser bueno no necesariamente garantiza la bondad. Piensa en las personas que conoces y que te disgustan. ¿Crees que ellos se ven a si mismos como malas personas? Probablemente no, incluso aunque hayan podido hacer cosas muy malas. Sin embargo, porque la mayoría de la gente se juzga a si misma por sus propias intenciones y no por sus acciones, esta gente se ven a sí mismos como buenas personas.

El judaísmo tiene directrices específicas en la Torá, el Talmud y la ley judía de cómo ser una buena persona. Si no estudias estos libros, cuando surja un dilema moral, no sabrás lo que el judaísmo cree que es la acción correcta.

Tercera: “¿Intentaste crear una familia?”

Obviamente, no todo el mundo se casa, y no todas las parejas pueden tener hijos (las parejas sin hijos pueden, o eso se espera, adoptar). Aún así este énfasis en establecer una familia ha caracterizado al judaísmo desde sus comienzos. La Torá recoge en detalle los esfuerzos de Abraham y Sara para tener un hijo, y los esfuerzos del Patriarca para encontrar una esposa adecuada para su hijo Isaac. Los patriarcas y matriarcas estaban preocupados en establecer una familia porque querían garantizar que hubiese herederos a los que transmitir los ideales de creencia en Dios y Sus mandamientos de hacer justicia (véase, por ejemplo, Génesis 18: 19) después de su muerte. De la misma manera, establecer una familia ayuda a asegurar que las enseñanzas y desafíos del judaísmo, como el compromiso de dar caridad y trabajar para “reparar el mundo”, se transmitan una generación más. Y a la inmensa mayoría de la gente casarse y criar hijos los hace ser mejores personas. Quien no tiene hijos también puede ayudar en la transmisión de ideales a la siguiente generación – por ejemplo a sus sobrinos y los hijos de sus amigos.

Cuarta: “¿Has mantenido tu esperanza en la redención del mundo?”

Las tres primeras preguntas son “micro”, y se dirigen al individuo: ¿Has sido honrado? ¿Estudiaste la Torá? ¿Intentaste formar una familia? Si el judaísmo se centrase sólo en el individuo, una respuesta afirmativa a estas preguntas sería suficiente. Pero el judaísmo también está implicado en el tikún olam, la reparación del mundo bajo el reino de Dios. Esto fuerza al judío sincero a pensar en términos más amplios que los de su propia vida y la de su familia o entorno más inmediato. Tenemos la obligación de hacer de este mundo un mundo más moral. Que no podamos traer la perfección al mundo en nuestra vida no nos libera de la responsabilidad de hacer todo lo que sea posible. Como enseñó el Rabí Tarfón, “No es nuestra obligación completar la tarea [de perfeccionar el mundo], pero tampoco somos libres de desistir [y hay que tratar de hacer todo, lo mejor que se pueda]” (Ética de los Padres 2: 21).

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