Religión y superstición

Publicado: 1 enero, 2015 en Supersticiones

Basado en las enseñanzas del rabino Marc Angel incluidas en su libro “Maimónides. Enseñanzas y ética fundamental del judaísmo”. Traducido por Balbino Cotarelo Núñez.

Maimónides creía que la verdadera religión busca acercar al hombre a Dios a través del pensamiento correcto y la acción adecuada. Lo que constituye una gran exigencia de nuestra energía intelectual, mental y física. Su objetivo no es darnos poder para “dominar” a Dios, sino enseñarnos como vivir en la luz de Dios y de acuerdo a la voluntad de Dios. Inversamente, la superstición, que es antitética a la verdadera religión, busca esquivar el poder de Dios con el uso de fórmulas mágicas o rituales. No demanda ningún tipo de excelencia filosófica o moral; al contrario, provee supuestos medios para circunvalar o manipular a Dios y evitar el mal o alcanzar el objetivo deseado.

La Biblia Hebrea prohíbe acudir a hechiceros o encantadores para pedirles guía o ayuda: “No se encontrará entre vosotros nadie…  que use adivinación, un adivino, o un hechicero, o brujo, o que consulte a los espíritus o a los antepasados o a los muertos. Porque quien hace estas cosas es una abominación ante el Señor” (Deuteronomio 18: 10 -20).

Para Maimónides, el origen de las creencias supersticiosas es la ignorancia de la verdadera naturaleza de Dios. La gente supersticiosa adscribe poderes sobrenaturales a objetos venerados como ídolos o creen en múltiples poderes divinos. Confían en la magia y milagros de varones y mujeres santos o en rituales mágicos u objetos. Debido a su ignorancia o su miedo, los supersticiosos no se dirigen directamente a Dios sino a ídolos y hechiceros.

Maimónides decreta que está prohibido susurrar un encantamiento o leer un verso bíblico sobre una herida para curarla. Tampoco se debe colocar un objeto sagrado, como un rollo de la Torá o tefilín en una cuna para que el bebé pueda dormir mejor. Tales prácticas entran en la categoría de brujería. Aquellos que usan palabras o artefactos religiosos de una forma supersticiosa “son incluidos entre lo que repudian la Torá” (“Leyes de la idolatría” 11: 12).

De la misma manera, en “Leyes de la mezuzá” (5: 4), Maimónides critica a aquellos que escriben nombres de ángeles u hombres santos, u otros versículos o encantamientos en los pergaminos de sus mezuzot. Esa gente “son incluidos entre los que no tienen parte en el mundo venidero. Esos necios no sólo fallan en cumplir el mandamiento, sino que tratan un precepto importante, que declara la Unidad de Dios y que se debe amar y adorar sólo a Dios, como si fuese un amuleto para su propio beneficio.” Aunque esta gente se crea piadosa, son de hecho escandalosamente pecadores que han perdido su lugar en el mundo venidero. Maimónides no deja lugar alguno para la creencia o el comportamiento supersticioso. Esta en total oposición al uso de los talismanes o amuletos, al igual que es inquebrantable en su repudio de los hacedores de supuestos milagros y hechiceros.

Maimónides por supuesto sabía que varios rabinos y sabios han escrito con aprobación sobre poderes sobrenaturales atribuidos a todo tipo objetos, es decir, a ángeles, demonios, estrellas y demás artefactos. En su Epístola al Yemen nos advierte: “No creas que algo es verdadero porque lo encuentres escrito en un libro porque el prevaricador no tiene restricción de su pluma o su lengua.” En su Carta sobre la astrología escribe que “los necios han compuesto libros llenos de nada y de vacío por miles.” Más adelante en la misma carta nos advierte: “No es correcto abandonar asuntos de la razón que ya han sido verificados con evidencias… El hombre no debe arrojar su razón a sus espaldas porque sus ojos han sido colocados al frente, no en la espalda.” Es posible que incluso sabios tengan opiniones equivocadas; o que hayan hablado en lenguaje alegórico, que no se debe interpretar literalmente; o que hayan hablado en el contexto de su propia época y lugar. La verdad se debe basar en la razón y la comprobación, no en la autoridad de sabios que pueden, o no, haber entendido correctamente la materia a discutir.

Maimónides insiste en que la razón es el mejor baluarte en contra de caer en una mentalidad oscurantista. Es religiosamente incorrecto – y fatal para la verdadera religión – promover prácticas y creencias supersticiosas. Maimónides rechaza una visión del mundo que promueve la falta de pensamiento crítico, la entrega ciega de la autonomía intelectual a autoridades que no lo son tales y la confianza en “santos” hacedores de milagros. La verdadera religión demanda integridad intelectual, responsabilidad personal y la búsqueda directa de una relación con Dios, no por medio de cualquier intermediario mágico.

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