La esencia ética del judaísmo

Publicado: 4 enero, 2015 en Ética

Traducido por Balbino Cotarelo Núñez de la obra del rabino Joseph Telushkin “A code of Jewish Ethics.”

 

 

“Ama a tu prójimo como a ti mismo”;

es el principio fundamental de la Torá.

RABÍ AKIVÁ,

Talmud de Jerusalén, Nedarím 9: 4

 

 

En el que es quizás el pasaje más famoso del Talmud, un no judío le pregunta a Hilel “conviérteme al judaísmo con la condición de que me enseñes toda la Torá mientras estoy parado sobre un solo pie.” Hilel le contesta al varón, “Lo que es odioso para ti, no se lo hagas a tu prójimo. ¡Esta es toda la Torá! El resto es comentario. Ahora, ve y estudia” (Shabat 31a).

Como veremos los cuatro componentes de la respuesta de Hilel no son casuales y llegan muy lejos en la explicación de lo que es la esencia del judaísmo.

  • Lo que es odioso para ti, no se lo hagas a tu prójimo. Si debiésemos escoger un solo principio para definir como debe ser nuestro comportamiento, entonces esta es la guía apropiada. Por ejemplo, así como cuando pedimos consejo a otros, se espera que la persona dé el consejo que sea el que más nos beneficie, asegúrate que cuando tú das un consejo sea solamente con la intención de ayudar al que va a recibir el consejo y de ninguna manera para el beneficio personal. De la misma manera, si odias que otras personas cotilleen acerca de tus defectos, entonces no le hagas lo mismo a los demás.
  • ¡Esta es toda la Torá! Hilel pone énfasis en que no tratar a los demás, de la manera en la que no nos gustase ser tratados a nosotros, es la verdadera esencia del judaísmo, y no sólo una de tantos varios principios importantes del buen comportamiento. Por eso, a pesar de que creer en el monoteísmo está en el corazón del judaísmo, si alguien cree en Dios pero no práctica la guía de Hilel para el trato a los demás, no se le puede considerar como un judío religioso. De hecho, se puede cuestionar si el Dios en el que cree tal individuo es el Dios en el que cree el judaísmo.
  • El resto es comentario. Esto significa que todas las leyes judías, incluyendo las llamadas rituales, deben de alguna manera reforzar, y ciertamente no negar, el comportamiento ético. Por ejemplo, las leyes de Shabat que prohíben el trabajo en el séptimo día nos enseñan que los seres humanos tienen valor incluso aunque no trabajen. El Cuarto [de los Diez] Mandamientos prohíbe a los sirvientes trabajar en Shabat garantizando que todo el mundo, sirvientes o sus dueños, tengan una oportunidad semanal de descansar. Las leyes de cashrut aseguran que los animales sacrificados son matados instantáneamente, y que efectivamente se prohíba la práctica de la caza, una actividad que casi siempre lleva a una muerte lenta y dolorosa de los animales heridos.*
  • Ahora ve y estudia. Saber cómo actuar adecuadamente no es una materia sencilla muchas veces, y puede llevar toda una vida de estudio. Por ejemplo, no es suficiente saber lo que la Biblia manda, “Justicia, justicia, perseguirás” (Deuteronomio 16: 20); también necesitamos estudiar y deducir en cada situación lo que constituye actuar justamente. Tener buenas intenciones no es suficiente. Por ejemplo, Emmanuel Kant, quizás el filósofo más estimado de los últimos tres siglos, argumentó, bajo premisas morales, que está prohibido mentir a un asesino que pregunta dónde está la víctima a la que busca. El principio de Hilel dicta de otra manera. Si tu encuentras que es una inconsciencia que alguien diga la verdad sobre dónde estás tú al asesino que te quiere asesinar, asume que los demás (quizás con la excepción de Kant) estarían de acuerdo contigo. Por lo tanto, en semejante situación miente (según la Torá está permitido mentir sólo para salvar una vida). Que Hilel tenía la intención de que su resumen de la esencia del judaísmo fuese tomado literalmente se refleja en el hecho de que, cuando el no judío acepto esa enseñanza como válida, Hilel lo convirtió. **

 

Si Hilel fue el único sabio que definía al judaísmo en términos éticos, se podría inferir que su definición representa meramente un punto de vista idiosincrático. Pero ese no es el caso. Un siglo después, Rabí Akivá, el rabino más sabio de su época, y quizás la figura más grande – junto con Hilel – en el Talmud, enseñó que el versículo “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” es “el principio fundamental de la Torá” (Talmud de Jerusalén, Nedarím 9: 4). Una vez más tratar a los demás de manera justa y con amor se ve no sólo como un acto digno entre muchos otros, sino como el acto más importante.

 

* Sería infantil e inexacto reclamar que cada ley ritual judía promueve el comportamiento ético. Es difícil, por ejemplo, extraer un significado ético de la ley que prohíbe transportar un objeto en dominios públicos en Shabat. Sin embargo, el comentario de Hilel, “El resto es comentario”, sugiere que debemos intentar descubrir las enseñanzas éticas embebidas en muchas de las leyes rituales. Por ejemplo, el Talmud se pregunta qué debe hacer una persona si sólo tiene dinero suficiente para comprar o bien las velas de Shabat o bien las velas de Janucá, pero no para las dos. ¿Cuáles tienen preferencia? La respuesta es las velas de Shabat, y la razón es ética, “debido a la paz que [las velas de Shabat] traen a la casa” (Shabat 23b). Viviendo en un mundo iluminado sólo por fuego, los rabinos se dieron cuenta de que, sin las velas de Shabat, la familia se tendría que sentar en la oscuridad, transformando lo que debía ser un día de alegría en familia en un día triste y oscuro. El mismo pasaje establece que las velas de Shabat tienen preferencia sobre el vino de Kidush por la misma razón, “debido a la paz que traen a la casa” (véase también Maimónides, “Leyes de Janucá 4: 14”.)

 

** Aunque no hay indicación en el Talmud de que el no judío se comprometió a observar las leyes rituales de judaísmo, los comentarios talmúdicos insisten que Hilel, un hombre de inusual perspicacia, estaba seguro de que el hombre se convertiría en un judío completamente observante. No obstante, esta historia sugiere claramente que al enseñar el judaísmo a potenciales conversos se debe concentrar desproporcionadamente, aunque no exclusivamente, en las enseñanzas éticas del judaísmo.

 

 

La mayoría de los padres, incluyendo a muchos que se ven a sí mismos como judíos comprometidos, se sienten más orgullosos de los logros intelectuales o culturales de sus hijos (y en el caso de las hijas, de su atractivo físico) que de su bondad. A pesar de que semejantes padres quieren que sus hijos sean buenas personas, raramente ven que, qué sean éticos es lo más importante que ellos, y sus hijos, pueden ser. * Estos padres tienen prioridades diferentes a las de Hilel.

 

* Aunque crean eso, raramente actúan como si la bondad y el comportamiento ético fuese su prioridad más alta. Así, comparemos lo raro que es oír a unos padres alardear acerca de la bondad de sus hijos con lo frecuentemente que los oímos jactarse acerca de todos sus demás logros. De hecho, cuanto mayor se hace el hijo, más orgullo sienten los padres al concentrarse en asuntos de éxitos materiales y profesionales, y menos en la bondad.

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comentarios
  1. Excelente comentario. Shalom

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