Abraham y el pueblo “elegido”

Publicado: 21 enero, 2015 en Judaísmo básico


Traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez de las enseñanzas de Rabí Moshe Ben-Jaim con los comentarios de Rabí Reuven Mann.

 

¿Podrías darme una explicación de la frase “los elegidos”? ¿Quiénes son? ¿Por qué son los elegidos? ¿Son de alguna forma superiores al resto de pueblos del mundo?

Primero déjame aclarar tu afirmación; el hombre es hombre. Comparados con el resto de naciones, los judíos no tienen ninguna característica humana adicional.

Tú cuestionas el término “pueblo elegido”, yo me pregunto, ¿qué implica “elegido”? Yo lo explicaría como aquel que ha merecido una distinción basada en sus propias acciones, y al que otro le da ese crédito, puede ser llamado “elegido”. ¿Esto se aplica a cada individuo judío? Veamos:

Abraham vivió en una sociedad permeada por practicas idolátricas – él también adoró ídolos. Tras el análisis de lo que es real y verdadero mientras observaba y estudiaba el mundo, Abraham llego a la conclusión de que sólo puede haber un único Dios, Él tiene infinita sabiduría, Su sabiduría se ve reflejada en todo lo que ha creado, Él es justo, bondadoso, misericordioso, y no es parte de la materia de este mundo – Él no es físico. Realizando que el hombre es claramente el único ser racional en la Tierra, Abraham entendió que Dios desea que el hombre use su mente racional por encima de todo. Abraham alcanzó pruebas para su razonamiento, pruebas tales, que Dios deseó que Sus palabras fuesen llevadas a cabo en este mundo por Abraham y sus descendientes, a quien Abraham enseñaría los caminos de Dios. Esto está expresamente escrito en Génesis, 18:19, “Porque yo lo conozco (a él) sé que mandará a sus hijos y a su casa después de él y mantendrán el camino de Dios para hacer caridad y justicia….”

Por la singular razón de que Abraham analizó su vida – y finalmente su relación con Dios – usando su raciocinio, inteligencia, y pruebas, Dios por lo tanto escogió a Abraham – y más tarde a sus descendientes – para ser los guardianes y maestros de Su Torá. Es crucial que uno considere la diferencia entre Abraham y todos sus contemporáneos en aquella era, que es exactamente la misma distinción entre el judaísmo y todas las demás religiones: el judaísmo está basado en el uso de la razón y en pruebas, así como el resto de áreas del conocimiento, como las matemáticas y las ciencias naturales. Al contrario, todas las demás religiones se basan en creencias y afirmaciones que no se pueden probar. Dios no desea este enfoque, demostrado por Su más preciado regalo para el hombre. La inteligencia.

Abraham descubrió a Dios y al judaísmo con los mismos métodos que se usan para probar una verdad científica. Dios creó tanto la religión como la ciencia. Por lo tanto, por su diseño mismo, ambas requieren, idénticamente, un análisis inteligente para descubrir las capas y capas de la sabiduría de Dios envueltas en cada una. Este método racional – el único – es en el que Abraham se concentró para demostrar a los demás la falacia de la idolatría y el politeísmo. Él enseñó la existencia de Dios con pruebas, y que seguir al Creador del universo es lo razonable y lo verdadero. El hombre no puede negar lo lógico, y Abraham rápido atrajo a miles de seguidores. Que Dios se reveló a Sí mismo a Abraham es la irrevocable ratificación de que Abraham descubrió la realidad y la verdad de la vida y del universo. Aprendemos así que Dios esperó a que alguien como Abraham encontrase a Dios, y no al revés. Que Dios se revele a Sí mismo al hombre, sin que por su parte el hombre se esfuerce aplicando su inteligencia, nunca pasará. Dios no quiere que el hombre sea forzado a adorarlo. Es por esto que la Torá dice en conexión con la revelación del Sinaí, (Deut. 5: 19) “Una voz estruendosa, y nada más.” Queriendo decir, aunque un evento histórico de semejante magnitud fue necesario para probar la existencia de Dios y la veracidad de la Torá, también coaccionó a los judíos a aceptar a Dios, ya que la prueba era innegable. Este no es el método deseado por Dios para que el hombre se acerque a Él.

Dios desea que el hombre use su inteligencia, no su miedo, no su fe, no la creencia. Esto se aplica a todas las facetas de la vida, empezando por la más importante, el conocimiento del hombre de, y la adhesión, a Dios. Seleccionando a Abraham y a sus descendientes para enseñar al mundo, Dios simplemente enseña eso.

Los judíos estamos obligados a estudiar la Torá que es el sistema de Dios, tanto para nuestra edificación, como para enseñar a otras naciones, demostrado por el hecho de como la vida de Abraham sirvió para alcanzar a los demás. Por eso, se nos llama el “pueblo elegido” (1), Deut. 10: 15, “Sólo en vuestros patriarcas Dios puso su deseo y los amó, y Él escogió su descendencia después de ellos de entre todos los pueblos, como en este día.”

Basado en las palabras de Dios vemos que, un judío no debe sentir arrogancia hacia el gentil. Ciertamente, si tal judío no es sinceramente observante, no cumple en sí mismo el deseo de Dios para el hombre, ni tampoco merece el término elegido. E incluso cuando uno cumple con el plan de Dios de adherirse a la Torá, el término “elegido” no se refiere a él mismo, sino realmente a Abraham. Leemos en Deute. 7: 8, “Porque por el amor de Dios por ti y Su cumplimiento de Su promesa que Él prometió a tus patriarcas…”

Dios aseguró las bendiciones de Abraham a su hijo Isaac, por la cualificación de que Abraham se adhiere a los ideales de Dios, como dice Génesis 26: 5, “Aumentaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas las tierras, y todas las naciones te bendecirán. A cuenta de que Abraham escuchó Mi voz, y guardó mis leyes, mis mandamientos, estatutos y torot.” (2)

¿Donde encontramos nuestro objetivo de ser “una luz para las naciones” cumplido? En Deut. 4: 6- 8 leemos, “Y tú deberás observarlos y cumplirlos ya que ellos (los mandamientos) son tu sabiduría y entendimiento a los ojos de las naciones, que escucharán todos estos estatutos y declararán que pueblo sabio y lleno de conocimiento es esta gran nación. Porque esta gran nación tiene a Dios tan cercano como Dios cuando ellos lo llaman. Y qué gran nación tiene estatutos y leyes tan justos como esta Torá entera’…” Los rabinos dijeron en sintonía con esta cita, que somos elegidos no por ninguna otra razón sino nada más que para imbuir el mundo con la sabiduría de Dios. Dios no creo “judíos” y “gentiles”. Dios creó al “hombre”. Más tarde el hombre se desvió hacia la idolatría. Pero del plan original de Dios se ve claramente, Él desea que TODA la humanidad lo siga. Él escogió al pueblo más adecuado para recibir, estudiar y enseñar Sus ideas a los demás, para seguir el plan inicial de Dios. Deut. 9: 5- 6 dicen enfáticamente, “No debido a vuestra honradez o vuestra rectitud de corazón venís a heredar la tierra…”

El mismo hecho de que Dios eligió a David y Salomón como Sus reyes, descendientes de conversos, demuestra que Dios juzga a cada uno según sus méritos, no según su genealogía. Que estos grandes hombres no fueses descendientes del pueblo “elegido”, no tiene ninguna importancia para Dios.

Maimónides – respondiendo a la pregunta que le hizo un converso sobre si podía decir en sus oraciones “Dios de nuestros padres” – le instruyó que Abraham era de hecho su padre, ya que “padre” no se mide en términos biológicos, sino en términos ideológicos. Maimónides enseñó que los conversos son verdaderos descendientes de Abraham.

Los judíos se pueden corromper – no estamos exentos de las emociones y opiniones erróneas que llevan a pecar en contra de Dios. Igualmente es cierto que ser miembro del “pueblo elegido” no nos convierte en buenos – nuestro libre albedrío determina nuestro propio merito. Debemos pensar con claridad, y apreciar que el término elegido no recae sobre nosotros hoy en día – es el apelativo de Abraham – que ni siquiera era judío. Compartimos esa referencia, suponiendo que estudiemos, entendamos, enseñemos y sigamos las instrucciones de Dios a Abraham, Isaac, Jacob y Moisés.

Dios desea que toda la humanidad lo conozca. Es sólo por el apego de nuestros patriarcas a los ideales de Dios, que Dios los seleccionó a ellos. Demostraron inteligencia en todas las áreas de la vida empezando por la religión, y encarnaron la perfección moral esencial para actuar como los emisarios de Dios – transfiriendo la voluntad de Dios para el hombre – para todo hombre.

Notas:

(1) “Elegido” no es un término universal que se apliqué a todos los roles de un judío. Elegido significa elegido para una tarea específica.

(2) Una vez elegido, Abraham seguía en peligro de perder su estatus de elegido salvo que permaneciese fiel al camino verdadero. Al contrario que los títulos académicos, el estatus de elegido por Dios es reversible; en proporción directa a la perfección es el deseo de Dios por él.

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