El Quinto Mandamiento: honra a tu padre y a tu madre. Incluso aunque no te apetezca.

Publicado: 26 enero, 2015 en El Quinto Mandamiento

 

El quinto de los Diez Mandamientos dice: “Honra a tu padre y a tu madre.”

Este mandamiento es tan importante que es uno de los pocos mandamientos en toda la Biblia que da su razón para observarlo: “Para que tus días se alarguen en la tierra que el Señor tu Dios os da.”

Mucha gente lee esta parte del Quinto Mandamiento como el premio. Pero aunque pueda considerarse un premio, el hecho es que es la razón: “Si construyes una sociedad en la que los hijos honren a sus padres, tu sociedad sobrevivirá por un largo tiempo.” Y el corolario es: “Una sociedad cuyos hijos no honran a sus padres está condenada a la autodestrucción.”

En nuestro tiempo, la conexión entre honrar a los padres y mantener la civilización no es ampliamente reconocida como tal. Al contrario, muchos de los padres mejor educados no creen que los hijos necesiten honrarlos, ya que “honrar” implica una figura de autoridad, y ese es el estatus que muchos padres modernos rechazan. Más aún, muchos padres buscan ser amados por sus hijos, no honrados. Sin embargo, ni los Diez Mandamientos ni el resto de la Biblia nos manda amar a nuestros padres. Esto es particularmente chocante dado que la Biblia nos manda amar al prójimo, amar a Dios y amar al extranjero.

La Biblia entiende que siempre habrá individuos que, por la razón que sea, no van a amar a sus padres. Por lo tanto, no pide lo que puede ser psicológicamente o emocionalmente imposible. Pero si pide que honremos a nuestros padres. Y hace esta exigencia solo respecto a los padres. En toda la Biblia no se nos manda honrar a ninguna otra persona.

Entonces, ¿por qué es tan importante honrar a los padres? ¿Por qué creen los Diez Mandamientos que la sociedad no podrá sobrevivir si este mandamiento es ampliamente transgredido? Una razón es, que como hijos, así lo necesitamos. Los padres pueden querer ser honrados – y deberían quererlo – pero los hijos necesitan honrar a los padres. Un padre y una madre que no son honrados son esencialmente colegas adultos de sus hijos. No son padres. Ninguna generación conoce mejor las terribles consecuencias de crecer sin un padre como la nuestra. Los hijos sin padre es mucho más fácil que cometan actos violentos, maltraten a las mujeres y vayan en contra de la sociedad de muchas otras formas. Las hijas que no tienen un padre a quien honrar – y, con suerte, amarlo también – es mucho más fácil que busquen a los varones equivocados y caigan en la promiscuidad a una edad temprana.

Segundo, honrar a los padres es prácticamente como todos nosotros llegamos a reconocer que hay una autoridad moral por encima de nosotros ante la que somos responsables de dar cuentas morales. Y sin esto, no podemos crear o mantener una sociedad moral. Por supuesto, para los Diez Mandamientos, Dios tienen la autoridad moral final, por lo tanto más alta incluso que la de nuestros padres. Pero es muy difícil llegar a honrar a Dios sin haber tenido un padre, especialmente un padre varón, a quien honrar. Sigmund Freud, el padre de la psiquiatría y ateo, teorizó que la actitud hacia nuestro padre ampliamente moldea nuestra actitud hacia Dios.

Hay otra razón más por la que honrar a los padres es fundamental para una sociedad buena. Honrar a los padres es el mejor antídoto para el totalitarismo. Una de las primeras medidas que buscan todos los regímenes totalitarios es romper los lazos paterno filiales. Así la fidelidad y lealtad de los hijos hacia los padres cambian al estado. Incluso en las sociedades democráticas cuanto mayor sea el estado, más usurpa al rol paterno.

Finalmente, hay muchas maneras de honrar a los padres. La norma general es: Los padres reciben un tratamiento especial. Los padres son únicos; así deben ser tratados de una forma única. No te diriges a ellos de la misma forma que a cualquier otra persona. Por ejemplo, puedes usar palabras más o menos impropias al hablar con un amigo; no con un padre. No te diriges a ellos por su nombre propio. Y cuando dejas su casa y formas tu propio hogar, sigues en contacto con ellos. No mantener el contacto es lo opuesto a honrarlos.

Y, sí, todos podemos reconocer que algunos padres se comportan de forma tan cruel – y me refiero a verdadera crueldad, no a ser molestos – que es casi imposible honrarlos. Esos casos existen. Pero son raros.

Por último recuerda esto, si tus hijos ven como honras a tus padres, por difícil que sea muchas veces, la probabilidad de que te honren a ti será muchísimo mayor.

 

Traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez de la obra original de Dennis Prager

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