La ley judía y los no judíos

Publicado: 19 agosto, 2015 en Judaísmo básico

Estoy cansado de leer y escuchar todo tipo de propaganda sobre el supuesto racismo del judaísmo por eso me gustaría compartir con vosotros  una recopilación de ideas básicas sobre este tema principalmente extraídas del libro A Code of Jewish Ethics. Volume 2 del Rabino Joseph Telushkin.

Antes de nada me gustaría empezar con una cita que desde que la leí se me quedó grabada:

“La esencia del amor al prójimo consiste en amar a toda la humanidad,

de cualquier pueblo y de cualquier lengua,

en virtud de su idéntica humanidad”

Rabino Pinjás Eliahu Hurwitz de Vilna (s. XVIII),  Sefer Ha-Brit

 

Voy a ir analizando las diferentes fuentes empezando por la de más autoridad y descendiendo poco a poco en orden descendente de importancia. Siguiendo el orden clásico de Torá, resto de la Biblia, Mishná, Guemará y los códigos halájicos. Cuando se trate de la misma categoría seguiré un orden cronológico de tal forma que los sabios más importantes y de más peso serán mencionados primero. Esto va a ser muy importante en la Guemará donde habrá una cita controvertida que mucha gente no contrasta con otras anteriores de mayor peso e importancia.

El valor de la vida humana en la Biblia

La Biblia empieza con la creación del mundo y la historia de Adam y Javá, los primeros seres humanos. Por supuesto ellos no son judíos, ya que el judaísmo comenzó con Avraham unos mil quinientos años después.

Lo más importante que la Biblia nos dice sobre Adam y Javá es que, al contrario que las criaturas creadas antes que ellos, fueron hechos a la “imagen de Dios” (Gén. 1: 26). Esto significa tres cosas:

  • Los seres humanos somos como Dios en el sentido de que sabemos distinguir entre el bien y el mal.
  • Los seres humanos tenemos libertad (que otros animales no tienen) para escoger el bien.
  • Ya que los seres humanos somos creados a “imagen de Dios”, toda vida humana tiene un valor especial.

Michael Wyschogrod un filósofo judío ortodoxo contemporáneo cree que “la solidaridad básica entre el judío y los gentiles está enraizada en la creación del hombre a “imagen de Dios”, quizás el concepto más poderoso del Biblia. Esta declaración fue hecha acerca de Adam antes de la elección de Avraham. La Biblia podía haber reservado esto para Avraham y sus descendientes. Pero no lo hizo así. En cambio, lo afirma acerca de Adam y por lo tanto de toda la humanidad, judío y gentil…” Me atrevo a subrayar humildemente, ¿cómo podría ser de otra manera?

 

El estatus especial del extranjero (no judío) en la Torá

De los 613 mandamientos de la Torá, tres mandan amar. Dos son las leyes más famosas de la Biblia: “Y amarás al Señor tu Dios” (Deut. 6: 5) y “Y amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lev. 19: 18). El tercero es menos conocido: “Al extranjero [guer גר; es decir, no judío] que reside contigo será como uno de tus ciudadanos; lo amarás como a tí mismo” (Lev. 19: 34). Este mandamiento manda a los judíos amar a los no judíos. Más aún, Dios más adelante explícitamente se identifica a Sí mismo como el que “ama al extranjero ואהב גר” (Deut. 10: 18). No hay ningún otro caso en toda la Biblia en el que Dios explícitamente dice que ame a alguien. Precisamente lo hace únicamente hablando del extranjero, גר. Del no judío. ¡Dios ama a los que no son judíos! Esta es sin duda, sino la más, una de la citas más impresionantes de toda la Biblia.

La leyes de la Torá ordenan que los extranjeros sean tratados con justicia como es recurrente en toda su legislación: “No harás mal al extranjero ni lo oprimirás…” (Éx. 22: 20) y más adelante “…Escucha a tu prójimo y decide justamente entre cualquier hombre y su prójimo israelita o extranjero” (Deut. 1: 16) más la previamente citada “Al extranjero que reside contigo será como uno de tus ciudadanos; lo amarás como a tí mismo” (Lev. 19: 34). A lo largo de toda la historia en todas las sociedades por todo el mundo frecuentemente los extranjeros han visto sus derechos básicos anulados o han sido duramente discriminados. Por el contrario la Torá insiste “habrá una sola ley para ti y el extranjero que vive contigo” (Éx. 12: 49, véase también Núm. 15: 15). Hasta el día de hoy esta antigua cita bíblica es la piedra angular de una sociedad justa.

Como creía el filosofo Hermann Cohen este mandamiento bíblico de proteger al extranjero representa el comienzo de una ética religiosa universal: “El extranjero debía ser protegido aunque no era un miembro de la propia familia, clan, religión, comunidad, o pueblo, simplemente porque era un ser humano. En el extranjero, por lo tanto, el hombre descubrió la idea de la humanidad.”

Pasemos de la Torá al resto de la Biblia.

El amor de Dios por toda la Humanidad

La Biblia repetidamente enfatiza una y otra vez el amor de Dios a la humanidad que es preciosa – particularmente cuando se actúa justamente – a Sus ojos. Véase en libro de Ioná. La historia de Nínive es especialmente significativa porque es el modelo de cómo hacer teshuvá. Los archienemigos de Israel, Asiria, nos dan una lección cada Iom Kipur cuando de lee este libro.

Veamos el que puede que haya sido el primer rechazo explícito del racismo en la historia de la humanidad, el profeta Amos les dice a los judíos: “Para Mi, O israelitas, sois simplemente como los etíopes, dice el Señor” (9: 7). Seguramente como el racismo ya existía en aquella época solo podemos imaginar las caras de algunos israelitas en el Templo de Bet El comentando: “Pero, ¿cómo nos puede comparar con un grupo de etíopes, diciendo que Dios los ama tanto como a nosotros?”. Eso es exactamente lo que Amos dice: Dios ama a todos los seres humanos por igual ya que todos somos creados a Su imagen.

De la misma manera el profeta Isaías deja claro el amor de Dios por todos los pueblos que Él ha creado. Profetizando un mundo lleno de paz en el futuro, declara: “En ese día, habrá un carretera entre Egipto y Asiria… En ese día, Israel será un tercer compañero con Egipto y Asiria como una bendición en la tierra; porque el Señor los bendecirá. Diciendo: `Bendito sea mi pueblo Egipto, el trabajo de mi creación Asiria y mi atesorado Israel´” (19: 23- 25).

Pasemos de la Biblia la Mishná.

El valor de toda vida humana

De la enseñanza de la Torá de que Dios al principio pobló el mundo con una sola persona, Adam, los rabinos de la Mishná extrajeron varias conclusiones aplicables por supuesto a judíos y no judíos por igual.

  • La vida humana tiene valor infinito. Los rabinos razonaron que si Adam hubiese sido asesinado toda la humanidad hubiese sido destruida; y si fuese salvado así el mundo entero se salvaría. Por lo tanto, la Mishná concluye que cada ser humano tiene tanto valor como el mundo entero: “Quienquiera que destruya una vida es considerado por la Torá como si hubiese destruido el mundo entero y quienquiera salve una vida humana es considerado por la Torá como si hubiese salvado al mundo entero” (Mishná Sanedrín 4: 5).
  • Nadie puede decir que es superior a otro porque sus antepasados sean más distinguidos. “Una sola persona fue creada al principio [para la paz entre los seres humanos], para que nadie le diga a su prójimo, “Mi padre es superior al tuyo“” (Mishná Sanedrín 4: 5). Porque todos por igual somos descendientes del mismo hombre todos somos parientes. No es de extrañar que el auge de las ideologías racistas en el s. XIX en Europa se basara en el rechazo del relato bíblico de la creación y la teoría de que las diferentes razas no tenían un antepasado común.
  • Cada individuo es único e irrepetible. La creación única de Adam “proclama la grandeza del Santo Bendito Sea. Si un ser humano timbra varias monedas con el mismo cuño, todas serán iguales. Pero el Rey de reyes, el Santo Único, alabado sea, creo a todos los seres humanos con el sello del primer ser humano; y aún así ninguno es idéntico a los demás” (Mishná Sanedrín 4: 5).

En algunas ediciones censuradas de la Mishná la enseñanza anterior ha sido alterada a decir “Quienquiera salve una vida judía es considerado por la Torá como si hubiese salvado al mundo entero”. Además de sugerir que solo las vidas judías tienen valor infinito, lo que es por supuesto moralmente repugnante, no tienen ningún sentido, ya que  la prueba del valor infinito de la vida humana deriva de Adam que no era judío.

Pasemos de la Mishná al Talmud y los códigos de la ley judía.

Los no judíos en el Talmud y los códigos de la ley judía

Hay varias leyes sobre los no judíos en el Talmud, incluyendo algunas que son discriminatorias. Sin embargo, incluso entre las figuras rabínicas más hostiles, encontramos ciertos estándares de comportamiento que son obligatorios para todos: Está siempre prohibido robar o defraudar a cualquiera, incluso a un idólatra (Bavá Kammá 113b, Julín 94a). Un judío que actúe deshonestamente se considera una “aberración para el Señor tu Dios” (Deut. 25: 16). Por ejemplo, un vendedor que sabe que tiene una falta en su mercancía debe informar al comprador potencial – judío o no – de ello (véase Maimónides, “Leyes comerciales” 18: 1).

De hecho, los rabinos enseñan que “robar a un no judío es peor que robar a un judío por la profanación del Nombre de Dios que conlleva” (Toseftá Bavá Kammá 10: 15). Cuando un judío actúa con falta de honradez con otro judío, atrae el desprecio para sí mismo. Pero cuando el judío actúa con falta de ética contra un no judío, corre el riesgo de causar que otros vean a los judíos y al judaísmo con desprecio; lo que hace que ese comportamiento sea aún más reprensible.

Además de legislar que se evite el comportamiento deshonesto con los gentiles, la ley judía manda visitar a los enfermos no judíos y asistir en el entierro de los gentiles como se haría con los judíos. La caridad también se debe hacer con el no judío, incluso con aquellos que el Talmud designa como idólatras (Guitín 61a). Todo esto se hace mipené darjé shalom (“para promover la paz”), porque el Talmud enseña que “la Torá fue dada para instaurar la paz en el mundo” (Guitín 59b). Estas leyes todavía son vigentes, e incluso aún más vigentes si cabe que en el pasado, ya que los gentiles contemporáneos son en general, al contrario que los antiguos vecinos de Israel, monoteístas respetuosos de la ley y la civilización, no paganos idólatras.

Sin embargo, esto no representa el cuadro completo. Hay áreas de la ley talmúdica de permiten la discriminación en contra de los idólatras, aunque incluso aquí encontramos significantes figuras rabínicas que se oponen a tal comportamiento. Generalmente, el comportamiento permitido se podría calificar como “discriminación pasiva”: uno no debe hacer nada para dañar activamente a un idolatra, pero no necesita – y en la opinión de algunos, no debería – hacer nada para ayudarlo (de la misma manera que no se esperaba de los idolatras que ayudasen al judío en esos casos). Por ejemplo, la Torá nos dice que si un israelita encuentra el objeto perdido de su “hermano” debe buscar a su dueño y devolvérselo. La palabra “hermano” se entiende por los rabinos como refiriéndose a otro israelita. En ese caso, la Torá insiste, “no debes permanecer indiferente”; por eso, a diferencia de los códigos civiles occidentales está prohibido seguir caminando como si nada e ignorar el objeto perdido. Sino que “si tu hermano no vive cerca de ti o no sabes quién es *, debes llevarlo a tu casa y permanecerá contigo hasta que tu hermano lo reclame… así harás con cualquier cosa que tu hermano pierda y tu encuentres” (Deut. 22: 1- 3). El punto de vista dominante en el Talmud, enseñado por la figura de Rav, es que está permitido conservar los objetos perdidos de idólatras, ya que no entran en la categoría de “hermano” (Bavá Kamá 113b). En otro texto, Rav se cita diciendo que de hecho está prohibido devolver objetos perdidos a un idolatra (Sanedrín 76b)**; Maimónides, siguiendo la enseñanza de Rav, comenta que devolver tal objeto “refuerza la mano de los malvados en este mundo” (Leyes del robo y de los objetos perdidos 11: 3). Debe resaltarse que en las sociedades idolátricas en las que vivían los judíos en tiempos bíblicos y del Talmud, los no judíos no tenían obligación de retornar los objetos perdidos a los judíos. Aún así el Talmud recoge el punto de vista de Rabí Pinjás ben Iair diciendo “en una situación en la que como resultado se puede dar la desecración del nombre de Dios [como más que probablemente ocurrirá si un idólatra supiese que un judío retiene una posesión suya], está prohibido retener un objeto perdido” (Babá Kamá 113b).

Tal punto de vista ha influido a los codificadores de la ley judía posteriores. A pesar de que Maimónides dice que se deben tomar los objetos perdidos de los idólatras, también enseña que aquel que los devuelve a su legítimo dueño santifica el nombre de Dios y es digno de alabanza (Leyes del robo y de los objetos perdidos 11: 3).

Cuatro siglos después de Maimónides, Rabí Moshé Rivkes (s. XVII) autor del comentario del Shulján Arúj Beer Ha Golá cita que el permiso de Rav para mantener los objetos perdidos de los gentiles ya no tiene aplicación en nuestro tiempo: “Rav dio esta enseñanza en referencia a idólatras… pero no pensando en los no judíos de hoy en día que aceptan al Creador y cuyos códigos morales incluyen devolver los objetos perdidos” (véase su comentario a Joshén Mishpat 266:1). A principios del s. XX Rabí Barúj Ha-Leví Epstein (1840- 1941), autor de Torá Temimá, escribió que ya que los gentiles contemporáneos observan las “siete leyes de los hijos de Nóaj”, entonces, “sin duda alguna la ley que se aplica a ellos [respecto a las leyes monetarias y otras formas de justicia]” es idéntica a la aplicable a los judíos” (Deut. 22: 3 nota 22).

* La frase “o no sabes quien es” prueba que la palabra “hermano” tiene un sentido figurado y no literal.

** El prejuicio de Rav hacia los idólatras llegaba a extremos insospechados. El Talmud dice que “no cruzaría un río en una barcaza en la que hubiese un pasajero pagano. Dijo: “Quizás haya llegado el momento en que los pecados de este pagano sean castigados y el castigo me alcance a mi junto a él” (Shabbat 32a). Como siempre exactamente en la misma página aparece una opinión que contrasta con la anterior por su sentido común y su crítica no libre de ironía. Es, en este caso, la de Rabí Ianai que opina que, al contrario, él nunca se subiría a una barcaza sin asegurarse antes y comprobar que no tiene agujeros en el casco.
 

Continuará…

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comentarios
  1. Isaac Alfon dice:

    Hazak u Baruj Balbino.

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  2. Jorge Rodriguez dice:

    Documentada y necesaria aclaración. Buen trabajo.

    Le gusta a 1 persona

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