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Basado en una videoconferencia del Rabino Joshua Maroof en inglés (pinchar aquí y aquí para verlo). Este artículo está lleno de opiniones que pueden ser controvertidas y es muy crítico con la tradición askenasí. Si crees que te puedes sentir ofendido por las críticas, no sigas leyendo por favor. Si quieres sentirte orgulloso de la tradición intelectual de los sefardíes sigue leyendo y disfruta.


Hay una carta de Maimónides a su discípulo el Rabino Iosef ben Iehudá (para el que escribió “La guía de los perplejos”). Este  estudiante emigró de Marruecos a Siria donde lideró una academia rabínica y fue un gran discípulo suyo. Estaba muy contrariado por el desprecio que algunos ofrecían a la obra de su maestro. En la carta le dice abiertamente: “No te preocupes porque la gente no aprecie lo suficiente mis escritos (se refiere a Mishné Torá). Solo será en estas generaciones, en las generaciones futuras cuando la envidia y la sed de poder desaparezcan todos usarán sólo mi libro salvo aquellos que ocupen su tiempo con vaguedades”. Y en cierto modo así sigue siendo hasta el día de hoy. En muy pocas palabras Maimónides resumió gran parte de los problemas acuciantes del judaísmo contemporáneo.

Todos y cada uno de los problemas a los que se enfrenta el judaísmo hoy en día son problemas askenasíes. Si todos fuésemos sefardíes esos problemas desaparecerían automáticamente.

Para explicar brevemente de donde surge hay que decir que la tradición intelectual sefaradí tiene una línea directa que llega hasta los gueoním y los sabios de Babilonia. La separación como escuelas de pensamiento comenzó en Askenas en el s. IX.

Para empezar nuestro análisis una pregunta. ¿Puedes mencionar alguna figura religiosa askenasí que haya tenido algún impacto fuera de la comunidad judía anterior al s. XX? Que sea conocido por alguien que no sea judío. Cuya obra sea de interés para alguien que no sea judío. Rashí, Rabenu Tam, Baal haTosafot, Rosh, el Gaón de Vilna,… nadie si preguntas por la calle tiene ni la más remota idea de quienes son. En el mundo académico no tienen ni idea de quienes son tampoco. Esto no es para despreciar su genio sino para poner su acción en su contexto ya que se reducía a un campo muy limitado, exclusivamente dentro de las comunidades judías. Sin embargo por ejemplo Maimónides es conocido por cualquier persona familiarizada con la filosofía, las humanidades o la medicina.

¿Por qué han oído de Maimónides y no de Rashí? Los rabinos sefardíes tienen una visión mucho más universalista y humanista del mundo. Su conocimiento abarca campos como la filosofía y todos los conocimientos generales incluyendo las ciencias y las humanidades. Su acceso a la cultura general del mundo era mucho más amplio y fácil también. Su campo de trabajo tuvo un impacto en ámbitos no judíos. Muchos teólogos cristianos y musulmanes citan a Maimónides (como por ejemplo Tomás de Aquino) porque trata temas universales como la naturaleza de Dios, como debe cualquier persona vivir su vida (judía o no), el origen del Universo, el sentido de la vida, etc. Cualquier persona religiosa, sea de la religión que sea, o de la filosofía que sea, puede estar interesada en conocer su opinión. Nadie en esos ámbitos cita a rabinos askenasíes.

No sólo por su mentalidad más avanzada sino porque también influían todo tipo de factores históricos y sociales. Por diversos factores históricos en muchas épocas hubo un gran contraste entre el nivel educativo al que tenían acceso los judíos (y no judíos) en las tierras en las que se desarrollaron las comunidades sefardíes y las askenasíes. Durante muchas épocas eran mejor aceptados que sus correligionarios en los países cristianos donde la Iglesia Católica no le daba educación a nadie, judío o no.

La tradición sefardí siempre ha sido una tradición panorámica, que abarca todo el cuadro. Los problemas con la ciencia y la tecnología, que tanto aíslan a las comunidades más integristas, ya fueron analizados y resueltos por rabinos sefardíes hace mil años literalmente. Ellos interactuaban con toda normalidad con la cultura general que les rodeaba y contribuían a ella. De ahí nos viene su increíbles obras de poesía, los comentarios más brillantes de la Biblia Hebrea, los piyutim y todos los grandes filósofos judíos.

En el mundo de Askenas se centraron exclusivamente en los trabajos halájicos que son prácticamente todos a su vez comentarios de trabajos previos. Prácticamente solo estudiaban Talmud y halajá.

No hay ni siquiera una sola obra de carácter filosófico escrita por un rabino askenasí antes del s. XIX. En las áreas de filosofía y comentarios bíblicos la mayoría de los rabinos hasta el siglo pasado son sefardíes.

Veamos las diferencias entre ambas tradiciones con algunas ideas generales y ejemplos clave que las ilustren.

Características básicas de la tradición sefardí

Características básicas de la tradición askenasí

Holística. Talmúdica.
Se basa en las fuentes originales. Los sabios sabían la Biblia Hebrea de memoria. Es un judaísmo que crece del sustrato de la Biblia Hebrea y que se concentra mucho en ella. Se pone mucho énfasis en la Biblia Hebrea. Es más concreto. La Biblia Hebrea está llena de seres humanos reales con historias y emociones reales (por supuesto también tiene pasajes de la mayor profundidad filosófica como no podría ser de otra manera). Es algo que cualquiera puede entender y conectar con ello. Es un judaísmo del aquí y ahora. Si se le da a escoger a una persona entre estudiar la Biblia Hebrea o pasajes del Talmud el 99% naturalmente escogerá lo primero.

La mayoría de comentarios de la Biblia Hebrea son de autores sefardíes.

No tanto basado en la Biblia Hebrea. El énfasis se pone más en el Talmud. Es más talmúdico. El Talmud es muy complicado y abstracto. Cuando iba a la escuela tenía un examen de los profetas ya próximo y necesitaba repasar porque realmente tenía miedo a suspender. Le pregunté a un rabino askenasí de la sinagoga a la que iba que si me podía ayudar a preparar el examen y me dijo que no conocía bien los libros de los profetas. Esto no es para criticar al rabino sino para explicar el tipo de educación que recibió.

La mayoría de comentarios del Talmud son de autores askenazíes.

Hebreo sencillo y fácil de comprender en el estilo de la Biblia Hebrea. P.e. las kinot de Tishá beAv son muy sencillas de entender. No necesitan comentario. Hebreo talmúdico que necesita de comentarios para entenderlo. P.e. las kinot de Tishá beAv necesitan comentarios para poder entenderlas.
Real y sencilla. Basada en normas abstractas.
Se espera que la halajá encaje con la normalidad de la vida. Es necesario hacer un esfuerzo para poder seguir la religión adecuadamente.
La atmósfera comunitaria es fluida y relajada. Las comunidades están formadas por personas de todos los niveles de observancia. Un rabino una vez lo definió como religiosos por naturaleza o religiosos de corazón. La atmósfera comunitaria es muy rígida. Un rabino lo llegó a definir como religiosos con un objetivo.
Basada en una visión amplia y panorámica de la vida. La halajá es sólo una parte. Talmud y más comentario del Talmud. Tosafot es como otro Talmud. Y los comentarios de Tosafot  a su vez son como otro Talmud más. Prácticamente se restringe sólo a la halajá.
Las codificaciones halájicas son para simplificar y seguir adelante, son resúmenes, para poner todos los fundamentos en su contexto correcto (no perder la raíz de las cosas) y poder continuar avanzando. El Talmud es demasiado extenso así el Rif anotó todas las conclusiones y quitó todo lo demás. Rambam hizo lo mismo pero reordenó las materias y todavía recortó más los comentarios. Explica todas las mitzvot en detalle de manera precisa paso paso. Presupone que se conoce la Biblia Hebrea. El objetivo era simplificar al máximo. Sigue una especie de libre asociación de ideas, salta de una idea a otra y todo está conectado con trozos aquí y allá, lo que hace que todo parezca inconexo y a la vez complica muchísimo las cosas. Genera rabinos que estudian el Talmud durante décadas pero no han estudiado la Biblia Hebrea en profundidad.
La observancia de las mitzvot viene claramente anclada en la Biblia Hebrea y da una visión panorámica del sentido de la vida. La diferencia entre el énfasis en el estudio de la Biblia Hebrea o el Talmud también tiene razones históricas además de por la mentalidad. Con el surgimiento del movimiento reformista en tierras de Askenas este se identificaba primariamente con el estudio de la Biblia Hebrea y rechazaba el Talmud como arcaico e inútil, esa era su bandera. Era anti Talmud. Estudiar la Biblia Hebrea en aquellas tierras pasó a ser como un estigma de ser reformista o masortí. Como reacción surgió la ortodoxia askenasí que hizo todo lo contrario abandonando el estudio de la Biblia Hebrea y poniendo el énfasis en el Talmud. Perdiendo en gran medida la raíz y el significado de la observancia. El sentido último se diluye.
La observancia no es un fin en sí mismo. Es un medio para un fin. La observancia es el medio para acercarnos a Dios y vivir una vida plena. Si uno llega a verse atrapado en todos los detalles específicos y minuciosos nunca contemplará a Dios. Maimónides precisamente habla de esto, de personas que sólo estudian la halajá, comparándolas con gente cuyo objetivo es visitar al rey y que dan vueltas y vueltas alrededor de su palacio pero que nunca ven la puerta para entrar, aunque esté claramente presente.

Si se cree que algo es un medio para un fin. Entonces se le pondrán límites. Tiene que tener un principio, un desarrollo y un fin claro. La halajá es una forma de servir a Dios pero hay mucho más.

Por ejemplo en un libro de responsa moderno (que suelen empezar por lo más importante primero) del Rabino Iosef Mesas empieza conque no se debe estudiar demasiado por la noche. Se debe dormir lo suficiente para tener una buena salud. No se deben estudiar temas muy complejos por la noche porque se está cansado. Y en invierno hay un límite similar al de las noches de verano para no pasarse tampoco. Cita muchísimas fuentes. El libro se abre enseñando que una persona debe ser equilibrada. Hace un balance entre las necesidades de la salud, físicas, emocionales y religiosas. Esto viene de una persona que vive su judaísmo como algo orgánico, real, basado en la experiencia, un judaísmo que naturalmente es parte de quien uno es y no una fórmula abstracta que se sigue.

La observancia muchas veces parece un fin en sí mismo. Centrándose en muchos detalles específicos que hacen perder la visión global.

Si se cree que algo es un fin en sí mismo se extenderá al máximo posible. No tiene fin.

Por ejemplo en un libro famosísimo de responsa moderna de un rabino askenasí, cuyo nombre no mencionaremos para no personificar la crítica, el libro se abre con una responsa acerca del tamaño mínimo de la kipá y de la longitud de una falda para que sea recatada. Esto es lo que entiende que es lo más importante para empezar el libro. Ese es su número uno.

Más abierto y a la vez extremadamente conservador en el sentido más literal del término. Nunca se hacen añadidos innecesarios. Se mantiene simple y sencillo. ¿Para qué aumentar las normas gratuitamente? ¿Por qué complicarse la vida innecesariamente? Añade muchas normas cada vez más estrictas que surgen tardíamente. A su vez también puntos de vista extremadamente poco estrictos que para la mayoría de sabios sefardíes no tienen ningún sentido. Algunas novedades son muy creativas como p.e. la idea del eruv de Shabat. En el Talmud si hay un agujero en un muro se puede “reparar” con el propósito de que el eruv siga siendo válido colocando los marcos de una puerta. En los comentarios de Tosafot las paredes de un muro se transforman en marcaciones de puertas y a su vez esto evoluciona hasta crear un concepto que acaba construyendo un “muro imaginario” hecho enteramente de marcos. Las enmarcaciones por sí solas acaban convirtiéndose en equivalentes a la pared misma. Lo que no tiene ninguna lógica. Nadie dejaría una propiedad de valor dentro de un eruv hecho de marcaciones (pensando que estaría segura), ni nadie construiría así las paredes de una casa. Los postes y las vigas pueden crear la enmarcación de una puerta pero no una pared.
Realista y va a lo concreto. Tiene un flujo orgánico y natural. Intenta ver las cosas tal y como son. Tiene una fluidez natural. P.e. en el caso del tamaño de una aceituna (כְּזַיִת), que es usado para ciertas medidas halájicas relacionadas con la comida, está claro que una aceituna es una aceituna. Todo el mundo ha visto una y conoce su tamaño. En la hagadá de Pésaj todo el mundo consume una cantidad de matzá más o menos como una aceituna. Sólo tiene sentido en un mundo matemático de fórmulas abstractas alejadas de la realidad concreta. Es de naturaleza matemática. P.e. en el caso de una aceituna (כְּזַיִת) cuya medida se usa en la halajá se define como por lo menos quince veces más voluminosa de lo que es en realidad. Simplemente no sabían como era una aceituna. Intentaron hacer inferencias a partir del texto del Talmud donde dice que es menos que un tercio de un huevo. Se intenta crear una fórmula para armonizar diferentes fuentes, que es muy creativa y tiene mucho mérito como razonamiento abstracto, pero para nada es intuitiva. En la hagadá de Pésaj en muchos hogares askenasíes se saca una hoja para medir la cantidad mínima de matzá que no tiene nada que ver con una aceituna. Los razonamientos son impresionantes pero no pueden estar más alejados de la realidad. La razón misma por la que el Talmud usa como paradigma la aceituna era porque precisamente en Oriente Medio la gente sólo tenía que estirar el brazo y coger una para saber la cantidad que era. Era el concepto más práctico y útil a mano.
Basada en la experiencia real. Si hay varias opiniones que se contradicen, escoge una y sigue la que te parezca más lógica. Es imposible satisfacer los requerimientos de opiniones contrapuestas a la misma vez. Así por lo menos realmente seguirás una. Tiene que haber un principio detrás de la decisión.

Como ejemplo en el caso de la mezuzá se coloca en posición vertical. Sin más. En el mundo real no nos comunicamos hablando con fórmulas.

Para los tefilín hay una situación parecida con dos opiniones de como espaciar los párrafos, una según el Rosh y otra según Rambam.  El Shulján Arúj sique la opinión del Rambam porque es imposible seguir las dos a la vez. Se decanta por una.

Busca la conciliación entre opiniones opuestas cayendo en una contradicción ilógica.

Como se da en el caso de la mezuzá en que una opinión dice que debe ponerse en posición horizontal y otra en vertical. Pues se pone en diagonal, lo que no cumple con ninguna de las dos. Esto sólo tiene sentido en la ilógica de un mundo matemático lleno de fórmulas, pero al final no refleja ninguna opinión concreta. No expresa la visión de ninguna opinión. En realidad nadie dice que la mezuzá se debe poner en diagonal en las opiniones de partida.

Para los tefilín en el debate de como espaciar los cuatro párrafos entre el Rosh y el Rambam, el Taz establece un compromiso entre las dos opiniones. Por eso un sefardí no puede usar los tefilín estándar de Askenas ya que para él no son casher. No por la escritura en sí misma, sino por su espaciado.

Real y genuina. Surge de la realidad. Sólo tienen sentido en un mundo de ideas abstractas y desconectada de la realidad.

Canciones de Shabat

Llenas de espiritualidad, hablan de elevados conceptos filosóficos y son muy inspiradoras. Sólo hablan de comida de una manera obsesiva y simple. Las canciones parecen un menú de Shabat. Lo que refleja una marco de experiencias vitales mucho más limitado.

Problemas contemporáneos

En las festividades, incluso en las de mayor solemnidad siempre hay una atmósfera de alegría. Hasta las selijot se cantan con alegres melodías, todo se canta. Viene de la Biblia Hebrea donde el profeta Nejemiá en el capítulo 9 recrimina a sus contemporáneos por llorar en Rosh Hashaná cuando oyen la lectura de la Torá, cuando debería ser un día alegre. En las festividades las melodías son tristes y apesadumbradas. Todo es mucho más solemne. Para un askenasí que asiste por primera vez a una tefilá sefaradí es un gran choque cultural. Le parece increíble y casi una blasfemia. Sin embargo a un sefardí le llama mucho la atención la rigidez que se corta en el ambiente.

“Kol ishá”

En el libro de Samuel claramente se cita como el Rey David tenía un coro formado exclusivamente por mujeres en la sección de Israel del Tabernáculo. Las restricciones para escuchar el canto de mujeres se reducen a cantos con poca modestia que sean provocadores o seductores y vayan más allá de la estética. Cualquier canto de mujer está prohibido para los varones. Fue famoso hace poco el caso de una niña observante de origen marroquí en Israel que participó en un concurso de canciones televisivo, tras el que fue expulsada de su escuela y muchos rabinos la criticaron duramente. Hoy en día casi ni permiten que las mujeres canten canciones de Shabat salvo que sea mezclando el sonido con el de voces de varones. Ni siquiera una niña puede cantar una canción totalmente inocente.

Conversión al judaísmo

La esencia de la conversión es unirse al pueblo judío. Es un cambio de estátus de ser de un pueblo a otro. Por supuesto automáticamente se sobreentiende un compromiso futuro con la observancia. Con el cambio, se está obligado a cumplir todas las mitzvot. Esta es la definición básica que viene de la Biblia Hebrea; Rut no tuvo que estudiar seis años con tropecientos rabinos en un curso de conversión para finalmente poder aceptar el judaísmo. Quiso unirse al pueblo judío y se unió. Sin más. El Talmud comenta en el capítulo séptimo del tratado de Shabat el caso de un judío que transgrede el Shabat y explica que la única razón es que puede ser alguien que se convirtió entre los gentiles y no sabía nada del Shabat. El Talmud cita historias donde las conversiones eran inmediatas y luego posteriormente se estudiaba. Como en el cristianismo, la conversión se ve más bien como una profesión de fe, como una especie de declaración mental. Como la entiende los comentarios de Tosafot. Es como si se creyese que los rabinos posteriores y los actuales supiesen más que los rabinos del Talmud.

Mujer

Las mujeres pueden votar en Israel porque los rabinos sefardíes así lo permitieron junto al ser figuras públicas sin limitaciones. Los rabinos son mucho más permisivos e incluyentes y de mentalidad más abierta. Son las mujeres las que por contraste deciden ser más conservadoras.

Inicialmente el rabinato askenasí negó el voto femenino en Israel e intentó poner restricciones a su participación en la vida pública, política y judicial. La famosa Nejama Leibovitch, por ejemplo, que fue una gran estudiosa, nunca ejerció el derecho al voto porque el rabino principal askenasí así lo prohibía. Aquí el caso es contrario al sefardí, los rabinos son extremadamente rígidos y son las mujeres las que piden cambios, exigiendo más derechos.

 

 

Todos deberíamos volver al conocimiento de las fuentes originales. Por poner un ejemplo para ilustrar el contraste en el último punto anterior, basado en las fuentes, vemos que en la Biblia Hebrea Debora la profetisa fue “posek halajá”, es decir tomaba decisiones de cual era la halajá para casos concretos. El pueblo entero venía a hacerle preguntas de halajá. La Biblia Hebrea lo cita con toda naturalidad. Los rabinos de Askenas para rebajar el nivel de Debora la profetisa (en los comentarios de Tosafot) explican que Debora susurraba la halajá escondida detrás de una palmera para no hacer una afrenta al recato. ¿Dónde está escrito eso en la Biblia Hebrea? Estos son los mismos comentaristas que dicen que creer en la trinidad es correcto para alguien que no es judío (lo que es un concepto totalmente incorrecto de Dios según la Biblia Hebrea) pero que las mujeres no pueden ser “posek halajá”.

En un mundo en el que los detalles minúsculos de la halajá reciben un énfasis desorbitado se deja la puerta abierta a los errores. Todos necesitamos un sentimiento de enraizamiento en la realidad de la vida. Por eso no hay que perder la visión del sentido último de las cosas. Siempre hay que preguntarse cómo el judaísmo puede ayudarme a tener una forma de vida plena, feliz y llena de sentido. A aumentar la conexión con Dios.

El judaísmo es abierto, tolerante y auténtico en la tradición sefardí.

La función de las mitzvot

Publicado: 18 abril, 2016 en Judaísmo básico

Traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez del texto original del Rabino Natan Slifkin

 

La mayor diferencia entre las escuelas racionalista y mística del judaísmo se encuentra en la función de las mitzvot.

Según la escuela racionalista, prevalente entre los rishoním, cuya expresión más evidente se encuentra en el Rambam, todas las mitzvot sirven para uno o más de estos propósitos: 1) enseñarnos conceptos importantes, 2) mejorar nuestro carácter ético, o 3) la mejora de la sociedad. No hay nada más que las mitzvot puedan hacer, porque de hecho según esta escuela no hay nada más que puedan hacer. Las mitzvot sólo pueden afectar a nuestras mentes y personalidades y con ello por extensión a la sociedad.

Según la escuela mística, por otro lado, mientras que las miztvot pueden hacer todo lo anterior, eso es sólo un efecto relativamente menor de sus funciones. Su función primordial es manipular metafísicamente las diferentes fuerzas espirituales.

Veremos diferentes ejemplos de mizvot clave y la función de los rezos y la recitación de tehilím con la diferente interpretación de cada escuela de pensamiento (R para indicar las razones según la escuela racionalista de los rishoním y M para la mística de muchos ajaroním):

 

MEZUZÁ

R: Recuerda nuestras obligaciones.

M: Nos da protección metafísica.

NETILAT IADAIM (lavado ritual de las manos)

R: Limpia nuestras manos y refresca nuestro estado mental.

M: Exorciza espíritus malignos.

SHILUAJ HAKEN (no tomar los huevos de un nido en presencia de los padres)

R: Se trata de mostrar compasión.

M: Se trata de manipular la corte celestial.

TALMUD TORÁ (el estudio de la Torá)

R: Se trata de comprender el judaísmo y mejorar nuestro carácter ético para la mejora de la sociedad.

M: Crea energía espiritual.

TEFILÁ (el rezo)

R: Se trata exclusivamente de mejorar nuestra relación con Dios.

M: Principalmente trata de manipular las diferentes energías metafísicas con su correspondiente efecto en el mundo natural.

RECITAR TEHILÍM (lectura de los Salmos)

R: Los tehilím, tales como los recitados al final de la tefilá en tiempos de crisis, son de hecho una forma efectiva de tefilá y funcionan exactamente igual que cualquier otra tefilá. Algunos tehilím son sólo alabanzas y no son una forma efectiva de tefilá. Recitar el libro entero de tehilím sólo tendría un beneficio a nivel emocional.

M: El concepto de recitar el libro entero de tehilím, incluyendo aquellos que sólo son una alabanza es creado por los seguidores de la escuela mística. Ellos encuentran beneficios místicos en todos los capítulos y sobre todo en la unidad de todos los tehilím.

La Singularidad de Dios

Publicado: 28 febrero, 2016 en Judaísmo básico

 

El Todopoderoso Creador es UNO. Su Unidad es una Singularidad que no se compone de partes, ni múltiples dimensiones, ni niveles de autoridad, ni puede ser dividida. Todos los tipos de división y separación solo se pueden aplicar a las creaciones, ya que la división y la separación solo es aplicable a las cosas sujetas al espacio y el tiempo. Pero Dios no está sujeto al espacio y al tiempo ya que Él los creó. Él no está sujeto a Su creación. Por lo tanto, incluso aunque el Salmo 11: 4 dice que Dios está en Su Santo Templo, como vemos en Isaías 66: 1, Crónicas II 2: 6 y Reyes I 8: 27 todos ellos demuestran que Salmo 11: 4 no puede ser literal y debe ser por tanto una metáfora. El mismo principio se da en todos los demás versículos que parecen implicar algo físico en Dios. La Biblia se expresa en el lenguaje de los hombres (“He usado metáforas” Oseas 12: 10).

Su Unidad transciende el valor numérico. Decimos que Él es Uno para expresar la total falta de pluralidad de Su Ser. Toda pluralidad concerniente al Creador existe solo en nuestra percepción de Sus muchos y poderosos actos que expresan Su existencia a la creación. Su Unidad no es una unidad compuesta, ya que las unidades compuestas se encuentran a lo largo y ancho de la creación y nada en la creación es comparable a Él: Isaías 40: 18– 25; 46: 5; Jeremías 10: 6- 7; Deut. 33: 26; Éx. 8: 10; Salmos 40: 5. Por lo tanto el Todopoderoso no es un cuerpo, ni un hombre, ni una fuerza, ni un poder en un cuerpo – porque el hombre y todos los tipos de cuerpos, y todo lo que pueda existir dentro de un cuerpo, están inmersos en el espacio y el tiempo (Núm. 23: 19, Oseas 11: 9, Samuel I 15: 29).

El Todopoderoso nunca se convertirá en un hombre, ya que esto significaría que Él puede cambiar. El Todopoderoso no cambia, porque el cambio solo ocurre con las cosas imperfectas que están sujetas al espacio y al tiempo; pero Él no es imperfecto, sin necesidad de cambio; ni sujeto al espacio y el tiempo, ni comparable con nada de la creación; Él no está sujeto a nada salvo a Su propio Ser Inmutable (Malaquías 3: 6, Salmos 102: 26- 27). Por lo tanto, todo lo que parezca implicar un cambio en el Creador debe ser entendido solo como un cambio en la forma en que Él expresa Su voluntad a nosotros. Un cambio en la percepción de Su voluntad no implica un cambio en Su Ser. Él se expresa y revela a Sí mismo a través de Su creación. Partes de la creación, incluidas las personas, expresan más Sus caminos que otras.

 

Traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez basado en las enseñanzas de Mijael Eliya.

 

 

Basado en las enseñanzas del rabino Joseph Telushkin incluidas en su libro A Code of Jewish Ethics. Traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez

 

 

Dadas las severas leyes de la Torá contra la idolatría y los idólatras, los rabinos intentaron limitar el número de no judíos a los que se les aplican estas leyes. Por eso, el Talmud entendió que la obligación de la Torá de oponerse activamente a la idolatría se restringía a la Tierra de Israel. Sin embrago, “Los gentiles que viven fuera de Israel no se les considera idólatras [incluso si los rituales religiosos que practican son idolátricos]; sino que, ellos sólo continúan con las costumbres que aprendieron de sus ancestros” (Julín 13b); es decir, actúan mecánicamente por un mero hábito, no por verdadera fe y compromiso con la idolatría.

Incluso en los momentos de mayor tensión y hostilidad en las relaciones entre judíos y gentiles, los rabinos dieron la bienvenida a la sabiduría de sus vecinos no judíos. Un aforismo rabínico frecuentemente citado nos enseña: “Acepta la sabiduría de los gentiles, pero Torá de los gentiles no aceptes” * (Lamentaciones Rabá 2: 13; la última parte puede haber sido en parte la respuesta a la reclamación cristiana de que el Nuevo Testamento ha venido a reemplazar la Torá).

Los rabinos estaban también dispuestos a aprender el comportamiento propio y ético de los gentiles. El Talmud nos relata la historia de Dama ben Netina, “un adorador de las estrellas en Ashkelon,” que permanece hasta el día de hoy como la forma ejemplar de cómo cumplir el Quinto Mandamiento de honrar a los padres. Una vez estaba a punto de concluir la venta de unas valiosas joyas a los rabinos, para usarlas en el peto del Sumo Sacerdote, que le daría unas ganancias de 600.000 dinarim de oro, una considerable fortuna. Ay, la llave del lugar en el que guardaba las joyas estaba debajo de la almohada de su padre, que estaba durmiendo. Dama no podía despertar a su padre – la historia no explica porqué los rabinos tenían tales prisas que no podían esperar a que su padre despertase – y la tardanza causó que la venta se anulase. Algún tiempo después, necesitaban urgentemente una vaca roja, una vaca que era extremadísimamente rara que poseyese y sin la que los judíos no podían realizar los ritos de purificación de aquellos que habían entrado en contacto con cadáveres humanos. A pesar de que Dama sabía que los rabinos pagaría lo que les pidiese, todo lo que pidió fue la cantidad de dinero que había perdido en la venta anulada previamente por no despertar a su padre (Kidushin 31a). Para los rabinos, Dama a pesar de ser un idólatra, se convirtió en un modelo para todos los judíos de como honrar a los padres. Lo que se remarca menos frecuentemente es como la historia también estima a Dama como un comerciante honrado que evitó aprovecharse de la extrema necesidad de los rabinos.

La apertura rabínica para aprender del comportamiento adecuado de los gentiles también se refleja en la discusión talmúdica sobre dos pasajes aparentemente contradictorios del libro de Ezequiel. En uno, Ezequiel condena a los judíos por desobedecer las leyes de Dios y por “actuar en su lugar según las leyes de las naciones que os rodean” (11: 12). Pero en otro lugar Ezequiel reprende a los judíos por no obedecer las leyes de Dios, “ni observar las leyes de las naciones que te rodean…” (5: 7). ¿Cómo es esto posible, se pregunta el Talmud, que el profeta pueda condenar a los judíos tanto por seguir y por no seguir las leyes de las naciones que los rodean? Rabí Ioshua ben Leví resuelve así la contradicción: Los judíos son condenados por no seguir los buenos preceptos y comportamientos de sus vecinos, y también por seguir el comportamiento inmoral de sus vecinos (Sanedrin 39b).

El Rabino Aarón Lichtenstein fue, hasta hace poco, el codirector (rosh ieshivá), junto al Rabino Iehudá Amital, de la Ieshivá Har Etzion en Israel, una de las mejores ieshivot del mundo en la actualidad. Yerno del Rabino Joseph Soloveitchik, el Rabino Lichtenstein tiene un doctorado en literatura inglesa de la Universidad de Harvard, y es uno de los mayores defensores en el mundo ortodoxo de la necesidad de enriquecer la educación judía con unas sólidas bases de sabiduría no judía. El Rabino Lichtenstein ha declarado que: “No sólo no debemos rechazar [estudiar la sabiduría no judía] por la ilusión de que podamos encontrar todo lo que necesitamos en nuestra tradición. Como Matthew Arnold insistió, uno debe buscar `lo mejor de lo que ha sido pensado y dicho en el mundo´, y si, en muchas materias, gran parte de lo mejor es de origen extranjero, debemos expandir nuestros horizontes en lugar de excluirlo… [Importantes pensadores gentiles] tienen su propia sabiduría, incluso de naturaleza moral o filosófica. ¿Quién no se va a sentir inspirado por el idealismo ético de Platón, el apasionado fervor de Agustín o la grandeza visionaria de Milton? ¿Quién no se iluminaría con la lucidez de Aristóteles, la profundidad de Shakespeare…? Negar que muchos campos han sido cultivados mejor por escritores no judíos que por judíos mismos es ser tozudamente – e innecesariamente – chovinista. No hay nada en nuestra poesía medieval que pueda rivalizar con Dante… y haríamos bien en admitirlo. Tenemos nuestro propio genio, y lo hemos utilizado para la más noble de las aventuras, el desarrollo de la Torá. Pero no podemos esperar hacerlo todo.”

* Aparentemente los fundamentalistas de la fe muchas veces se niegan a reconocer la inteligencia de aquellos que no son de su religión, el Talmud recuerda a los judíos: “Quienquiera hable palabras de sabiduría – incluso entre los gentiles – es considerado un hombre sabio” (Meguilá 16a). Sangrantemente, el Talmud en este caso se refería a los íntimos de Hamán, que intentó exterminar a todos los judíos.

Escrito por Dennis Prager y traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez. Este escrito aparece en el libro Readings on Conversion to Judaism recopilado por Lawrence J. Epstein y publicado por la editorial Aronson en 1995.

 

I

Una de las lecciones más irónicas e importantes de la vida es que nuestras mayores debilidades usualmente vienen de nuestras mayores fortalezas y esto es tan cierto tanto para los individuos como también para las religiones.

Uno de los mayores logros del judaísmo es que, al contrario que otras tradiciones religiosas, siempre ha considerado que Dios juzga a los seguidores de otras fes por sus actos. Los judíos por lo tanto nunca han considerado que los no judíos tienen que adoptar el judaísmo para conseguir la salvación divina.

Entre las consecuencias positivas de esta actitud está la tolerancia hacia otras fes y el comportamiento no coercitivo hacia los que no son judíos. Los judíos, incluso lo que se pueden describir como fundamentalistas, dejan en paz a los miembros de otras fes para que puedan practicar sus respectivas religiones libremente. Ningún grupo religioso tiene que preocuparse de que los judíos traten de convertir a sus hijos al judaísmo, ni tampoco coaccionarlos a ellos a adoptar el judaísmo.

Esta actitud judía ha sido muy noble, particularmente comparado con las actitudes no judías que dicen que los miembros de otras fes serán eternamente condenados y que ven a todos los demás como las dianas perfectas para intentar convertirlos.

Pero una de las consecuencias de esta actitud no es precisamente noble, ni siquiera para los propios judíos. Como consecuencia los judíos han terminado por ignorar a los que no son judíos, que precisamente son nada más y nada menos que el 99’99 % de la población mundial.

Esto nos ha llevado a la más irónica de las situaciones.

La noble actitud judía de que los no judíos de cualquier religión “tienen su porción en el mundo venidero” han contribuido al más que innoble fin de que el judío comprometido ignore completamente al resto del mundo. Por otro lado, la creencia cristiana es que todo el que no sea cristiano está condenado – una creencia particularmente intolerante que ha llevado a terribles sufrimientos – ha contribuido a un fin noble, la gran evangelización que los cristianos religiosos han intentado llevar a todo el mundo. Maimónides, el gran filósofo y codificador de la ley judía, señaló este fin en la gran compilación de la ley judía, Mishné Torá, explicando que mientras que los judíos introdujeron el concepto de Dios al mundo, los cristianos han impartido el conocimiento de Dios e incluso de la Torá al mundo.

Añadiendo a esta ironía nos encontramos que mientras que los católicos ya no opinan que los no católicos están necesariamente condenados y los protestantes, por lo menos muchos (aunque no todos), han modificado su teología sobre la condena de los no cristianos, los judíos tienen que confrontarse con una cuestión de importancia suprema: ¿Qué es lo que se supone que tienen que decir, si es que tienen que decir algo, a los que no son judíos?

No hemos dedicado ni un segundo a repensar nuestra antigua respuesta, los judíos no tenemos nada que decir a los que no son judíos, y que todo lo que queremos es simplemente que sean buenas personas. Más aún, esa respuesta tan intelectualmente insípida es antijudía e incluso como veremos más adelante autodestructiva. No hay nada más importante para el futuro judío que repensar esto. Incluso aquellos judíos que sienten que tienen una misión para con los no judíos no se han enfrentado a este dilema aún. Los jasidím de Jabad, por ejemplo, creen que los judíos deben enseñar las “siete leyes de Noé” (prohibición del asesinato, el robo, los abusos sexuales, comer un miembro arrancado de un animal vivo, la blasfemia, la idolatría y la obligación de formar tribunales de justicia). Esta es un gran desvío de otros grupos ortodoxos y conservadores que en general no tienen nada que decir a los que no son judíos. El movimiento reformista ha, por lo menos en teoría, animado a los no judíos sin religión a que se conviertan al judaísmo, pero hace muy poco en la práctica para conseguirlo. Más aún, ya que han decidido contar como judíos a los hijos de madres no judías, el número de conversos reformistas ha descendido.

Promover la observancia de las siete leyes de Noé malamente responde la cuestión anterior.

Primero, la mayoría de los no judíos que entran en contacto con judíos ya tienen esas leyes. Enseñarlas solo tendrá un impacto, si lo hacemos como parte de nuestra obligación más amplia de enseñar el monoteísmo ético. De otra manera, ir por ahí diciendo a la gente que no asesine, cometa crímenes sexuales o coma miembros arrancados de animales vivos no va a hacer que se tomen el judaísmo en serio precisamente.

Segundo, y más importante, los no judíos quieren mucho más que siete leyes éticas básicas. Es extraordinariamente condescendiente por parte de los judíos religiosos que digan que es suficiente que los no judíos observen las siete leyes de Noé. Los judíos religiosos dan gracias diariamente por los cientos de leyes que enriquecen sus vidas – ¡y luego postulan que el resto del mundo se puede arreglar con sólo siete! ¿Cómo se supone que los no judíos satisfagan sus necesidades espirituales y religiosas? ¿Acaso tienen menos aspiraciones religiosas que los que son judíos? ¿Los no judíos están menos interesados en alcanzar lo divino? Por supuesto que no.

¿Qué se supone, entonces, que deben hacer los que no son judíos?

La respuesta es obvia. Como los judíos no ofrecen el judaísmo a los que no son judíos, ellos han desarrollado, desarrollan, y seguirán desarrollando, sus propias religiones.

 

PRIMERA RAZÓN: SI NO, LOS NO JUDÍOS BUSCARÁN EN OTRAS ALTERNATIVAS

Esta es por lo tanto la primera razón por la que los judíos deben ofrecer el judaísmo a los no judíos sin religión. Si no lo hacemos, simplemente crearán o adoptarán otras religiones.

Ahora, dependiendo de cómo los judíos vean otras religiones, el hecho de que los no judíos desarrollen otras religiones no debe suponer un gran problema. Por ejemplo, cualquier judío que vea al cristianismo como un vehículo potencial para hacer llegar el monoteísmo ético a los que no son judíos – lo que es parte del punto de vista que el judaísmo normativo tiene sobre el cristianismo – tiene pocos problemas con esa alternativa al judaísmo.

Así, por lo tanto, los judíos deberían o bien respaldar las credenciales de monoteísmo ético del cristianismo y trabajar junto con los cristianos para “reparar el mundo bajo el Reino de Dios”, o como alternativa empezar a buscar conversos para el judaísmo – incluyendo a los que provengan del cristianismo. No es lógico que los judíos nieguen la opción del cristianismo como monoteísmo ético para los que no son judíos y luego no ofrecer nada a los cristianos y otros judíos.

Por supuesto, ya que el judaísmo ve al cristianismo como un vehículo para llevar el monoteísmo ético a los no judíos, no veo ninguna razón para buscar conversos al judaísmo entre los cristianos (aunque los cristianos que abandonen el cristianismo deben ser conscientes de la bienvenida que recibirían si decidiesen hacerse judíos).

Pero el cristianismo no es ni de lejos la única alternativa para los que no son judíos. De hecho, para muchas personas del mundo occidental contemporáneo, el cristianismo sería la última opción en la que buscar la espiritualidad. Visita cualquier tienda de libros y seguramente encontrarás más libros en las sección de esoterismo y brujería que en la de cristianismo. Tanto el islam como otros grupos no cristianos crecen más rápido que el cristianismo.

Los no judíos están buscando alternativas al cristianismo, bien uniéndose al islam o secularizándose. Desde la perspectiva judía, ninguna de ellas se ven con ecuanimidad. Las alternativas espirituales al cristianismo son normalmente neopaganas (por ejemplo, la ecuación de la nueva era de que uno mismo es Dios) y a veces totalmente peligrosas (por ejemplo el satanismo y otras sectas destructivas). El islam, aunque en algún momento pudo ser una gran civilización, en nuestro tiempo cada vez profundiza más en la oscuridad moral y el atraso religioso.

La tercera alternativa, el secularismo, alimenta el hedonismo, el relativismo moral y los sustitutos políticos a la religión. El pasado siglo ha ofrecido un riquísimo e increíblemente malvado abanico de alternativas seculares al cristianismo. Cientos de millones de personas han creído en el marxismo, el nazismo y el fascismo sin menos fervor que los judíos o cristianos religiosos han creído en sus respectivas religiones. Más aún, con el colapso de los regímenes totalitarios de izquierdas muchos izquierdistas han evitado el necesario autoexamen para superar el haber creído en algo tan tonto y malvado y, o han permanecido en la izquierda, o han adoptado nuevas formas de nihilismo. Han sustituido a la trinidad de raza, género y clase por otros valores morales y religiosos, o han sustituido los desacreditados símbolos rojos por símbolos más verdes (ecologismo extremo y derechos de los animales radicales).

Si los judíos no buscan conversos tienen que darse cuenta de que el resto de la humanidad seguirá como está, adoptará otras religiones o inventará nuevas religiones.

Con estas alternativas – y por tantísimo como han sufrido tantos judíos precisamente por muchas de ellas – es verdaderamente asombroso que los judíos no ofrezcan el judaísmo al resto. O, por decirlo más crudamente, cualquier judío que no tema el crecimiento continuo del fundamentalismo islámico, tanto en el mundo musulmán como en el occidental, la erosión de la ética judeocristiana en occidente y el correspondiente crecimiento del neopaganismo y el aumento de la judeofobia en tantos lugares, es un insensato.

Pero reconocer estas tendencias no es suficiente. Los judíos deben hacer algo. Sí, hacer algo. Mientras que muchas personas que han nacido judías han influenciado profundamente nuestro mundo, durante milenios el pueblo judío y el judaísmo han estado sólo reaccionando pasivamente a lo que hacía el resto del mundo, no actuando sobre él para mejorarlo – con el consecuente coste de sufrimientos terribles para judíos y no judíos.

Para poder ser una influencia positiva en el mundo los judíos deben hacer dos cosas: enseñar el monoteísmo ético y ofrecer el judaísmo. O el mundo seguirá su propio y triste camino y a su vez los judíos serán de nuevo víctimas de un mundo por el que no han hecho absolutamente nada para influenciarlo positivamente y cambiarlo.

 

SEGUNDA RAZÓN: CUANTOS MÁS JUDÍOS MEJOR

Perdimos uno de cada tres judíos durante el Holocausto. Hoy seguimos perdiendo un porcentaje similar por la asimilación. Obviamente, tenemos una terrible necesidad de tener más judíos. Con más judíos cada problema judío estaría más cercano de alcanzar su solución.

Más judíos significaría muchos más recursos de todo tipo – más escuelas, más instituciones de todo tipo, más recursos para ayudar a los judíos pobres, para la lucha contra la judeofobia y para construir Israel. Por otro lado, cuantos menos judíos haya, más impotentes e irrelevantes serán para el mundo. Con un número tan pequeño de judíos, de los que un porcentaje cada vez mayor está compuesto por jaredím (“ultraortodoxos”) cerrados al mundo que les rodea, los judíos se convertirán en poco más que una secta aislada, mucho más conocida eso sí, pero no con más influencia, que por ejemplo los Amish. Mientras que las grandes cifras no garantizan un gran impacto en el mundo, sin duda las naciones no aumentan su influencia en el mundo si su número ya pequeño se empequeñece aún más.

Por supuesto, más judíos significa mayor seguridad. Los grupos pequeños invitan a los grandes acosadores. Si el número fuese lo suficientemente grande los judeófobos se lo pensarán dos veces antes de atacar a los judíos. Es por esto por lo que los países árabes que quieren ver a Israel desaparecer del mapa sienten más temor por la inmigración masiva a Israel que por su armamento.

Sólo hay dos maneras posibles de aumentar nuestra población – por una alta natalidad o al tener más conversos.

El primer método, sin embargo, no está funcionando. Muchos de los judíos ortodoxos (especialmente los jaredím, los “ultraortodoxos”) tienen unas tasas de natalidad muy elevadas, pero eso no deja ni siquiera una pequeña huella en el problema demográfico judío a nivel global. Dada la baja natalidad entre el resto de judíos y la altísima asimilación, el alto número de hijos de los ultraortodoxos sólo significará que ellos serán cada vez más un porcentaje más elevado de los judíos. Pero las cifras totales no cambiarán.

El único método para aumentar el número de judíos es con nuevos judíos.

 

TERCERA RAZÓN: DESCENSO DE LA JUDEOFOBIA

La bienvenida de conversos al judaísmo también reducirá dramáticamente la judeofobia. La razón más obvia es que a números mayores mayor la reducción de la posibilidad de violencia judeofóbica. Pero hay dos razones más.

Forzará a los judíos a relacionarse con los que no son judíos

Primeramente, los judíos no deberían olvidar nunca lo que Leo Baeck, el gran rabino reformista alemán y héroe de la judería alemana, dijo: “Si todos los alemanes tuviesen un familiar judío, la Shoá [Holocausto] nunca pudiese haber ocurrido.” La gente, en general, no asesina a miembros de su familia, o a sus amigos y conocidos. Más aún, la gente está más dispuesta a que le gusten aquellos en quienes confían y más dispuestos a confiar en aquellas personas que conocen bien.

Esta idea está aún más corroborada si cabe por los profesores Samuel y Pearl Oliner, autores del estudio más extenso hecho jamás sobre los no judíos que rescataban a judíos durante el Holocausto (The Altruistic Personality, Free Press, 1989). El matrimonio Oliner, en una entrevista que yo les hice, dijeron que una de las pocas características que parecen tipificar a todos los rescatadores era el tener una relación cercana con alguna persona judía antes de la Segunda Guerra Mundial.

Para decirlo en términos más concretos, el aislamiento judío no ayuda para nada a reducir la judeofobia.

No es necesario tener un doctorado en psicología social para entender que cuanto más y mejor se relacionen los judíos que se identifiquen como tales, con personas no judías, más positiva será la reacción de los que no son judíos. No hay nada que obligue más y mejor a los judíos a relacionarse con los que no lo son que un sentido de misión hacia ellos. Ya no vivimos en la Edad Media donde los judíos no podían relacionarse con los demás con normalidad como iguales o eran confinados por la fuerza en guetos. Las circunstancias históricas bajo dominio cristiano e islámico raramente permitieron a los judíos pensar en cómo relacionarse normalmente con el resto del mundo, mucho menos abogar por el judaísmo. Por casi cerca de 2.000 años los judíos han tenido que mirar sólo hacia dentro. Hoy en día tienen otras opciones pero muchos judíos religiosos continúan viviendo como si el gueto fuese el ideal.

La libertad significa más oportunidades y para los judíos la oportunidad significa poder, por fin, reembarcarse en su misión para toda la humanidad.

Esa misión es primera y principalmente enseñar al mundo el monoteísmo ético, que es la afirmación del Dios único cuya principal exigencia es que la gente se traten unos a otros con justicia. Hay mucho más que forma parte del monoteísmo ético, especialmente en nuestra época de resurgimiento del paganismo, oscurantismo y fanatismo. Pero esa no es la única misión judía. Parte de la misión judía es ofrecer el judaísmo a aquellos que no afirman todavía una tradición en consonancia con los valores del monoteísmo ético del judaísmo. Aunque la mayoría de los judíos no lo piensan así, la búsqueda de conversos es de hecho muy judía, como veremos en la parte final de este artículo.

Rechazar la búsqueda de conversos causa resentimiento

La apertura del judaísmo a los que no son judíos también reducirá la judeofobia porque no buscar conversos de hecho causa resentimiento entre muchos no judíos. Esto es algo de lo que muy pocos judíos se dan cuenta. Es exactamente lo opuesto de lo que ellos creen, que no buscar conversos nos hace admirables y queridos por los que no son judíos. Esta creencia es totalmente falsa.

Muchos no judíos ven la falta de proselitismo judío como un desprecio hacia ellos. No lo ven como una afirmación de los valores religiosos de los que no son judíos, sino como una afirmación de la “pureza de sangre” de los judíos. Ven nuestra falta de interés para que los no judíos se unan a nosotros como la prevención de que nuestro clan cerrado se vea contaminado por sangre no judía.

¿Están equivocados? No, por lo menos no del todo. Hay una especie de exclusivismo y elitismo que desgraciadamente permea gran parte de la vida judía. ¿Cómo podría ser de otra forma? Los judíos seculares no tienen ninguna religión que puedan compartir con otros por lo que toda su identidad judía es puramente étnica. Y, tristemente, muchos judíos religiosos opinan lo mismo.

Al buscar a nuevos judíos podremos acabar con la percepción de clan sectario que no se preocupa de los que no pertenecen a él. Anunciaríamos que nuestros valores, no nuestras genealogías, son sacrosantos, que queremos que cualquiera de cualquier grupo racial o étnico pueda unirse y sea uno de nosotros.

Buscar conversos neutraliza a los judíos que no siguen el judaísmo

La apertura judía a los conversos dramáticamente mejoraría la percepción de los no judíos por los judíos. En su gran mayoría los únicos judíos que la gente en general conoce son aquellos sin identidad religiosa y frecuentemente sin ningún tipo de identidad judía. Los únicos judíos religiosos que muchos no judíos conocen vivieron hace miles de años en la Biblia.

Más aún, los judíos más prominentes son frecuentemente los más antagonistas con el judaísmo, el cristianismo y la mayoría de los valores tradicionales. Hay muchas organizaciones radicales que cuentan con muchos miembros judíos. Como resultado, la sociedad frecuentemente identifica a las judíos con la oposición a un sistema de valores basado en Dios – de hecho están en contra de la civilización judeocristiana misma que consideran el villano de la historia. Desde los escritores judíos radicales a los activistas en contra de los valores occidentales, que son precisamente los judíos más ignorantes y alienados del judaísmo.

Que refrescante sería si los judíos afiliados a cualquier movimiento del judaísmo (Reformista, Conservador u Ortodoxo) extendiesen su mano ofreciendo los valores judíos a los no judíos, en lugar de dejar la imagen pública de los judíos en manos de los que están más alejados del judaísmo.

Semejante actitud transformaría lo que muchos piensan de los judíos.

Podemos estar seguros de los valores de los conversos

La última razón por la que un mayor número de judíos reducirá la judeofobia es tan evidente que raramente se menciona. Cuanta más gente viva según el judaísmo menor número de judeófobos habrá. ¿Puede algo ser más evidente que esto? No todos los conversos observarán el Shabat escrupulosamente, pero por supuesto ninguno se unirá a un pogrom, argumentará que los judíos son inferiores, enseñarán que los judíos mataron a Cristo u organizarán grupos anti Israel en las universidades (aunque muchos nacidos judíos hacen eso precisamente).

Eso es lo mínimo que podemos esperar de los nuevos judíos. Más aún, el judaísmo atraería precisamente a algunas de las mejores personas del mundo. Nadie se hace judío para conseguir la salvación (según el judaísmo la pueden conseguir sin convertirse). Por supuesto tampoco se harán judíos para ganar en popularidad. Los judíos no son precisamente el pueblo más apreciado del planeta. Cualquiera que pasa de una cultura mayoritaria al judaísmo normalmente lo hace por razones totalmente idealistas y altruistas incluso aunque el ímpetu inicial fuese hacerlo para casarse.

En el pasado, los motivos de algunos conversos reformistas – especialmente de las mujeres que lo hacían para casarse con un varón judío – se veían con sospecha. Muchos sospechaban de que sus conversiones eran sólo para que sus hijos fuesen considerados judíos. Pero con la decisión de los reformistas de considerar judíos a los hijos de padres judíos, esa motivación para convertirse a desaparecido (de hecho las estadísticas de conversiones reformistas han descendido desde que tomaron esa decisión).

 

CUARTA RAZÓN: UN MUNDO MEJOR

Incluso aunque la búsqueda de nuevos conversos no disminuyese la judeofobia ni en lo más mínimo, los judíos deberían estar apasionadamente a favor de la conversión. ¿Hay algún judío que se atreva a decir que si hubiese más millones de personas viviendo según el judaísmo el mundo no sería un mundo mucho mejor?

Imagina un mundo con cientos de millones de judíos intentando vivir sus vidas según los valores judíos. Imagina un mundo en el que se deje a un lado todas las preocupaciones del dinero una vez por semana. Imagina una sociedad donde decenas de millones de sus miembros crean que criticar es malo, donde la ética sexual que está entre el hedonismo y la represión sexual se hacen la norma, donde la gente consultase las leyes judías antes de participar en un negocio para asegurarse de que su ética sea la correcta. Imagina un mundo que lea a Isaías semanalmente, que estudie textos bíblicos y otros textos judíos varias horas a la semana.

Un judío comprometido con su judaísmo que no se conmueve con semejante sueño no está comprometido con los sueños del judaísmo.

Si semejante sueño parece demasiado idealista y romántico plantearé la misma cuestión de una forma más directa: ¿El mundo sería mejor, o no, si muchos de sus habitantes se comprometiesen con el judaísmo? ¿No sería mejor que aquellos que buscan una alternativa al cristianismo se hiciesen judíos en lugar de musulmanes? ¿Acaso no preferirán los judíos que aquellos no judíos que buscan un sentido espiritual y religioso lean a Maimónides en lugar de algún autor de novelas pseudoespirituales vacías?

 

QUINTA RAZÓN: SERÍA BUENO PARA EL JUDAÍSMO

Una de las razones principales para buscar conversos al judaísmo sería el efecto positivo de muchos nuevos judíos en el judaísmo mismo.

Visita cualquier comunidad judía de los Estados Unidos y verás como un número desproporcionado de los judíos más activos, dinámicos y comprometidos con su comunidad son nuevos judíos. He dado conferencias en muchísimas comunidades y ya no me sorprende oír que el grupo de mujeres, el consejo escolar de un escuela judía o la asociación sionista están liderados por un converso.

Los que escogen el judaísmo traen algo especial a la vida judía – frescura. El resto de judíos se han hecho demasiado endogámicos, demasiado parecidos. Los nuevos judíos traen consigo actitudes sanas hacia el judaísmo y hacia el mundo. Es verdad que no llegan con memorias de infancia del Shabat, la verdad tampoco lo hacen la mayoría de los nacidos judíos, pero tampoco lo hacen con prejuicios emocionales malsanos. Traen una actitud alegre y abierta por ser judíos y no la actitud tan negativa que tantos judíos tienen.

De hecho, esa alegría de ser judíos muchas veces confunde a los que nacieron judíos. “Nosotros no pudimos escoger, pero ellos sí de libre acuerdo” dicen muchos judíos incrédulos ante el entusiasmo de los nuevos judíos.

Los nuevos judíos son un desafío para el resto – y sin duda necesitamos ese desafío. Ellos no dejan de preguntar el porqué de todo. Contestarles que esta es la manera en la que hacemos las cosas porque así lo aprendimos de nuestro padres no les sirve como respuesta. Ni debería ser así. Los judíos se suponen que deben vivir su judaísmo de forma auténtica, no según los patrones de comportamiento, habla, vestimenta o cocina de Europa del Este. Por ejemplo comer pollo el viernes por la noche es una tradición de los países del Este de Europa, no judaísmo.

Para los nacidos judíos el verse rodeados de nuevos judíos les obliga a pensar en su religión e identidad, y no, asumirla sin más.

Entre el Holocausto, la lucha por la liberación de los judíos soviéticos y la supervivencia de Israel de alguna manera somos un pueblo desgastado. Los nuevos judíos nos fortifican y nos dan vigor, nos dan esperanza. De hecho, ellos pueden ser nuestra mayor esperanza.

Más aún, nada podrá persuadir más a los judíos de nacimiento de que se tomen su judaísmo con seriedad que los conversos al judaísmo. Los judíos asimilados tienden a asumir automáticamente los valores de la mayoría social que los rodea. Por lo tanto, ¿qué podría tener una mayor influencia sobre los judíos que ver cómo los que no lo son escogen hacerse judíos?

 

SEXTA RAZÓN: LOS NO JUDÍOS ESTÁN MÁS ABIERTOS AL JUDAÍSMO QUE LA MAYORÍA DE LOS NACIDOS EN ÉL

Hace poco hablé con el profesor de estudios judíos en la Universidad de Alabama, Richard Cohen, que me demostró su desesperación al ver el número ridículo de judíos que iban a sus clases o a celebraciones judías. “Es extraño”, se lamentaba, “los no judíos están mucho más interesados en mis clases de judaísmo básico que los que son judíos.”

De hecho, no es tan extraño, y nos puede hacer ver una lección muy importante.

Los judíos estamos cometiendo un error terrible al intentar llegar sólo a aquellos que han nacido judíos. Sé mejor que nadie el grandísimo número de judíos que han retornado a la observancia. Yo mismo he dedicado gran parte de mis energías al retorno de los judíos al judaísmo.

Pero los que han recuperado su observancia son un número infinitesimalmente pequeño. La mayoría de los judíos siguen siendo judíos sólo por sus apellidos, no por su voluntad de comprometerse con el judaísmo. A pesar de que hay que seguir trabajando para que se familiaricen con su judaísmo, no deberíamos concentrarnos solamente en ellos en exclusiva.

Por lo menos hay tres razones para esto:

La primera, no hay forma de dirigirse sólo a los judíos que no tienen afiliación religiosa. Los judíos no religiosos están completamente integrados en la sociedad general, viviendo, trabajando y casándose con los que no son judíos. ¿Cómo se puede dirigir un mensaje exclusivamente a ellos? ¿Vamos a hacer anuncios de radio que digan: “Este mensaje va dirigido sólo a aquellos que sean judíos de nacimiento”?

La segunda razón es que cualquier mensaje dirigido en exclusiva a los judíos será seguramente ignorado. Los judíos sin afiliación religiosa quieren escuchar sólo si el judaísmo es digno de ser vivido por cualquier persona, no sólo para aquellos que tienen padres judíos. O bien el judaísmo tiene algo que decir a todo el mundo, piensan estos judíos, o no tiene nada que les interese a ellos. Y en esto están totalmente en lo cierto.

Tercero, la mayoría de los judíos se toman en serio lo que sus amigos no judíos le dan importancia. Por lo tanto, un mensaje invitando a los no judíos a considerar el judaísmo dará muchísima más credibilidad a ojos de los judíos no afiliados que si fuese dirigido sólo a los nacidos judíos. De hecho, pocas cosas atraerán más a los judíos alienados del judaísmo que no judíos intelectualmente despiertos considerando seriamente el judaísmo.

La mejor forma de atraer a los judíos es que vean como el judaísmo abraza y toca al mundo entero y como el mundo responde positivamente. Una de las razones por las que tantos judíos ignoran el judaísmo es por su percepción de que es insular y provinciano – que solo se dirige a los judíos. Cuando demostremos que el judaísmo tiene un mensaje para todos, para el mundo entero, los judíos sin afiliación empezaran a verlo como algo interesante.

Al contrario que mucho judíos de nacimiento a un inmenso número de no judíos les encantaría formar parte del pueblo judío y tener una vida judía. Les encantaría una religión que pone el énfasis en el comportamiento correcto y no en la fe, que enseña como incorporar lo sagrado en la vida diaria, que estimula el intelecto, que hace que uno sea miembro de un pueblo además de una religión, que es la civilización más antigua del mundo aún con vida, que dio al mundo el concepto de Dios y el Decálogo, y que, el implicarse con el pueblo judío, te obliga a implicarte con todos los grandes desafíos morales de nuestro tiempo.

Un número incontable de no judíos necesitan el judaísmo. Y el judaísmo también los necesita a ellos.

 

II

A muchos judíos les sorprende que el judaísmo admire y desee tan profundamente a los conversos. Pero la evidencia es contundente y sobrecogedora.

Para empezar, el primer judío era un converso, un hecho extremadamente importante que las fuentes judías enfatizan repetidamente: “Dijo el Santo Bendito Sea: `Quiero al converso. Abraham era un converso´” (Tanjumá B. y N. Lej Lejá).

“Si un hombre desea convertirse al judaísmo pero dice `soy demasiado mayor para convertirme´ que aprenda de Abraham que tenía noventa y nueve años cuando entró en el Pacto con Dios” (Tanjumá B., Lej Lejá 40).

“Cada judío debe esforzarse para traer activamente a otros hombres bajo las alas de la presencia de Dios tal y como Abraham hizo” (Avot de Rabí Natán, capítulo 12).

No sólo fue el primer judío un converso sino que el Tanaj (la Biblia Hebrea) nos dice que el Mesías descenderá de una conversa, Rut. ¿Podría el judaísmo tener una declaración más contundente a favor de los conversos?

En el Talmud Rabí Eleazar ben Pedat dice que el Templo y el estado judío fueron destruidos y los judíos exiliados de su tierra – la mayor catástrofe para los judíos hasta su época – ¡para que los judíos pudiesen recoger conversos!: “El Santo, Bendito Sea, exilió a Israel entre las naciones para aumentar su número con la suma de conversos” (Pesajím 87b).

Como Bernard Bamberger escribió en su libro Proselytism in the Talmudic Period “que la tragedia del exilio… fuese entendida, aunque sólo fuese por unos pocos maestros, como un método usado por la Providencia para aumentar el número de prosélitos, indica lo grande que era la importancia que le daban los rabinos al movimiento misionero”.

Según el judaísmo, Dios no sólo ama a los conversos – “Amados son los conversos; de todas las formas posibles Dios los considera parte de Israel” (Mejiltá Nezikím [Mishpatím] 18) – sino que algunos rabinos dijeron que ¡Dios los quiere aún más que a los judíos de nacimiento! “Dijo Resh Lakish: el converso es más querido que los judíos que estuvieron delante del Monte Sinaí. ¿Por qué? Porque si ellos [los judíos al pie del Monte Sinaí] no hubiesen visto los rayos y truenos y la montaña temblando y el sonido del shofar, no hubiesen aceptado la Torá. Pero aquel que no vio ninguna de estas cosas, vino, se entregó al Santo y aceptó sobre sí el reino de los cielos” (Tanjumá B., Lej Lejá 6).

Acerca de como recibir a los potenciales conversos, al actitud general aceptada por los rabinos es “cuando una persona venga a convertirse, se le debe recibir con una mano abierta para traerlo bajo las alas de la Presencia Divina” (Leviticua Rabá 2: 9). Incluso Rabí Eliezer ben Hircanos, que era muy suspicaz acerca de los conversos, probablemente debido a malas experiencias con conversos a la nueva secta de los cristianos, dijo: “Cuando alguien venga a ti con sinceridad para convertirse, no lo rechaces, al contrario anímalo a hacerlo” (Mejiltá Amalek 3).

Más aún, mientras que el judaísmo espera que la gente llegue a él por el amor a Dios, la Torá e Israel, la halajá acepta a aquellos que se convirtieron “para poder casarse, por su propio beneficio o por miedo” (Ievamot 24b).

Rambam escribió: “Se nos manda honrar y venerar a los padres, obedecer a los profetas, pero a los conversos se nos manda tener un gran amor en lo más profundo de nuestros corazones” (Responsa 369 editada por Freimann según como esta citada en la Encyclopedia Judaica).

En el s. XIII Moshé ben Jacob de Coucy defendía que los judíos debían ser siempre honrados  con los gentiles porque “siempre que los judíos actúen con engaños hacia los gentiles, ¿quién de ellos querrá unirse al pueblo judío?” (Semag, Asayin 74, citado en la Encyclopedia Judaica).

En contra de la inmensa cantidad de literatura (de la que sólo hemos mencionado una pequeña parte) a favor de las conversiones y de la búsqueda de conversos en toda la literatura rabínica sólo hay cuatro citas ambivalentes sobre este tema. Considerando el amplio abanico de puntos de vista en prácticamente cualquier tema en el Talmud, este número tan pequeño es una prueba impresionante de como el judaísmo está a favor de la conversión. Más aún, la pequeña ambivalencia que existe precisamente habla de aquellos conversos que fueron menos que leales durante tiempos de persecución. Seguramente, como contraste, por lo menos un número de nacidos judíos similar fueron igualmente desleales, como hemos visto en la Parte I, mientras que vemos como es común que muchos nacidos judíos participen e incluso lideren actividades anti Israel, sería impactante ver a un converso implicado en semejante cosa.

 

LOS JUDÍOS BUSCARON CONVERSOS SIEMPRE QUE FUE POSIBLE

Como resultado de la actitud del judaísmo hacia la búsqueda de conversos, los judíos han buscado conversos vigorosamente siempre que fue posible. En el mundo antiguo, los judíos eran misioneros tan activos en la conversión al judaísmo que para el comienzo de la era común el diez por ciento de la población del Imperio Romano era judía. Según el decano de los historiadores judíos Salo Baron los judíos llegaron a ser ocho millones en el Imperio Romano (A Social and Religious History of the Jewish People, Vol. I, pág. 170) – en gran medida por la búsqueda activa de nuevos conversos. El libro de Mateo del Nuevo Testamento correctamente describe a los fariseos como “cruzando mares para conseguir un solo converso”. El historiador judío Josefo escribió en aquel tiempo que “el proselitismo estaba extendido entre la gente común”. Como consecuencia, los habitantes de tanto ciudades griegas como bárbaras evidenciaban un gran celo por el judaísmo (Contra Apión 2, 39).

Los resultados fueron impresionantes también cualitativamente. Entre los conversos más notables al judaísmo estaba Onkelos cuya traducción aramea de la Biblia es estudiada hasta el día de hoy. La larga lista de grandes rabinos del Talmud que descendían de conversos incluye a grandes nombres como Rabí Meir, Rabí Akiva, así como a Shemaiá y Avtalión. Maimónides cita en su introducción al Mishné Torá que el padre de Akiva era converso.

Fue el cristianismo, no el judaísmo, el que paró un más que probable movimiento masivo de conversiones al judaísmo. Cuando el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio Romano, el estado inmediatamente prohibió la conversión al judaísmo, y hacia el año 407 de la era común, que un cristiano se convirtiese al judaísmo empezó a castigarse con la pena de muerte. Tanto el converso como el judío que ayudase con la conversión serían ejecutados. Tales prohibiciones junto con el progresivo deterioro de las condiciones de vida de los judíos y el aumento cada vez mayor de la judeofobia cristiana es lo que detuvo a los judíos de continuar buscando nuevas conversiones. El odio hacia los judíos, no el judaísmo, es lo que paró la búsqueda de más conversos. Aquellos judíos que creen que el judaísmo no debería buscar nuevos conversos han adoptado la actitud de los opresores de los judíos, no del judaísmo.

A pesar de todas estas persecuciones los judíos siguieron buscando conversos siempre que fue posible. Pero las consecuencias eran frecuentemente horrificantes.

En 1012 el Padre Vicilinus, un sacerdote católico de Mainz (Alemania) se convirtió al judaísmo. Muchos estudiosos consideran esto la causa de la subsecuente expulsión de los judíos de Mainz.

En 1539 en Polonia Catherine Weigel, una mujer de 80 años fue quemada viva por el hecho de haberse convertido al judaísmo (Encyclopedia Judaica, Vol. 5, pág. 1190).

Todo esto tuvo un impacto terrible en la psique judía. El miedo constante de la persecución y la segregación forzada de los judíos tuvo como resultado que los judíos se viesen a sí mismos como inherentemente, casi racialmente, diferentes. Una de las consecuencias fue el desinterés por, incluso casi antipatía, la búsqueda de conversos. Por eso Rabí Solomon Luria del s. XVI (el Maharshal) pudo escribir: “que pueda la semilla de Israel continuar en pie y mantener su lugar entre las naciones a los largo de todos los días de nuestro exilio y que ningún extraño se le añada que no sea de nuestra nación” (Encyclopedia Judaica, Vol. 5, pág. 1191).

A pesar del aumento de la creencia en la distintividad judía, algunas conversiones continuaron dándose – y como consecuencia lo hicieron las persecuciones por ellas. En 1716 dos mujeres cristianas que se convirtieron al judaísmo fueron ejecutadas en Dubno. En 1738 un oficial de la marina llamado Alexander Voznitsyn fue quemado en una pira por haberse convertido al judaísmo en Rusia. Junto con el judío que lo persuadió para convertirse. En Vilna en 1746 lo mismo le pasó al conde Valentine Polocki. Pero en general la actitud de apatía hacia los conversos, nacida después de siglos y siglos de persecución y represión, permaneció.

 

PORQUÉ LA MAYORÍA DE LOS JUDÍOS NO COMPARTEN LA ACTITUD DEL JUDAÍSMO HACIA LOS CONVERSOS

Siglos y siglos de persecución

Gracias a los siglos de judeofobia, de segregación forzada del resto de la sociedad, de la pena de muerte para los conversos y los judíos que los ayudaron a convertirse, la actitud expresada por el Maharshal se convirtió en la mayoritaria entre muchos judíos. Los judeófobos forzaron a los judíos a ignorar al resto del mundo, en contra de los deseos del judaísmo. Cuando un judío contemporáneo se expresa con ambivalencia hacía la búsqueda de conversos, está expresando una actitud no judía, que a pesar de ser indefendible, es explicable. Es la hora de volver a las verdaderas metas del judaísmo y romper de una vez por todas con el aislamiento y la insularidad impuesto sobre nosotros por los judeófobos.

No deja de ser irónico que muchos de los judíos que muestran ambivalencia o incluso que se oponen a buscar conversos son los que más niegan que las actitudes de los judíos religiosos han sido formadas por circunstancias históricas. Ya que está claro que en ese caso los judíos tienen actitudes que no vienen de la Torá sino solamente como resultado de fuerzas históricas. Para un judío religioso el tener ambivalencia ante la búsqueda de conversos es permitir que se le de la victoria a los judeófobos y a hechos históricos ajenos, no al judaísmo, para dar forma a su perspectiva religiosa.

La pérdida del sentido de misión

Una segunda razón relacionada con el porqué de que tantos judíos sean ambivalentes ante la búsqueda de conversos es que la mayoría de los judíos implicados en el judaísmo han perdido todo sentido de su misión para el mundo. La insularidad y la obsesión con uno mismo, forzada en nosotros por los judeófobos ha llegado a ser aceptada como el estado normal de las cosas. Uno de los resultados de esta situación es que los judíos que sienten que tienen una misión y responsabilidad hacia el resto del mundo son muchas veces los que menos conocen el judaísmo, mientras que precisamente los judíos que supuestamente están más inmersos en el judaísmo, no sienten que tengan ninguna misión para el mundo, ni que tengan que comunicarle nada.

Cuando los judíos religiosos ignoran al resto del mundo están pecando en contra de Dios y del judaísmo. Como ya hemos visto, la Biblia y el Talmud no pueden ser más claros acerca de la necesidad de influenciar a toda la humanidad y atraer a los que no son judíos bajo las alas de la Presencia Divina. Aún así estos objetivos siguen siendo tratados con neglicencia por los judíos religiosos. De hecho, todo lo contrario, muchas de las energías de los judíos religiosos se dedican a una tendencia cada vez mayor de aislarse más y más de los que no son judíos y desarrollar barreras halájicas cada vez más altas y restrictivas. Los únicos judíos que parecen tener un sentido claro de su misión para el resto del mundo son los judíos más seculares de la izquierda más radical que durante cerca de dos siglos han trabajado laboriosamente para llevar al mundo no bajo las alas de la Presencia Divina, sino bajo las alas de sus propias ideologías. Por todo esto ya que el judío de a pie no hace ni el más mínimo alegato de ofrecer de alguna manera el judaísmo a los gentiles sin religión, estos serán abordados por todo tipo de sectas, movimientos políticos y filosofías, por no mencionar a otras religiones, especialmente el islam.

La búsqueda de conversos tiene asociadas connotaciones negativas

Una tercera razón por la que los judíos desechan la posibilidad de buscar nuevos conversos es que identifican esto con los esfuerzos misioneros de otras religiones tantas veces ofensivos. En el momento en el que se menciona la búsqueda de conversos la mayoría de los judíos tienen un escalofrío horripilante – piensan automáticamente en la historia de los esfuerzos de misioneros cristianos para salvar almas y se imaginan a judíos yendo puerta a puerta con panfletos y octavillas.

El judaísmo quiere  a los conversos y pide que los que no son judíos sean parte del monoteísmo ético, pero nunca a opinado que los no judíos deben convertirse al judaísmo. Esta es una de las razones por las que los judíos nunca sientan el impulso que musulmanes y cristianos tienen en la búsqueda de conversiones. Al cristiano clásico el no promover la conversión sería equivalente a condenar almas al infierno. Lo único que puede proteger al que no es cristiano del fuego y condena eterna es el misionero cristiano. Los judíos no comparten esta visión de los no judíos o de ellos mismos como la clave para la salvación. El judaísmo enseña que cada persona que sea decente, judía o no, tiene su parte en el mundo venidero. De hecho, al contrario que otras fes el judaísmo opina que llegar al judaísmo puede hacer más difícil alcanzar el cielo.

El judaísmo quiere que los que no son judíos se conviertan para el beneficio del mundo, no para beneficio del alma del converso. Por esta razón los judíos deben pensar en atraer a la gente al judaísmo de la misma forma en que los miembros de los partidos políticos intentan convencer a otros de que los voten o se hagan de ese partido. La gente intenta influenciar los puntos de vista políticos de los demás no por las almas de esos individuos, sino por un bien mayor. Cuanta más gente comparta sus valores, creen los de izquierdas y derechas, mejor será el mundo. Esa es la razón principal por la que el judaísmo quiere que los no judíos adopten el judaísmo: el mundo sería un lugar mejor (por no mencionar que sería mejor para los judíos – véase la primera parte, I). Punto.

Acerca de las connotaciones negativas asociadas con la búsqueda de conversos, en cierto modo tiene un componente de hipocresía. Porque en los últimos doscientos años, los judíos han sido probablemente los misioneros más activos del mundo entero – sólo que no para el judaísmo.

Bien haya sido el socialismo, el feminismo, el marxismo, o el liberalismo los judíos han tenido un papel totalmente desproporcionado en la búsqueda de conversos a estos movimientos. Quizás la única ideología a la que a la que estos judíos modernos no han buscado conversos es al judaísmo. Esta situación ha sido muchas veces muy negativa para el mundo e incluso frecuentemente suicida para los judíos – en términos del número de judíos perdidos en estas ideologías y en términos de la destrucción que estas ideologías han traído para los judíos.

Es muy hipócrita que haya judíos que pertenezcan a organizaciones no gubernamentales, participen en campañas de partidos políticos, apoyen movimientos ecologistas y que se impliquen en el apoyo a todas las demás formas de acción social y sin embargo que se vuelvan tan remilgados cuando se trata de hacer algo por el bien del judaísmo. Esto sólo se puede explicar por la inseguridad y el desprecio por el judaísmo, no por el desprecio a la búsqueda de “conversos” (que tan bien hacen para otras causas).

 Si la mayoría de los judíos contemplasen el judaísmo por lo menos con el mismo respeto que valoran muchas ideologías no religiosas entonces defenderían y propugnarían que otros lo adoptasen como suyo.

Sentimiento de inseguridad

Una de las mayores razones por las que los judíos han sido tan activos en tantas ideologías conservadoras y de izquierdas ha sido la inseguridad judía – específicamente el miedo de que el mundo liberal en el que vivimos vuelva a asesinar a los judíos. Los judíos activos en los movimientos sociales conservadores o radicales raramente mencionan esto, y muchos probablemente no son ni siquiera completamente conscientes de ello, pero es así sin duda alguna. Los judíos tienen un profundo miedo hacia el Holocausto y los cerca de dos milenios de judeofobia religiosa. El pueblo judío es un pueblo muy pequeño que grandemente teme la recurrente violencia masiva antijudía.

Muchos, especialmente los de izquierdas, creen que la solución a la judeofobia está en que los judíos dejen de ser judíos (a la vez que esperan que los no judíos también se olviden de sus identidades distintivas).

Por lo tanto, lo último que los judíos con miedo quieren – sean de izquierdas o no – es que los judíos sean públicamente judíos. Y nada parece más agresivamente público que buscar conversos a tu propia religión.

Esta inseguridad acerca de ser judío en un mundo que ha dado amplias razones para tal inseguridad es una razón más por la que muchos judíos instintivamente reaccionan negativamente al proselitismo judío. Por supuesto, si estos judíos lo pensasen por un instante verían los beneficios que representaría si mucho se hiciesen judíos. Por un lado, tener millones de familias no judías con un miembro judío disminuiría la judeofobia. Por otro, más judíos significaría una diana menos apetecible para el acoso. He discutido este y muchos otros beneficios en la Parte I de este artículo.

Una falta de apreciación del valor del judaísmo

Es fácil entender porqué los judíos que no son particularmente religiosos tienen muy poco interés en buscar conversos. ¿Por qué aquellos que no les importa nada el judaísmo querrían que otros se convirtiesen? El verdadero misterio está en la postura de los judíos religiosos: ¿por qué, aquellos que presumiblemente aman al judaísmo, no quieren que otros tengan vidas judías?

Algunas posibles respuestas ya han sido discutidas – en particular, cómo siglos de persecución y aislamiento han llevado a tantos judíos a verse como inherentemente diferentes de los que no son judíos. Pero hay otra respuesta adicional.

 A lo largo de los siglos, un desarrollo particularmente desafortunado tuvo lugar en la manera de vivir el judaísmo. La noción de que la razón de los mandamientos es desconocida se afianzó cada vez más, y según esta noción los mandamientos deben ser obedecidos no porque tengan una inherente excelencia moral o racional, sino solamente porque Dios los mandó. El judaísmo por lo tanto parece consistir en su mayoría de prácticas irracionales (¡!). Esto como era de esperar ha traído dos inevitables consecuencias. Una es que los judíos han perdido la visión del significado y el propósito del judaísmo, y por lo tanto han perdido la habilidad de articular racionalmente su significado a los demás. La segunda es que el judaísmo se convirtió en una forma de vida étnica en lugar de una religión capaz de abrazar el mundo entero. Por eso, además de no querer ofrecer el judaísmo a los que no son judíos, los judíos religiosos ni siquiera son teóricamente capaces de explicar el judaísmo a los demás. Si tú no entiendes tus leyes, difícilmente se las podrás explicar a otros, y mucho menos defender el caso de que otros deban vivir según esas leyes, por supuesto. Como es natural no querrás, ni mucho menos serás capaz, de atraer a otros a una forma de vida que es un ritual étnico vacío en lugar de algo universalmente relevante. La gente puede convertirse a una religión e incluso a un pueblo, pero no a una etnia.

Por esta razón, la mayoría de los judíos religiosos se han hecho tan incapaces, como los judíos no religiosos más ignorantes, de explicar el judaísmo a los demás.

Por supuesto, hoy en día, a los judíos religiosos les gusta responder que conocen muy bien la belleza y la profundidad de las leyes judías… Pero si es así, ¿con qué justificarán racionalizar el acaparar algo tan bello sólo para ellos? ¿Y con qué justificación pueden seguir ignorando el explícito deseo del judaísmo por los conversos? O bien no están convencidos de su propia habilidad (y de la habilidad del judaísmo mismo) para defender el judaísmo en el libre mercado de las ideas, o son muy egoístas e insolidarios, deseando que el mayor número de gente posible se quede fuera de una forma de vida tan enriquecedora.

 Conocimiento vs. fe

Publicado: 17 enero, 2016 en Judaísmo básico, Mujer

Escrito por el Rabino Shaul Rosenblatt de “Tikun UK” y traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez

 

El primero de los Diez Mandamientos es: “Yo soy el Señor tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto…” Nuestros sabios se preguntan: ¿Pero qué es exactamente lo que nos manda esto? Esta expresión es con toda seguridad una afirmación, no un mandamiento.

De hecho, algunos comentarios contestan que solo hay nueve mandamientos; ¿quién ha dicho que hay diez? De ahí la expresión hebrea es aseret hadibrot – las diez “expresiones”, el Decálogo, no “mandamientos.”

La mayoría de los comentarios, sin embargo, sí consideran que es un mandamiento. Nos dicen que hay una obligación de “saber” que Dios existe.

El Malbim, un comentarista del s. XIX, se pregunta sobre este tema con una famosa pregunta. Es absolutamente imposible que alguien deba mandarte que sepas que él existe. Sigamos el siguiente razonamiento: si ya sabes que él existe, de antemano, entonces no hay ninguna necesidad de semejante mandamiento. Y si no sabes que él existe, entonces ¿¡quién te está dando ese mandamiento!? Dicho de otra forma, ¿por qué te tienes que tomar en serio el mandamiento de alguien de quién piensas que no existe? Y si piensas que sí existe, ¡entonces el mandamiento de saber que él existe se convierte en superfluo!

La respuesta del Malbim es muy simple. Mucha gente tiene fe en la existencias de Dios. Lo sienten así, pero no están seguros de por qué tienen ese sentimiento exactamente. El primero de los Diez Mandamientos es saber que Dios existe – no creerlo, tener fe, o casi “creer que ese debería ser el caso”. La Torá dice que debes examinar la evidencia y llegar a una conclusión racional y lógica. Esa sí que es una religión segura de sí misma. No tengas fe, dice el primero de los Diez Mandamientos. Sino que, examina las evidencias y decide por ti mismo. Estamos completamente seguros de la conclusión a la que llegarás.

¿Pero por qué toda esta complicación? ¿Bien sea que una persona crea o sepa, no aceptan ambos igualmente la existencia de Dios?

La diferencia es muy significativa. Primero, el conocimiento, por naturaleza, es más seguro que la fe. La fe es una emoción. Cuando emociones más fuertes que la fe – como el amor o el dolor – entran en juego quizás cambies tus ideas acerca de lo que crees.

Pero más importante aún, la fe y el conocimiento producen relaciones muy diferentes. El conocimiento significa que Dios existe incluso cuando no te sientes como para lidiar con Él en ese momento. La fe es mucho más flexible. Es tan fuerte, o tan débil, como tú sientes que deba ser. La fe es el ser humano teniendo a Dios bajo su control.

 

La ley judía y los no judíos

Publicado: 19 agosto, 2015 en Judaísmo básico

Estoy cansado de leer y escuchar todo tipo de propaganda sobre el supuesto racismo del judaísmo por eso me gustaría compartir con vosotros  una recopilación de ideas básicas sobre este tema principalmente extraídas del libro A Code of Jewish Ethics. Volume 2 del Rabino Joseph Telushkin.

Antes de nada me gustaría empezar con una cita que desde que la leí se me quedó grabada:

“La esencia del amor al prójimo consiste en amar a toda la humanidad,

de cualquier pueblo y de cualquier lengua,

en virtud de su idéntica humanidad”

Rabino Pinjás Eliahu Hurwitz de Vilna (s. XVIII),  Sefer Ha-Brit

 

Voy a ir analizando las diferentes fuentes empezando por la de más autoridad y descendiendo poco a poco en orden descendente de importancia. Siguiendo el orden clásico de Torá, resto de la Biblia, Mishná, Guemará y los códigos halájicos. Cuando se trate de la misma categoría seguiré un orden cronológico de tal forma que los sabios más importantes y de más peso serán mencionados primero. Esto va a ser muy importante en la Guemará donde habrá una cita controvertida que mucha gente no contrasta con otras anteriores de mayor peso e importancia.

El valor de la vida humana en la Biblia

La Biblia empieza con la creación del mundo y la historia de Adam y Javá, los primeros seres humanos. Por supuesto ellos no son judíos, ya que el judaísmo comenzó con Avraham unos mil quinientos años después.

Lo más importante que la Biblia nos dice sobre Adam y Javá es que, al contrario que las criaturas creadas antes que ellos, fueron hechos a la “imagen de Dios” (Gén. 1: 26). Esto significa tres cosas:

  • Los seres humanos somos como Dios en el sentido de que sabemos distinguir entre el bien y el mal.
  • Los seres humanos tenemos libertad (que otros animales no tienen) para escoger el bien.
  • Ya que los seres humanos somos creados a “imagen de Dios”, toda vida humana tiene un valor especial.

Michael Wyschogrod un filósofo judío ortodoxo contemporáneo cree que “la solidaridad básica entre el judío y los gentiles está enraizada en la creación del hombre a “imagen de Dios”, quizás el concepto más poderoso del Biblia. Esta declaración fue hecha acerca de Adam antes de la elección de Avraham. La Biblia podía haber reservado esto para Avraham y sus descendientes. Pero no lo hizo así. En cambio, lo afirma acerca de Adam y por lo tanto de toda la humanidad, judío y gentil…” Me atrevo a subrayar humildemente, ¿cómo podría ser de otra manera?

 

El estatus especial del extranjero (no judío) en la Torá

De los 613 mandamientos de la Torá, tres mandan amar. Dos son las leyes más famosas de la Biblia: “Y amarás al Señor tu Dios” (Deut. 6: 5) y “Y amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lev. 19: 18). El tercero es menos conocido: “Al extranjero [guer גר; es decir, no judío] que reside contigo será como uno de tus ciudadanos; lo amarás como a tí mismo” (Lev. 19: 34). Este mandamiento manda a los judíos amar a los no judíos. Más aún, Dios más adelante explícitamente se identifica a Sí mismo como el que “ama al extranjero ואהב גר” (Deut. 10: 18). No hay ningún otro caso en toda la Biblia en el que Dios explícitamente dice que ame a alguien. Precisamente lo hace únicamente hablando del extranjero, גר. Del no judío. ¡Dios ama a los que no son judíos! Esta es sin duda, sino la más, una de la citas más impresionantes de toda la Biblia.

La leyes de la Torá ordenan que los extranjeros sean tratados con justicia como es recurrente en toda su legislación: “No harás mal al extranjero ni lo oprimirás…” (Éx. 22: 20) y más adelante “…Escucha a tu prójimo y decide justamente entre cualquier hombre y su prójimo israelita o extranjero” (Deut. 1: 16) más la previamente citada “Al extranjero que reside contigo será como uno de tus ciudadanos; lo amarás como a tí mismo” (Lev. 19: 34). A lo largo de toda la historia en todas las sociedades por todo el mundo frecuentemente los extranjeros han visto sus derechos básicos anulados o han sido duramente discriminados. Por el contrario la Torá insiste “habrá una sola ley para ti y el extranjero que vive contigo” (Éx. 12: 49, véase también Núm. 15: 15). Hasta el día de hoy esta antigua cita bíblica es la piedra angular de una sociedad justa.

Como creía el filosofo Hermann Cohen este mandamiento bíblico de proteger al extranjero representa el comienzo de una ética religiosa universal: “El extranjero debía ser protegido aunque no era un miembro de la propia familia, clan, religión, comunidad, o pueblo, simplemente porque era un ser humano. En el extranjero, por lo tanto, el hombre descubrió la idea de la humanidad.”

Pasemos de la Torá al resto de la Biblia.

El amor de Dios por toda la Humanidad

La Biblia repetidamente enfatiza una y otra vez el amor de Dios a la humanidad que es preciosa – particularmente cuando se actúa justamente – a Sus ojos. Véase en libro de Ioná. La historia de Nínive es especialmente significativa porque es el modelo de cómo hacer teshuvá. Los archienemigos de Israel, Asiria, nos dan una lección cada Iom Kipur cuando de lee este libro.

Veamos el que puede que haya sido el primer rechazo explícito del racismo en la historia de la humanidad, el profeta Amos les dice a los judíos: “Para Mi, O israelitas, sois simplemente como los etíopes, dice el Señor” (9: 7). Seguramente como el racismo ya existía en aquella época solo podemos imaginar las caras de algunos israelitas en el Templo de Bet El comentando: “Pero, ¿cómo nos puede comparar con un grupo de etíopes, diciendo que Dios los ama tanto como a nosotros?”. Eso es exactamente lo que Amos dice: Dios ama a todos los seres humanos por igual ya que todos somos creados a Su imagen.

De la misma manera el profeta Isaías deja claro el amor de Dios por todos los pueblos que Él ha creado. Profetizando un mundo lleno de paz en el futuro, declara: “En ese día, habrá un carretera entre Egipto y Asiria… En ese día, Israel será un tercer compañero con Egipto y Asiria como una bendición en la tierra; porque el Señor los bendecirá. Diciendo: `Bendito sea mi pueblo Egipto, el trabajo de mi creación Asiria y mi atesorado Israel´” (19: 23- 25).

Pasemos de la Biblia la Mishná.

El valor de toda vida humana

De la enseñanza de la Torá de que Dios al principio pobló el mundo con una sola persona, Adam, los rabinos de la Mishná extrajeron varias conclusiones aplicables por supuesto a judíos y no judíos por igual.

  • La vida humana tiene valor infinito. Los rabinos razonaron que si Adam hubiese sido asesinado toda la humanidad hubiese sido destruida; y si fuese salvado así el mundo entero se salvaría. Por lo tanto, la Mishná concluye que cada ser humano tiene tanto valor como el mundo entero: “Quienquiera que destruya una vida es considerado por la Torá como si hubiese destruido el mundo entero y quienquiera salve una vida humana es considerado por la Torá como si hubiese salvado al mundo entero” (Mishná Sanedrín 4: 5).
  • Nadie puede decir que es superior a otro porque sus antepasados sean más distinguidos. “Una sola persona fue creada al principio [para la paz entre los seres humanos], para que nadie le diga a su prójimo, “Mi padre es superior al tuyo“” (Mishná Sanedrín 4: 5). Porque todos por igual somos descendientes del mismo hombre todos somos parientes. No es de extrañar que el auge de las ideologías racistas en el s. XIX en Europa se basara en el rechazo del relato bíblico de la creación y la teoría de que las diferentes razas no tenían un antepasado común.
  • Cada individuo es único e irrepetible. La creación única de Adam “proclama la grandeza del Santo Bendito Sea. Si un ser humano timbra varias monedas con el mismo cuño, todas serán iguales. Pero el Rey de reyes, el Santo Único, alabado sea, creo a todos los seres humanos con el sello del primer ser humano; y aún así ninguno es idéntico a los demás” (Mishná Sanedrín 4: 5).

En algunas ediciones censuradas de la Mishná la enseñanza anterior ha sido alterada a decir “Quienquiera salve una vida judía es considerado por la Torá como si hubiese salvado al mundo entero”. Además de sugerir que solo las vidas judías tienen valor infinito, lo que es por supuesto moralmente repugnante, no tienen ningún sentido, ya que  la prueba del valor infinito de la vida humana deriva de Adam que no era judío.

Pasemos de la Mishná al Talmud y los códigos de la ley judía.

Los no judíos en el Talmud y los códigos de la ley judía

Hay varias leyes sobre los no judíos en el Talmud, incluyendo algunas que son discriminatorias. Sin embargo, incluso entre las figuras rabínicas más hostiles, encontramos ciertos estándares de comportamiento que son obligatorios para todos: Está siempre prohibido robar o defraudar a cualquiera, incluso a un idólatra (Bavá Kammá 113b, Julín 94a). Un judío que actúe deshonestamente se considera una “aberración para el Señor tu Dios” (Deut. 25: 16). Por ejemplo, un vendedor que sabe que tiene una falta en su mercancía debe informar al comprador potencial – judío o no – de ello (véase Maimónides, “Leyes comerciales” 18: 1).

De hecho, los rabinos enseñan que “robar a un no judío es peor que robar a un judío por la profanación del Nombre de Dios que conlleva” (Toseftá Bavá Kammá 10: 15). Cuando un judío actúa con falta de honradez con otro judío, atrae el desprecio para sí mismo. Pero cuando el judío actúa con falta de ética contra un no judío, corre el riesgo de causar que otros vean a los judíos y al judaísmo con desprecio; lo que hace que ese comportamiento sea aún más reprensible.

Además de legislar que se evite el comportamiento deshonesto con los gentiles, la ley judía manda visitar a los enfermos no judíos y asistir en el entierro de los gentiles como se haría con los judíos. La caridad también se debe hacer con el no judío, incluso con aquellos que el Talmud designa como idólatras (Guitín 61a). Todo esto se hace mipené darjé shalom (“para promover la paz”), porque el Talmud enseña que “la Torá fue dada para instaurar la paz en el mundo” (Guitín 59b). Estas leyes todavía son vigentes, e incluso aún más vigentes si cabe que en el pasado, ya que los gentiles contemporáneos son en general, al contrario que los antiguos vecinos de Israel, monoteístas respetuosos de la ley y la civilización, no paganos idólatras.

Sin embargo, esto no representa el cuadro completo. Hay áreas de la ley talmúdica de permiten la discriminación en contra de los idólatras, aunque incluso aquí encontramos significantes figuras rabínicas que se oponen a tal comportamiento. Generalmente, el comportamiento permitido se podría calificar como “discriminación pasiva”: uno no debe hacer nada para dañar activamente a un idolatra, pero no necesita – y en la opinión de algunos, no debería – hacer nada para ayudarlo (de la misma manera que no se esperaba de los idolatras que ayudasen al judío en esos casos). Por ejemplo, la Torá nos dice que si un israelita encuentra el objeto perdido de su “hermano” debe buscar a su dueño y devolvérselo. La palabra “hermano” se entiende por los rabinos como refiriéndose a otro israelita. En ese caso, la Torá insiste, “no debes permanecer indiferente”; por eso, a diferencia de los códigos civiles occidentales está prohibido seguir caminando como si nada e ignorar el objeto perdido. Sino que “si tu hermano no vive cerca de ti o no sabes quién es *, debes llevarlo a tu casa y permanecerá contigo hasta que tu hermano lo reclame… así harás con cualquier cosa que tu hermano pierda y tu encuentres” (Deut. 22: 1- 3). El punto de vista dominante en el Talmud, enseñado por la figura de Rav, es que está permitido conservar los objetos perdidos de idólatras, ya que no entran en la categoría de “hermano” (Bavá Kamá 113b). En otro texto, Rav se cita diciendo que de hecho está prohibido devolver objetos perdidos a un idolatra (Sanedrín 76b)**; Maimónides, siguiendo la enseñanza de Rav, comenta que devolver tal objeto “refuerza la mano de los malvados en este mundo” (Leyes del robo y de los objetos perdidos 11: 3). Debe resaltarse que en las sociedades idolátricas en las que vivían los judíos en tiempos bíblicos y del Talmud, los no judíos no tenían obligación de retornar los objetos perdidos a los judíos. Aún así el Talmud recoge el punto de vista de Rabí Pinjás ben Iair diciendo “en una situación en la que como resultado se puede dar la desecración del nombre de Dios [como más que probablemente ocurrirá si un idólatra supiese que un judío retiene una posesión suya], está prohibido retener un objeto perdido” (Babá Kamá 113b).

Tal punto de vista ha influido a los codificadores de la ley judía posteriores. A pesar de que Maimónides dice que se deben tomar los objetos perdidos de los idólatras, también enseña que aquel que los devuelve a su legítimo dueño santifica el nombre de Dios y es digno de alabanza (Leyes del robo y de los objetos perdidos 11: 3).

Cuatro siglos después de Maimónides, Rabí Moshé Rivkes (s. XVII) autor del comentario del Shulján Arúj Beer Ha Golá cita que el permiso de Rav para mantener los objetos perdidos de los gentiles ya no tiene aplicación en nuestro tiempo: “Rav dio esta enseñanza en referencia a idólatras… pero no pensando en los no judíos de hoy en día que aceptan al Creador y cuyos códigos morales incluyen devolver los objetos perdidos” (véase su comentario a Joshén Mishpat 266:1). A principios del s. XX Rabí Barúj Ha-Leví Epstein (1840- 1941), autor de Torá Temimá, escribió que ya que los gentiles contemporáneos observan las “siete leyes de los hijos de Nóaj”, entonces, “sin duda alguna la ley que se aplica a ellos [respecto a las leyes monetarias y otras formas de justicia]” es idéntica a la aplicable a los judíos” (Deut. 22: 3 nota 22).

* La frase “o no sabes quien es” prueba que la palabra “hermano” tiene un sentido figurado y no literal.

** El prejuicio de Rav hacia los idólatras llegaba a extremos insospechados. El Talmud dice que “no cruzaría un río en una barcaza en la que hubiese un pasajero pagano. Dijo: “Quizás haya llegado el momento en que los pecados de este pagano sean castigados y el castigo me alcance a mi junto a él” (Shabbat 32a). Como siempre exactamente en la misma página aparece una opinión que contrasta con la anterior por su sentido común y su crítica no libre de ironía. Es, en este caso, la de Rabí Ianai que opina que, al contrario, él nunca se subiría a una barcaza sin asegurarse antes y comprobar que no tiene agujeros en el casco.
 

Continuará…

Hacer el bien

Publicado: 13 febrero, 2015 en Ética, Judaísmo básico, Supersticiones

“למדו הטיב Limdu Hetev” (Isaías 1: 17) – “Aprende a hacer el bien” dice Rashí. No encontramos en ningún lugar en toda la Torá que se le manda al hombre ser un lamdan, un experto en todos los campos de la Torá. Porque el objetivo de estudiar la Torá no es ser un lamdan, sino una persona buena y ética; hacer el bien y ser bueno con los demás.

La enseñanza anterior fue escrita por el Rav Mendel de Kotzk y está en sintonía con el punto de vista normativo de los rishoním sobre el estudio de la Torá. Esto me recuerda la definición de ídolo de Maimónides. Un ídolo es cualquier cosa que se convierte en un fin en si mismo en lugar de un medio para el fin de alcanzar una mayor santidad. Para Maimónides la idolatría es un mera perdida de tiempo que no es beneficiosa para nadie sino solo para uno mismo (supuestamente). La Torá es un medio para un fin. El medio es enseñar a la persona y la sociedad lo permitido de lo prohibido para como fin implementar una sociedad más ética y más justa y llevar al mundo a la era mesiánica de paz y prosperidad universal bajo el reino de Dios.

Traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez

La Unidad de Dios

Publicado: 9 febrero, 2015 en Judaísmo básico

 

Cada vez más es necesario resaltar la particular importancia de la absoluta unidad de Dios que ha sido puesta en entredicho por las formas populares de la cábala prevalentes hoy.

Para apoyar la unicidad debemos apelar a los escritos filosóficos de varios gueonim y rishonim como Saadia Gaon, Rabenu Bahia ibn Pakuda, Rabí Iehudá HaLeví y Maimónides.

Veamos:

  • Dios es incomparable con cualquier creación.
  • Él no es ni macho, ni hembra, ni masculino, ni femenino, pero debido a las limitaciones del lenguaje humano se usan algunos términos de forma alegórica y metafórica para poder expresar de alguna forma el hecho de que Él existe.
  • Su existencia es cualitativamente diferente de cualquier otra existencia y todas las demás existencias dependen de Él y son sostenidas por Él, mientras que Él permanece infinita e insondablemente distinto e independiente de toda creación.
  • Él es una unidad incomparable con cualquier unidad de la creación, Su Unidad no es una unidad que pueda ser dividida o que esté compuesta de partes, ambos extremos solo podrían darse con una unidad sujeta al espacio y el tiempo, tampoco Su Unidad es una en el sentido de especies o tipos.
  • No hay cualidad de la creación que se le pueda aplicar a Él: ni el espacio, ni el tiempo, ni el cambio, ni el concepto de cuerpo, forma o imagen, ni el concepto de llenar un cuerpo, forma o lugar, ni ningún otro factor de la creación – porque Él es Perfecto y Suficiente en Sí mismo y no tiene necesidad de nada de todo esto. Él no es una fuerza o un poder que posea o llene otra cosa, ni es una multiplicidad, ni hay ningún aspecto de multiplicidad en Él – como podría ser el caso si el mundo literalmente estuviese en Él (el Cielo no lo permita). Cada frase bíblica o talmúdica que parezca implicar que una cualidad de la creación se aplica a Él, debe ser entendida como teniendo un significado diferente de su significado literal, porque Él transciende todos los aspectos de la creación. Ninguno de ellos es aplicable a Él.
  • El Esplendor de la Realidad de Su Ser es tan grande que no hay mente que pueda comprender ni siquiera la más mínima parte de Él, porque Él no tiene partes, como rezamos tres veces al día “ולגדלתו אין חקר …y de Su grandeza no hay investigación posible” (Salmos 145: 3).

Por lo tanto uno debe ser precavido y tener siempre presente que la sublime Verdad de Su Ser transciende todo lo que podamos expresar con palabras y las referencias a Él son o bien expresando lo que Él no es o a través de figuras literarias como la metáfora.

Traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez


Traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez de las enseñanzas de Rabí Moshe Ben-Jaim con los comentarios de Rabí Reuven Mann.

 

¿Podrías darme una explicación de la frase “los elegidos”? ¿Quiénes son? ¿Por qué son los elegidos? ¿Son de alguna forma superiores al resto de pueblos del mundo?

Primero déjame aclarar tu afirmación; el hombre es hombre. Comparados con el resto de naciones, los judíos no tienen ninguna característica humana adicional.

Tú cuestionas el término “pueblo elegido”, yo me pregunto, ¿qué implica “elegido”? Yo lo explicaría como aquel que ha merecido una distinción basada en sus propias acciones, y al que otro le da ese crédito, puede ser llamado “elegido”. ¿Esto se aplica a cada individuo judío? Veamos:

Abraham vivió en una sociedad permeada por practicas idolátricas – él también adoró ídolos. Tras el análisis de lo que es real y verdadero mientras observaba y estudiaba el mundo, Abraham llego a la conclusión de que sólo puede haber un único Dios, Él tiene infinita sabiduría, Su sabiduría se ve reflejada en todo lo que ha creado, Él es justo, bondadoso, misericordioso, y no es parte de la materia de este mundo – Él no es físico. Realizando que el hombre es claramente el único ser racional en la Tierra, Abraham entendió que Dios desea que el hombre use su mente racional por encima de todo. Abraham alcanzó pruebas para su razonamiento, pruebas tales, que Dios deseó que Sus palabras fuesen llevadas a cabo en este mundo por Abraham y sus descendientes, a quien Abraham enseñaría los caminos de Dios. Esto está expresamente escrito en Génesis, 18:19, “Porque yo lo conozco (a él) sé que mandará a sus hijos y a su casa después de él y mantendrán el camino de Dios para hacer caridad y justicia….”

Por la singular razón de que Abraham analizó su vida – y finalmente su relación con Dios – usando su raciocinio, inteligencia, y pruebas, Dios por lo tanto escogió a Abraham – y más tarde a sus descendientes – para ser los guardianes y maestros de Su Torá. Es crucial que uno considere la diferencia entre Abraham y todos sus contemporáneos en aquella era, que es exactamente la misma distinción entre el judaísmo y todas las demás religiones: el judaísmo está basado en el uso de la razón y en pruebas, así como el resto de áreas del conocimiento, como las matemáticas y las ciencias naturales. Al contrario, todas las demás religiones se basan en creencias y afirmaciones que no se pueden probar. Dios no desea este enfoque, demostrado por Su más preciado regalo para el hombre. La inteligencia.

Abraham descubrió a Dios y al judaísmo con los mismos métodos que se usan para probar una verdad científica. Dios creó tanto la religión como la ciencia. Por lo tanto, por su diseño mismo, ambas requieren, idénticamente, un análisis inteligente para descubrir las capas y capas de la sabiduría de Dios envueltas en cada una. Este método racional – el único – es en el que Abraham se concentró para demostrar a los demás la falacia de la idolatría y el politeísmo. Él enseñó la existencia de Dios con pruebas, y que seguir al Creador del universo es lo razonable y lo verdadero. El hombre no puede negar lo lógico, y Abraham rápido atrajo a miles de seguidores. Que Dios se reveló a Sí mismo a Abraham es la irrevocable ratificación de que Abraham descubrió la realidad y la verdad de la vida y del universo. Aprendemos así que Dios esperó a que alguien como Abraham encontrase a Dios, y no al revés. Que Dios se revele a Sí mismo al hombre, sin que por su parte el hombre se esfuerce aplicando su inteligencia, nunca pasará. Dios no quiere que el hombre sea forzado a adorarlo. Es por esto que la Torá dice en conexión con la revelación del Sinaí, (Deut. 5: 19) “Una voz estruendosa, y nada más.” Queriendo decir, aunque un evento histórico de semejante magnitud fue necesario para probar la existencia de Dios y la veracidad de la Torá, también coaccionó a los judíos a aceptar a Dios, ya que la prueba era innegable. Este no es el método deseado por Dios para que el hombre se acerque a Él.

Dios desea que el hombre use su inteligencia, no su miedo, no su fe, no la creencia. Esto se aplica a todas las facetas de la vida, empezando por la más importante, el conocimiento del hombre de, y la adhesión, a Dios. Seleccionando a Abraham y a sus descendientes para enseñar al mundo, Dios simplemente enseña eso.

Los judíos estamos obligados a estudiar la Torá que es el sistema de Dios, tanto para nuestra edificación, como para enseñar a otras naciones, demostrado por el hecho de como la vida de Abraham sirvió para alcanzar a los demás. Por eso, se nos llama el “pueblo elegido” (1), Deut. 10: 15, “Sólo en vuestros patriarcas Dios puso su deseo y los amó, y Él escogió su descendencia después de ellos de entre todos los pueblos, como en este día.”

Basado en las palabras de Dios vemos que, un judío no debe sentir arrogancia hacia el gentil. Ciertamente, si tal judío no es sinceramente observante, no cumple en sí mismo el deseo de Dios para el hombre, ni tampoco merece el término elegido. E incluso cuando uno cumple con el plan de Dios de adherirse a la Torá, el término “elegido” no se refiere a él mismo, sino realmente a Abraham. Leemos en Deute. 7: 8, “Porque por el amor de Dios por ti y Su cumplimiento de Su promesa que Él prometió a tus patriarcas…”

Dios aseguró las bendiciones de Abraham a su hijo Isaac, por la cualificación de que Abraham se adhiere a los ideales de Dios, como dice Génesis 26: 5, “Aumentaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas las tierras, y todas las naciones te bendecirán. A cuenta de que Abraham escuchó Mi voz, y guardó mis leyes, mis mandamientos, estatutos y torot.” (2)

¿Donde encontramos nuestro objetivo de ser “una luz para las naciones” cumplido? En Deut. 4: 6- 8 leemos, “Y tú deberás observarlos y cumplirlos ya que ellos (los mandamientos) son tu sabiduría y entendimiento a los ojos de las naciones, que escucharán todos estos estatutos y declararán que pueblo sabio y lleno de conocimiento es esta gran nación. Porque esta gran nación tiene a Dios tan cercano como Dios cuando ellos lo llaman. Y qué gran nación tiene estatutos y leyes tan justos como esta Torá entera’…” Los rabinos dijeron en sintonía con esta cita, que somos elegidos no por ninguna otra razón sino nada más que para imbuir el mundo con la sabiduría de Dios. Dios no creo “judíos” y “gentiles”. Dios creó al “hombre”. Más tarde el hombre se desvió hacia la idolatría. Pero del plan original de Dios se ve claramente, Él desea que TODA la humanidad lo siga. Él escogió al pueblo más adecuado para recibir, estudiar y enseñar Sus ideas a los demás, para seguir el plan inicial de Dios. Deut. 9: 5- 6 dicen enfáticamente, “No debido a vuestra honradez o vuestra rectitud de corazón venís a heredar la tierra…”

El mismo hecho de que Dios eligió a David y Salomón como Sus reyes, descendientes de conversos, demuestra que Dios juzga a cada uno según sus méritos, no según su genealogía. Que estos grandes hombres no fueses descendientes del pueblo “elegido”, no tiene ninguna importancia para Dios.

Maimónides – respondiendo a la pregunta que le hizo un converso sobre si podía decir en sus oraciones “Dios de nuestros padres” – le instruyó que Abraham era de hecho su padre, ya que “padre” no se mide en términos biológicos, sino en términos ideológicos. Maimónides enseñó que los conversos son verdaderos descendientes de Abraham.

Los judíos se pueden corromper – no estamos exentos de las emociones y opiniones erróneas que llevan a pecar en contra de Dios. Igualmente es cierto que ser miembro del “pueblo elegido” no nos convierte en buenos – nuestro libre albedrío determina nuestro propio merito. Debemos pensar con claridad, y apreciar que el término elegido no recae sobre nosotros hoy en día – es el apelativo de Abraham – que ni siquiera era judío. Compartimos esa referencia, suponiendo que estudiemos, entendamos, enseñemos y sigamos las instrucciones de Dios a Abraham, Isaac, Jacob y Moisés.

Dios desea que toda la humanidad lo conozca. Es sólo por el apego de nuestros patriarcas a los ideales de Dios, que Dios los seleccionó a ellos. Demostraron inteligencia en todas las áreas de la vida empezando por la religión, y encarnaron la perfección moral esencial para actuar como los emisarios de Dios – transfiriendo la voluntad de Dios para el hombre – para todo hombre.

Notas:

(1) “Elegido” no es un término universal que se apliqué a todos los roles de un judío. Elegido significa elegido para una tarea específica.

(2) Una vez elegido, Abraham seguía en peligro de perder su estatus de elegido salvo que permaneciese fiel al camino verdadero. Al contrario que los títulos académicos, el estatus de elegido por Dios es reversible; en proporción directa a la perfección es el deseo de Dios por él.