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En los Diez Mandamientos, el sexto, séptimo, octavo y noveno mandamientos prohíben malas acciones – asesinar, adulterio, robar y el perjurio. Después viene un mandamiento que prohíbe precisamente la raíz que lleva al asesinato, al adulterio, a robar y al perjurio. ¿Cuál es esa raíz? La raíz está en el último de los Diez Mandamientos: “no codiciarás nada de lo que pertenece a otros – ni sus esposas, ni su casa, ni sus sirvientes, ni sus animales, ni nada que les pertenezca.”

Para poder entender este mandamiento y su significancia única, lo primero que hay que entender es que es el único de los Diez Mandamientos que legisla el pensamiento. Todos los demás legislan el comportamiento. De hecho, de los 613 mandamientos en los Cinco Libros de Moisés, prácticamente ningún otro prohíbe pensamientos.

¿Por qué, entonces, los Diez Mandamientos incluyen una ley que prohíbe un pensamiento? Porque es la codicia la que tantas veces lleva a hacer el mal. O, dicho de otra forma, la codicia es lo que lleva a transgredir los cuatro mandamientos anteriores – asesinar, adulterar, robar y perjurar. Piensa en ello. ¿Por qué se hacen estas cosas? En la mayoría de los casos es por codiciar algo que pertenece a otra persona. Obviamente esa es la razón por la que la gente roba – los ladrones codician las propiedades de la víctima del robo. Pero es también la razón para muchos asesinatos. También la codicia es obviamente la razón para el adulterio – querer el esposo o esposa de otra persona. Acerca del perjurio – o “dar falso testimonio” en el lenguaje de los Diez Mandamientos – se hace para encubrir todos los crímenes anteriores causados por la codicia.

Pero aún hay más. Para entender como la codicia es el único pensamiento prohibido en los Diez Mandamientos y uno de los pocos pensamientos prohibidos en toda la Biblia, necesitamos entender qué es codiciar – e igualmente importante, lo que trae como consecuencia.

Codiciar es mucho más que “querer algo.” La verbo hebreo לחמד significa querer algo hasta el punto de arrebatarlo para hacerlo propio – algo que pertenece a otra persona. Hay que resaltar que hay dos elementos que operan en esto: “buscar poseer algo,” y que “pertenece a otra persona.” “Buscar poseer algo” no significa envidiar o en el caso del esposo o esposa de tu prójimo sentir lujuria por esa persona. Ni la envidia, ni los sentimientos de lujuria están prohibidos en los Diez Mandamientos. La envidia y la lujuria sin control por supuesto que pueden llevar a muy malos resultados (también son ambos psicológicamente y emocionalmente destructivos) pero ninguna es prohibida por los Diez Mandamientos. ¿Por qué? Porque no son lo mismo que la codicia. Es la codicia la que casi inevitablemente puede llevar al robo, al adulterio y a veces hasta al asesinato.

Intentaré explicarlo de otra manera distinta. El Décimo Mandamiento no prohíbe decir, “¡Vaya! Menuda casa – o coche o esposo o esposa – que tiene mi vecino (o vecina). Ojalá tuviese yo una casa así – o un coche o esposo o esposa.” Esto puede terminar siendo destructivo. Pero también puede ser finalmente constructivo. ¿Cómo? Puede estimularte a trabajar duro para mejorar tu vida y obtener una casa, un coche o una esposa o esposo como el de tu prójimo. Es sólo cuando quieres – y buscas tener en posesión – la casa, el coche o el esposo o esposa específico que pertenecen a otra persona cuando el mal sobreviene. Eso es lo que el Décimo Mandamiento prohíbe.

Por lo tanto uno de estos Diez Mandamientos, estas diez normas básicas para la vida feliz, debe ser que simplemente no podemos permitirnos codiciar lo que pertenece a nuestro prójimo. Lo que pertenece a otro debe ser considerado como sacrosanto. No debemos buscar la forma de poseer lo que pertenece a los demás. Porque de eso solo saldrá el mal.

Traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez de la obra original de Dennis Prager

 

El noveno de los Diez Mandamientos es “no darás falso testimonio contra tu prójimo.” Esto significa dos cosas: “no mentirás testificando en un juzgado.” Y, “no mientas.” Punto. Recuerda que para prohibir o demandar una acción en los Diez Mandamientos tiene que ser fundamental para construir la civilización. Por importante que haya sido montar en burro cuando los Diez Mandamientos fueron dados no contienen ningún mandamiento de montar en burro con responsabilidad. Cualquier sociedad podrá sobrevivir a sus malos conductores de burros. Pero no puede sobrevivir si desprecia la verdad – bien sea dentro o fuera del juzgado. Si se testifica falsamente en el juzgado, no puede haber justicia. Y sin ni siquiera la esperanza de la justicia, no puede haber civilización.

La Biblia Hebrea es tan firme en esta materia que el castigo para un testigo que da falso testimonio era el mismo que el castigo que hubiese recibido el acusado si el falso testimonio se creyese. En el caso de que el crimen pudiese ser castigado con la muerte, por lo tanto, el falso testigo era susceptible de ser condenado a muerte. Pero este mandamiento no sólo se aplica en las cortes de justicia sino que claramente defiende la verdad en general. Tanto Ibn Ezra, el gran comentarista del s. XII, como uno de los estudioso de la Biblia más influyentes del s. XX, Bervard Childs de la Universidad de Yale, están de acuerdo en que el mandamiento se refiere a decir la verdad en general. Como Childs ha señalado, si los Diez Mandamientos solo se preocupasen de la verdad y la mentira ante la justicia, hubiese añadido las palabras “en el juzgado.”

Hay mucho valores importantes para la sociedad, pero la verdad es probablemente el mas importante. La bondad y la compasión pueden ser los más importantes valores en lo micro, o en el ámbito personal. Pero en lo macro, o a nivel social, la verdad es mucho más importante que la compasión o la benevolencia. Virtualmente todos los grandes males de la sociedad, como la esclavitud africana, el nazismo y el comunismo, se han basado en mentiras.

Había traficantes de esclavos, nazis y comunistas que eran compasivos en sus vidas privadas, pero todos ellos contaron, y la mayoría creían, una gran mentira que les permitía participar en un gran mal. La esclavitud de los africanos fue posible en gran medida por la mentira de que los negros eran innatamente inferiores a los blancos. El Holocausto hubiese sido imposible sin decenas de millones de personas que creían la mentira de que los judíos eran inherentemente inferiores a la llamada raza aria. Y el totalitarismo comunista estaba basado enteramente en mentiras. Es por eso que el periódico oficial del Partido Comunista de la Unión Soviética se llamaba Pradva, en ruso “verdad” – porque el Partido y no la realidad objetiva, era la fuente de la verdad.

Hay un límite para el mal que puede ser hecho por individuos sádicos y sociópatas. Pero para asesinar a millones, vastas cantidades de por otro lado gente normal, incluso decente, deben creer en mentiras. El mal masivo se comete no porque grandes números de personas desean ser crueles, sino porque se les alimente con mentiras que les convencen de que ese mal es realmente bueno. Sin embrago, un gran obstáculo para la verdad es que los creyentes en causas, incluidas las buenas causas, que no ponen la verdad como un valor central, se verán tentados a mentir al servicio de su causa.

Sobran los ejemplos. En los años 80, para ayudar en la causa de los sin techo, el mayor activista que los defendía en Estados Unidos, clamaba que había de 2 a 3 millones de personas viviendo en la calle. Años después admitió en la televisión pública que tenía que dar una cifra para defenderse y se inventó esa. Las estimaciones reales eran de entre 250.000 a 350.000.

De la misma forma, se descubrió como grupos de lucha contra el cáncer exageraban las estadísticas de cáncer cada año. ¿Por qué? Para asustar a más mujeres y que se hiciesen mamografías. Una vez más mintiendo por una buena causa. ¿Por qué es destructivo mentir por una buena causa? Porque si no sabemos la verdad, ¿cómo sabremos gestionar adecuadamente los recursos limitados de la sociedad? En el peor de los casos distorsiona las prioridades de la sociedad y por lo tanto hace un gran daño.

Los Diez Mandamientos sirven para avisarnos que, salvo en raras excepciones como salvar una vida inocente en peligro inminente, no hay causa más importante que la verdad. Los Diez Mandamientos son la mejor lista de instrucciones diseñadas para crear una sociedad buena. Pero tal sociedad no puede ser creada o mantenida en el tiempo si no está basada en la verdad.

Traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez de la obra original de Dennis Prager

 

Se puede defender que el Octavo Mandamiento, “no robarás”, es el único mandamiento que abarca a todos los demás.

¿Cómo puede ser que “no robarás” siendo solo un mandamiento puede abarcar a todos los demás mandamientos? Asesinar es robar la vida de otra persona. El adulterio es robar el esposo de otra persona. Codiciar es el deseo de robar lo que pertenece a otra persona. Dar falso testimonio es robar la justicia. Etcétera.

Este mandamiento es único de otra forma también. Este es el único mandamiento cuyo fin está completamente abierto. Los demás mandamientos son específicos. El Quinto Mandamiento, por ejemplo, dice que debemos honrar a nuestros padres. El Sexto Mandamiento, que prohíbe el asesinato, tratar de quitar la vida de otro ser humano inocente. El Séptimo Mandamiento, que prohíbe el adulterio, es también específico – para la persona casada. Dos personas que no están casadas no pueden cometer adulterio. Pero el mandamiento en contra de robar, ni siquiera menciona ni remotamente lo que está prohibido robar. Lo que significa que no podemos tomar nada, sea lo que sea, que pertenece a otra persona. Y eso, sucesivamente, significa tres grandes consecuencias:

Primero y principalmente, el mandamiento en contra de robar siempre ha sido entendido como no robar otro ser humano – lo que llamamos secuestrar. Por eso cualquiera que tenga aunque sea un conocimiento mínimo, por elemental que sea, del Octavo Mandamiento no podrá ni siquiera soñar que se pueda utilizar la Biblia para justificar la forma común de esclavitud – raptar a un ser humano y venderlo como esclavo. Los críticos de la Biblia argumentan que la Biblia permite la esclavitud. Pero el tipo de esclavitud que describe es lo que se conocía como servidumbre por contrato, venderse uno mismo a otra persona por un periodo fijo de tiempo para pagar una deuda con el trabajo. Esto no tiene nada que ver con raptar personas libres – como fue hecho en África y demás sitios. Esto está expresamente prohibido por el Octavo Mandamiento.

El segundo significado importante de este mandamiento en contra del robo es la santidad de la propiedad. Así como está prohibido raptar personas, está prohibido robar sus posesiones. Una y otra vez ha sido demostrado que la propiedad privada, empezando por la tierra, es indispensable para crear sociedades decentes y libres. Todos los regímenes totalitarios anulan el derecho a la propiedad privada. En el mundo antiguo y en la Edad Media unas pocas personas ricas poseían toda la tierra y la mayoría de la población trabajaba la tierra para el enriquecimiento de sus dueños. En el s. XIX en Europa muchos socialistas argumentaron a favor de destruir la propiedad privada y dársela al “pueblo.” Donde se implementó este consejo, en lo que pasó a conocerse como el mundo comunista, el robo de la propiedad rápidamente resulto en el robo de la libertad, y al final el robo masivo de vidas.

El tercer significado importantísimo del mandamiento en contra del robo trata acerca de todas las cosas no materiales que poseen las personas: su reputación; su dignidad; su confianza; y su propiedad intelectual. Veamos rápidamente todos estos puntos:

1. La reputación. Robar el buen nombre de alguien – bien por difamación, calumnia o rumores – es una forma de robo particularmente destructiva. Porque, al contrario que el dinero o la propiedad, una vez que el buen nombre ha sido robado, prácticamente es imposible restaurarlo por completo.

2. La dignidad. Al acto de robar la dignidad de una persona se le llama humillación. Humillar a una persona, especialmente en público, puede hacer un daño permanente a lo que quizás sea el bien más preciado que poseemos – nuestra dignidad.

3. La confianza. Robar la confianza de una persona se conoce como engañar a alguien. De hecho, el término hebreo para engañar a alguien es גניבת דעת, que literalmente se traduce como “robar el conocimiento.” Un ejemplo de engaño es engañar a otra persona para que compre algo sin contarle los posibles defectos del objeto de compra para hacer la venta fraudulentamente. Otro ejemplo sería cuando se engaña a alguien con proclamaciones no sinceras de amor para obtener favores sexuales.

4. La propiedad intelectual. Esta forma de robo incluye la copia de programas informáticos o la descarga de música o películas sin pagar por ello. Esto es lo que llamamos plagiar.

Robar una vida, una persona, un esposo, la propiedad material, la reputación, la dignidad o la confianza: prácticamente no hay aspecto de la vida humana que no sea dañado – a veces irreparablemente – por el robo. Por eso es por lo que es justo decir que si tuviésemos que observar solo uno de los Diez Mandamientos, observar el mandamiento “no robarás” podría, por sí solo, crear un mundo hermoso.
 

Traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez de la obra original de Dennis Prager

La prohibición de que una persona casada tenga relaciones sexuales con cualquiera, salvo con su esposo o esposa, para mucha gente, es de todos los Diez Mandamientos el más difícil de observar. La razón no será muy difícil de imaginar.

Una de las razones el inmenso poder de los instintos sexuales. Puede ser difícil ser fiel durante todo el matrimonio – especialmente cuando una persona atractiva ajena al matrimonio se presenta como disponible romántica o sexualmente. Otra razón es el deseo humano de amar y ser amado. Para la gente normal, no hay emoción más poderosa que el amor. Si alguien se enamora de otra persona mientras está casado, requiere un gran esfuerzo no cometer adulterio con esa persona. Si encima añadimos la desafortunada circunstancia de un matrimonio sin amor, el adulterio es todavía más difícil de resistir.

¿Por qué se prohíbe el adulterio en los Diez Mandamientos? Porque, como los otros nueve, es indispensable para formar y mantener la civilización. El adulterio amenaza a la unidad básica de la civilización que los Diez Mandamientos quieren crear. Esa unidad básica es la familia – un padre y una madre casados y con hijos. Cualquier cosa que amenace la unidad familiar está prohibida por la Biblia. El adulterio es un ejemplo. No honrar a los padres es otro. La prohibición de inyectar cualquier tipo de sexualidad en la unidad familiar – incesto – es el tercer ejemplo.

¿Por qué es tan importante la familia? Porque sin ella la estabilidad social es imposible. Porque sin ella pasar los valores sociales de generación en generación es imposible. Porque el compromiso con la esposa e hijos hace más responsables y maduros a los varones. Porque, más que cualquier otra cosa, la familia suple las necesidades emocionales y materiales más profundas de la mayoría de las mujeres. Y por último nada puede competir con la familia para dar a los niños una infancia estable y feliz.

Y, ¿por qué el adulterio es una amenaza para la familia? La razón más obvia es que tener sexo con otra persona fuera de la pareja puede evidentemente hacer que uno o los dos esposos abandonen el matrimonio. El adulterio no lleva automáticamente al divorcio, pero muchas veces así ocurre. Hay otra razón por la que el adulterio puede destruir a la familia. Puede llevar a un embarazo y el nacimiento de un niño. Ese niño prácticamente en todos los casos empezará su vida sin una familia – es decir sin un padre y una madre unidos en matrimonio – que pueda considerar suya.

Y si el adulterio no destruye a la familia, prácticamente siempre hace un daño terrible al matrimonio. Aparte del sentimiento de traición y pérdida de confianza que causa, significa que la parte adultera vive una vida fraudulenta. Cuando un esposo o esposa tiene relaciones sexuales con otra persona, sus pensamientos están constantemente centrados en esa tercera persona y en cómo engañar a su pareja. La vida de engaños que el adulterio necesita inevitablemente daña al matrimonio incluso si la persona traicionada no sabe nada.

Finalmente, el mandamiento de prohibición del adulterio no fue dado con una nota explicativa a pie de página que diga que está permitido si los dos esposos están de acuerdo. Los esposos o esposas que tienen relaciones extramatrimoniales con el permiso de su pareja quizás no hieran los sentimientos de esta, pero aún así indudablemente dañan la institución del matrimonio. Y proteger la familia, no sólo proteger a los esposos del dolor emocional que causa el adulterio, es la razón de este mandamiento.

Muchos matrimonios, tristemente, tienen muchas dificultades. Y nadie tiene derecho a juzgar el comportamiento de los demás en este tema. Nadie sabe lo que pasa en la intimidad del matrimonio de los demás. Si supiésemos las intimidades, muchas veces quizás entenderíamos por qué se puede buscar el amor fuera del matrimonio. Pero la civilización no puede ser construida o sobrevivir si condona el adulterio. Por eso está prohibido en los Diez Mandamientos.

Traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez de la obra original de Dennis Prager

 

Podrías pensar que de todos los Diez Mandamientos el que necesita menos explicaciones es el Sexto, porque parece estar tan claro. Es el mismo que las Biblias cristianas, las versiones en castellano más usadas, lo traducen como: “No matarás.” A pesar de esto, la verdad es exactamente lo opuesto. Este es probablemente el peor entendido de los Diez Mandamientos.

La razón es que el hebreo original no dice, “no matarás.” Dice, “no asesinarás.” Tanto el hebreo como el castellano tienen dos palabras distintas para expresar como quitar una vida – una es “matar” (הרג en hebreo) y la otra es “asesinar” (רצח en hebreo).

La diferencia entre las dos es enorme. Matar significa: 1) Quitar una vida – bien sea de un ser humano o un animal. 2) Quitar una vida humana deliberadamente o por accidente. 3) Quitar una vida humana legal o ilegalmente, moral o inmoralmente.

Por otro lado, asesinar solo puede significar una cosa: Tomar una vida humana ilegal o inmoralmente.

Por todo esto decimos, “maté un mosquito,” no “asesiné un mosquito.” Y por eso es por lo que diríamos, “el trabajador murió en un accidente,” no “el trabajador fue accidentalmente asesinado.”

¿Por qué la mayoría de las Biblias cristianas y algunas judías usan la palabra “matar” en lugar de “asesinar”? Porque hace cuatrocientos años o más cuando las traducciones se hicieron, “matar” era sinónimo de “asesinar.” Como resultado de esto, muchos lectores no se dan cuenta de que el castellano ha cambiado desde esa época y por lo tanto creen que los Diez Mandamientos prohíben matar. Todo tipo de formas de dar muerte. Pero, evidentemente, no es así. Si los Diez Mandamientos prohibiesen matar, todos deberíamos ser vegetarianos – matar animales estaría prohibido. Y todos deberíamos ser pacifistas – ya que no se podría matar ni en defensa propia.

Sin embargo, para entender que los Diez Mandamientos no pueden prohibir matar no hace falta conocer la evolución de las traducciones de la Biblia al castellano. Exactamente la misma parte de la Biblia que contiene los Diez Mandamientos – los Cinco Libros de Moises, la Torá – ordena la pena de muerte para el asesinato; permite matar en la guerra; prescribe sacrificios animales y permite el consumo de carne.

Entender correctamente el mandamiento en contra del asesinato es crucial porque, mientras que prácticamente todas las traducciones modernas traducen correctamente el mandamiento como “no asesinarás”, todavía muchos citan las traducciones antiguas para justificar dos posiciones que no tienen ningún fundamento bíblico: la oposición a la pena de muerte y el pacifismo.

Respecto a la pena de muerte y la Biblia, la única ley que aparece en todos y cada uno de los Cinco Libros de Moisés es la que dice que los asesinos deben ser ejecutados. Los que se oponen a la pena de muerte por supuesto son libres de oponerse a ella y creer que los asesinos tienen derecho a la vida. Pero no pueden citar la Biblia para apoyar su argumento. Aún así, muchos lo hacen. Y siempre citan el mandamiento, “no matarás.” Pero eso, como debería ser meridianamente claro ya, no es lo que dice el mandamiento, y es por tanto un argumento no válido.

Respecto al pacifismo, la creencia de que siempre está mal matar a un ser humano, de nuevo, cualquiera es libre de pensar así, por inmoral que pueda ser. ¿Qué otra palabra sino “inmoral” se puede usar para describir la prohibición de matar a alguien que está a punto de asesinar a personas inocentes?

Es deshonesto citar el mandamiento  en contra del asesinato para justificar el pacifismo. Hay una forma de matar que es moral – la más obvia cuando se hace en defensa propia ante un agresor que va a asesinar – y hay formas de matar inmorales. La palabra para esas formas de matar inmorales es asesinato.

Los Diez Mandamientos se representan en dos tablas. Los cinco mandamientos de la segunda tabla todos se refieren a mandamientos entre el hombre y su prójimo.

El primero de esta lista de la segunda tabla es “no asesinarás.” ¿Por qué? Porque el asesinato es el peor acto que puede cometer una persona. El resto, los otro cuatro mandamientos – no robarás, no adulterarás, no darás falso testimonio y no codiciarás – son serias ofensas. Pero asesinar lidera la lista porque quitar la vida de una persona inocente deliberadamente es la cosa más terrible que podemos hacer.

La próxima vez que alguien cite “no matarás” cuando hable del Sexto Mandamiento, con educación pero con firmeza explícale que en realidad dice “no asesinarás.”

 

Traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez de la obra original de Dennis Prager

 

El quinto de los Diez Mandamientos dice: “Honra a tu padre y a tu madre.”

Este mandamiento es tan importante que es uno de los pocos mandamientos en toda la Biblia que da su razón para observarlo: “Para que tus días se alarguen en la tierra que el Señor tu Dios os da.”

Mucha gente lee esta parte del Quinto Mandamiento como el premio. Pero aunque pueda considerarse un premio, el hecho es que es la razón: “Si construyes una sociedad en la que los hijos honren a sus padres, tu sociedad sobrevivirá por un largo tiempo.” Y el corolario es: “Una sociedad cuyos hijos no honran a sus padres está condenada a la autodestrucción.”

En nuestro tiempo, la conexión entre honrar a los padres y mantener la civilización no es ampliamente reconocida como tal. Al contrario, muchos de los padres mejor educados no creen que los hijos necesiten honrarlos, ya que “honrar” implica una figura de autoridad, y ese es el estatus que muchos padres modernos rechazan. Más aún, muchos padres buscan ser amados por sus hijos, no honrados. Sin embargo, ni los Diez Mandamientos ni el resto de la Biblia nos manda amar a nuestros padres. Esto es particularmente chocante dado que la Biblia nos manda amar al prójimo, amar a Dios y amar al extranjero.

La Biblia entiende que siempre habrá individuos que, por la razón que sea, no van a amar a sus padres. Por lo tanto, no pide lo que puede ser psicológicamente o emocionalmente imposible. Pero si pide que honremos a nuestros padres. Y hace esta exigencia solo respecto a los padres. En toda la Biblia no se nos manda honrar a ninguna otra persona.

Entonces, ¿por qué es tan importante honrar a los padres? ¿Por qué creen los Diez Mandamientos que la sociedad no podrá sobrevivir si este mandamiento es ampliamente transgredido? Una razón es, que como hijos, así lo necesitamos. Los padres pueden querer ser honrados – y deberían quererlo – pero los hijos necesitan honrar a los padres. Un padre y una madre que no son honrados son esencialmente colegas adultos de sus hijos. No son padres. Ninguna generación conoce mejor las terribles consecuencias de crecer sin un padre como la nuestra. Los hijos sin padre es mucho más fácil que cometan actos violentos, maltraten a las mujeres y vayan en contra de la sociedad de muchas otras formas. Las hijas que no tienen un padre a quien honrar – y, con suerte, amarlo también – es mucho más fácil que busquen a los varones equivocados y caigan en la promiscuidad a una edad temprana.

Segundo, honrar a los padres es prácticamente como todos nosotros llegamos a reconocer que hay una autoridad moral por encima de nosotros ante la que somos responsables de dar cuentas morales. Y sin esto, no podemos crear o mantener una sociedad moral. Por supuesto, para los Diez Mandamientos, Dios tienen la autoridad moral final, por lo tanto más alta incluso que la de nuestros padres. Pero es muy difícil llegar a honrar a Dios sin haber tenido un padre, especialmente un padre varón, a quien honrar. Sigmund Freud, el padre de la psiquiatría y ateo, teorizó que la actitud hacia nuestro padre ampliamente moldea nuestra actitud hacia Dios.

Hay otra razón más por la que honrar a los padres es fundamental para una sociedad buena. Honrar a los padres es el mejor antídoto para el totalitarismo. Una de las primeras medidas que buscan todos los regímenes totalitarios es romper los lazos paterno filiales. Así la fidelidad y lealtad de los hijos hacia los padres cambian al estado. Incluso en las sociedades democráticas cuanto mayor sea el estado, más usurpa al rol paterno.

Finalmente, hay muchas maneras de honrar a los padres. La norma general es: Los padres reciben un tratamiento especial. Los padres son únicos; así deben ser tratados de una forma única. No te diriges a ellos de la misma forma que a cualquier otra persona. Por ejemplo, puedes usar palabras más o menos impropias al hablar con un amigo; no con un padre. No te diriges a ellos por su nombre propio. Y cuando dejas su casa y formas tu propio hogar, sigues en contacto con ellos. No mantener el contacto es lo opuesto a honrarlos.

Y, sí, todos podemos reconocer que algunos padres se comportan de forma tan cruel – y me refiero a verdadera crueldad, no a ser molestos – que es casi imposible honrarlos. Esos casos existen. Pero son raros.

Por último recuerda esto, si tus hijos ven como honras a tus padres, por difícil que sea muchas veces, la probabilidad de que te honren a ti será muchísimo mayor.

 

Traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez de la obra original de Dennis Prager

No hay otro documento comparable a los Diez Mandamientos que haya cambiado tanto la historia universal para bien. La Civilización Occidental, la civilización que ha desarrollado los derechos humanos universales, la igualdad de la mujer, el final de la esclavitud, que creó la democracia parlamentaria, entre otros logros únicos, no hubiese sido posible sin ellos.

Como veremos cuando cada uno de los Diez Mandamientos sea explicado, veremos que son tan relevantes hoy como lo eran cuando fueron entregados hace más de tres mil años. De hecho, son tan relevantes, que los Diez Mandamientos son todo lo que se necesita para crear un mundo bueno, libre de tiranía y crueldad.

Imagina por un segundo un mundo en el que no haya ni asesinatos ni robos. En semejante mundo no habría necesidad de ejércitos,  ni policía, ni armas. Adultos y niños podrían caminar a cualquiera hora del día y de la noche por cualquier camino sin miedo a ser asesinados o robados. Imagina un mundo en el que nadie codiciase las posesiones de sus vecinos. En el que los hijos honrasen a sus padres y madres y la unidad familiar prosperase. Un mundo en el que todo el mundo obedeciese el mandato de no mentir. No hace falta añadirle ningún otro ingrediente a esta receta para un mundo mejor que estos Diez Mandamientos sublimes.

Pero tienen una trampa. Los Diez Mandamientos están basados en que fueron dados por una autoridad superior a la de cualquier hombre, rey o gobierno. Es por eso que la frase que precede a los Diez Mandamientos dice: “Dios habló todas estas palabras”. Si los Diez Mandamientos, tan grandes como son, fuesen dados por una autoridad humana cualquiera se podría decir: “¿Quién es ese tal Moisés? ¿Quién es ese rey o reina? ¿Quién es ese gobierno para decirme a mí cómo debo comportarme?”

Entonces, ¿por qué es Dios imprescindible para los Diez Mandamientos? Porque, para ser lo más directo posible, si no es Dios quien declara que el asesinado está mal, el asesinato no es malo. Sí, es verdad, que esto vuelve locos a mucha gente hoy en día y les parece incomprensible. Incluso absurdo. Muchos al leer esto pensarán, ¿está escribiendo realmente que no puedes ser una buena persona sin creer en Dios? Déjame responder tan claro como se pueda. No estoy escribiendo eso. Por supuesto que hay muchas personas buenas que no creen en Dios, exactamente igual que hay muchas malas personas que creen en Dios. Muchos seguro que al leer esto pensarán: “Yo creo que el asesinato está mal y yo no necesito que me lo tenga que decir Dios”. Esa reacción es sólo una verdad a medias. No tengo ninguna duda de que si eres ateo y dices que crees que el asesinato está mal, crees que el asesinato está mal. Pero perdona, sí que necesitas que te lo diga Dios. Todos necesitamos que Dios nos lo diga. Porque incluso si eres capaz de deducir, sin que Dios lo diga, que el asesinato está mal, sin Dios diciéndolo en los Diez Mandamientos, ¿cómo sabes que está mal? No sólo creer que está mal, quiero decir, saber realmente que está mal. El hecho es que no puedes. Sin Dios el bien y el mal es una cuestión de creencia personal. De opiniones personales. Yo creo que robar está bien, tú no. Salvo que haya un Dios, toda la moralidad es sólo una cuestión de opinión y creencia personal. Como han señalado prácticamente todos los filósofos morales de la historia.

Otro problema con el punto de vista de que no necesitas a Dios para decirte que el asesinato está mal, es que demasiada gente no ha compartido esa idea precisamente. No hace falta ir muy atrás en la historia para demostrarlo. En el siglo XX en sociedades comunistas y en la Alemania nazi con millones de ciudadanos, se asesinaron cerca de 100 millones de personas. Y eso sin tener en cuenta ni un solo soldado muerto en la guerra. No creas con tanta seguridad que la gente es capaz de diferenciar por sí sola el bien del mal sin una autoridad superior. Es demasiado fácil ser arrastrado por un gobierno, un demagogo, una ideología o racionalizar que el mal que estás haciendo no es malo en realidad. E incluso aunque seas capaz de razonar lo que está bien y lo que está mal, Dios sigue siendo necesario. La gente que conoce la diferencia entre lo correcto y lo incorrecto, hacen lo incorrecto todo el tiempo. ¿Sabes por qué? Porque pueden. Pueden porque piensan que nadie los está viendo. Pero si reconoces que Dios es la fuente de la moral, crees que siempre te está viendo. Incluso si eres ateo querrás que la gente viva según las leyes morales de los Diez Mandamientos. E incluso un ateo tiene que admitir que cuanta más gente crea que Dios los declaró y por lo tanto no son sólo opiniones discutibles, el mundo será un mundo mejor.

En los más de tres mil años que han transcurrido desde que se promulgaron nadie ha sido capaz de crear un sistema mejor que el de los Diez Mandamientos basados en Dios para crear un mundo mejor, y nadie lo hará jamás.

Traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez de la obra original de Dennis Prager

Mucha gente que revera a los Diez Mandamientos no piensan que el cuarto es particularmente importante, por no hablar de obligatorio. Una vez que se comprende, sin embargo, se reconocerá hasta qué punto el cuarto mandamiento cambia la vida, e incluso cambia el mundo. Y se empezará a apreciar su relevancia en tu propia vida.

El cuarto mandamiento dice: “Recuerda el Shabat para mantenerlo santo. Seis días harás todo tu trabajo, pero el séptimo es un Shabat para el Señor tu Dios. En él no harás ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo ni hija, ni tu sirviente o sirvienta, no tus animales, ni ningún extranjero que resida en tus ciudades.”

¿Por qué es tan importante?

Primero, quizás más que ningún otro mandamiento, eleva al ser humano. ¿Cómo? Durante prácticamente toda la historia de la humanidad, la vida consistió abrumadoramente en trabajar sin parar. Los humanos eran bestias de carga. Este mandamiento y sólo este mandamiento cambió todo eso insistiendo en que se deje de trabajar un día de cada siete.

Segundo, más que ningún otro mandamiento, el Shabat recuerda que nacemos para ser libres. Como dice la segunda versión del mandamiento – que aparece citada de nuevo por Moisés en el libro del Deuteronomio –, “recuerda que fuisteis esclavos en Egipto.” Dicho de otra forma, recuerda que los esclavos no pueden tener un Shabat. A la luz de esto, añade que bajo el punto de vista bíblico, salvo que sea estrictamente necesario para la supervivencia, si se trabajan siete días a la semana esencialmente se es un esclavo – esclavo del trabajo o quizás del dinero, pero esclavos al fin y al cabo. El millonario que trabaja los siete días de la semana es simplemente un esclavo rico.

Tercero, mientras que la Biblia no pudo abolir la esclavitud universalmente, el Shabat humanizó en gran medida esa terrible institución e incluso ayudó a hacer la esclavitud imposible. Por definición, el que tiene un esclavo no tiene obligación de darle ningún descanso, mucho menos un día entero cada semana. Eso es exactamente lo que el cuarto mandamiento manda. Por lo tanto un esclavo, por supuesto, también es un ser humano.

Cuarto, el Shabat casi por sí solo crea y refuerza los lazos familiares y la amistad.  Cuando se tiene un día libre de trabajo una vez a la semana, ese día casi inevitablemente se convierte en un día que se pasa con los demás – bien con la familia y/o con amigos. También tiene efectos positivos similares en los matrimonios. Pregúntale a cualquiera casado con un adicto al trabajo lo bueno que sería para su matrimonio si el adicto al trabajo no trabajase un día a la semana – y así puedes apreciar el poder del día de Shabat.

Quinto, el mandamiento del Shabat garantiza la dignidad de los animales. Incluso hasta los animales domésticos tenían que descansar un día a la semana. Es, hasta donde llega mi conocimiento, la primera ley nacional en toda la historia para los animales. Los beneficios para los animales seguro que fueron más allá del día de descanso en sí. Los dueños que se sentía divinamente obligados a dar a sus animales un día de descanso a la semana seguro que eran mucho menos propensos a tratarlos con crueldad cualquier otro día de la semana.

Todos estos cinco beneficios que transforman la vida cotidiana y la sociedad, están a disposición de cualquiera. No hace falta que seas judío o cristiano o que ni siquiera creas en Dios para disfrutar de ellos. Pero la realidad es que solo aquellos que creen que los Diez Mandamientos fueron dados por Dios son los que han mantenido al Shabat vivo.

Dios es un factor que también juega su papel en el Shabat. Así como la fe en Dios lleva  la gente a guardar el Shabat, observar el Shabat lleva a la gente a la fe en Dios. Esa es la razón por la que la primera versión de los Diez Mandamientos, la versión del libro del Éxodo, termina con estas palabras: “En seis días hizo Dios los cielos y la tierra, el mar y todo lo que está en ellos, pero descansó el séptimo día. Por lo tanto Dios bendijo el Shabat y lo hizo santo.”

Sea como sea que interpretes lo que son seis días – los seis “días” evidentemente no pueden ser días de 24 horas para Dios – el significado es este. Cada vez que guardas el Shabat estás afirmando que hay un Creador, que el mundo no surgió espontáneamente, que la vida no es una mera coincidencia sin sentido último, sino que la vida está infinitamente llena de sentido y cada uno de nosotros es único y tiene un propósito de ser.

Para ser solo un día a la semana no está mal que pueda incluir todo lo anterior. No es de extrañar que el Shabat sea uno de los Diez Mandamientos. No es de extrañar que los que lo tienen en sus vidas son muchas veces más felices, con vidas familiares más ricas, más serenidad, una comunidad de amigos e incluso mejor salud. Quizás debas comprobarlo por ti mismo y probarlo.

Traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez de la obra original de Dennis Prager

¿Existe algo así como “el peor pecado del mundo”? ¿Un pecado que sea peor que todos los demás? Pues sí. Existe. Sé que para mucha gente no es así. Hay diferentes opiniones. Algunos sostienen que no podemos decir que haya unos pecados peores que otros. Dicen, como se oye tantas veces “Para Dios un pecado es un pecado”. Según este punto de vista si alguien roba una grapadora de su oficina comete un pecado tan grave a los ojos de Dios como un asesino. Pero la mayoría de la gente intuitivamente, tanto como bíblicamente, entiende claramente que hay pecados que tienen mayor gravedad. Tengamos confianza en que Dios tiene al menos tanto sentido común como nosotros. El Dios del judaísmo y el cristianismo no equipara robar un objeto de tu oficina con el asesinato.

Entonces, ¿cuál es el “peor pecado”? El peor pecado es cometer el mal en nombre de Dios. ¿Cómo lo sabemos? Por el tercer mandamiento de los Diez Mandamientos. Este es el único de los Diez Mandamiento que dice que Dios no perdonará al que lo transgreda. ¿Qué dice exactamente el mandamiento? Comúnmente se suele traducir como “no tomes el nombre del Señor tu Dios en vano. Porque el Señor no te considerará inocente”, es decir “no perdonará” a quien tome su nombre en vano.

La mayoría entiende, como es comprensible, que el mandamiento prohíbe decir el nombre de Dios si no es por una buena razón. Así una expresión del tipo de “¡Dios, que día más horrible tuve hoy en el trabajo!” es una violación del tercer mandamiento. Pero esa interpretación presenta un problema muy grande. Significaría que mientras que Dios podría perdonar la transgresión de cualquier otro mandamiento – como deshonrar a los padres, robar, adulterar o incluso cometer un asesinato – nunca perdonaría a alguien que dijese: “¡Dios, que día más horrible tuve hoy en el trabajo!” Seamos honestos. Eso convertiría a Dios y a los Diez Mandamientos en algo moralmente incomprensible.

Como siempre el mandamiento no es el problema. El problema está en la traducción. El original hebreo no dice “No tomarás”, dice “no lleves (no portes).” El hebreo literalmente dice “No lleves el nombre del Señor tu Dios en vano.” Las traducciones más modernas basadas en el hebreo original usan la palabra “no mal uses” en lugar de “tomes.” “No mal uses el nombre del Señor tu Dios.” Esta versión es mucho más cercana a la intención original.

¿Qué significa “llevar”, “portar” o “mal usar” el nombre de Dios? Significa cometer el mal en el nombre de Dios. Y eso Dios no lo perdonará. ¿Por qué no? Cuando una persona que no es religiosa hace el mal, no lleva a Dios y a la religión a descrédito. Pero cuando alguien supuestamente religioso comete un mal, especialmente en el nombre de Dios, no solo están haciendo un mal, están haciendo un daño terrible al denigrar el nombre de Dios.

En nuestro tiempo, hay un ejemplo claro de lo escrito anteriormente. Los males cometidos por los islamistas que torturan, bombardean, decapitan y asesinan masivamente – todo en el nombre de Dios – haciendo un daño terrible al nombre de Dios. No es por coincidencia que el llamado nuevo ateísmo – la nueva erupción de activismo ateísta – surgió justo después de los ataques islamistas del 11 de septiembre en Nueva York. De hecho, el argumento más frecuente en contra de Dios y la religión es el mal que se comete en nombre de Dios – bien sea hecho hoy en el nombre de Alá o en el pasado en nombre de Cristo.

Los que matan en el nombre de Dios no sólo matan a sus víctimas, matan a Dios, también. Esa es la razón por la que peor pecado es el mal cometido en el nombre de la religión. Eso es lo que el tercer mandamiento enseña. No lleves el nombre de Dios en vano. Si lo haces, Dios no te perdonará.

Traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez de la obra original de Dennis Prager

 

Analicemos el Segundo Mandamiento según la enumeración judía que es la más antigua. En la tradición cristiana es el Primer Mandamiento. La traducción más común es: “NO TENDRÁS OTROS DIOSES DELANTE DE MÍ.” El mandamiento prohíbe tanto fabricar como adorar ídolos. La mayoría de la gente piensa que este mandamiento sólo se refiere a prohibir el culto de ídolos y de dioses como los antiguos dioses paganos de la lluvia, la fertilidad, todos los dioses de la naturaleza y los dioses principales como Júpiter en Roma o el griego Zeus. Sin embargo, hay un problema muy grande al entender así este mandamiento. Ya que nadie hoy en día da culto a esos dioses, por no hablar de a ídolos hechos de piedra, la mayoría creen que este mandamiento es irrelevante para la vida moderna. La ironía es que a pesar de esto este mandamiento no sólo es importante para la vida moderna, sino que de muchas maneras es el padre de todos los demás mandamientos.

¿Por qué es tan relevante hoy en día? Porque hoy tenemos por lo menos tantos dioses falsos como los antiguos. Y, ¿por qué este mandamiento es el padre de todos los demás mandamientos? Porque si identificamos los dioses falsos y evitamos darles culto, eliminaremos una de las mayores barreras para un mundo bueno: los dioses falsos. Empecemos definiendo lo que es un dios falso. La clave del monoteísmo bíblico es que hay un solo Dios y que sólo a este Dios, el Creador del universo que pide que observemos estos Diez Mandamientos, se le debe dar culto. ¿Por qué? Primero, porque un único Dios significa una raza humana. Una sola humanidad. Solo si todos tenemos el mismo Creador, o Padre, por así decir, somos hermanos. Segundo, tener el mismo padre también significa que no hay persona o grupo que sea intrínsecamente más valioso que otro. Y tercero, un Dios único significa que hay un solo estándar moral para todo el mundo. Si Dios declara que el asesinato está mal, está mal para todos, y no podrás acudir a otro dios a por otro estándar moral.

Cuando se le da culto a cualquier otra cosa, el resultado son maldades. No sólo si hablamos de cosas que pueden evidentemente generar un mal como el culto al poder, o la raza, o al dinero, o a la bandera. Sino incluso cosas que casi siempre se ven como hermosas: como el arte, o la educación o incluso el amor. Sí, cualquiera de estas cosas maravillosas, cuando se idolatran, pueden llevar a resultados terribles.

Veamos por ejemplo el arte. Muchos de los personajes más crueles de la historia amaban la música y el arte. Pero, como amante de la música, he aprendido el triste hecho de que la música magistral puede ser usada tanto para inspirar el seguir a una causa maligna como a hacer el bien. El gran director de Hollywood Stanley Kubrick demuestra este punto en el clásico de 1971 “La naranja mecánica.” En ella hombres violan y asesinan mientras se escucha música clásica de fondo.

Con la educación pasa algo parecido. Todos podemos reconocer la importancia de la educación: desde preparar a la gente para conseguir un buen trabajo hasta poder entender el mundo. Pero la educación por sí sola, separada de los grandes fines de Dios y la bondad, puede llevar, y muchas veces lo hace, a grandes males. Prácticamente la mayoría de los que en occidente daban apoyo a los regímenes genocidas de Stalin en la Unión Soviética y Mao en China tenían una educación superior. No hay nada en tener un doctorado que garantice que una persona sea más sabia, misericordiosa, o más ética que alguien que sólo tiene el bachiller.

Lo mismo se aplica incluso al amor. El amor, por supuesto, es tan hermoso tantas veces. Pero, también, puede conllevar un mal. En el siglo XX la gente que puso el amor por su país por encima del amor a Dios y la bondad muchas veces cometieron atrocidades terribles.

Aquí te planteo una prueba: Imagínate que la mascota a la que amas y un completo extraño, alguien a quien no conoces y por lo tanto no puedes amar, se están ahogando. ¿A quién intentas salvar primero a tu mascota o al extraño? Si el amor es un fin en sí mismo salvarás a tu mascota. Pero si piensas que la vida humana es más valiosa que el amor, no seguirás el amor por tu mascota.

Este mandamiento es el que hizo posible la revolución ética de la Biblia y de los Diez Mandamientos, lo que se conoce como el monoteísmo ético. Da culto al Dios de los Diez Mandamientos y crearás un mundo mejor. Idolatra a un dios falso, por muy noble que suene, y terminarás con un mundo de crueldad.

 

Traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez de la obra original de Dennis Prager