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Analicemos el Segundo Mandamiento según la enumeración judía que es la más antigua. En la tradición cristiana es el Primer Mandamiento. La traducción más común es: “NO TENDRÁS OTROS DIOSES DELANTE DE MÍ.” El mandamiento prohíbe tanto fabricar como adorar ídolos. La mayoría de la gente piensa que este mandamiento sólo se refiere a prohibir el culto de ídolos y de dioses como los antiguos dioses paganos de la lluvia, la fertilidad, todos los dioses de la naturaleza y los dioses principales como Júpiter en Roma o el griego Zeus. Sin embargo, hay un problema muy grande al entender así este mandamiento. Ya que nadie hoy en día da culto a esos dioses, por no hablar de a ídolos hechos de piedra, la mayoría creen que este mandamiento es irrelevante para la vida moderna. La ironía es que a pesar de esto este mandamiento no sólo es importante para la vida moderna, sino que de muchas maneras es el padre de todos los demás mandamientos.

¿Por qué es tan relevante hoy en día? Porque hoy tenemos por lo menos tantos dioses falsos como los antiguos. Y, ¿por qué este mandamiento es el padre de todos los demás mandamientos? Porque si identificamos los dioses falsos y evitamos darles culto, eliminaremos una de las mayores barreras para un mundo bueno: los dioses falsos. Empecemos definiendo lo que es un dios falso. La clave del monoteísmo bíblico es que hay un solo Dios y que sólo a este Dios, el Creador del universo que pide que observemos estos Diez Mandamientos, se le debe dar culto. ¿Por qué? Primero, porque un único Dios significa una raza humana. Una sola humanidad. Solo si todos tenemos el mismo Creador, o Padre, por así decir, somos hermanos. Segundo, tener el mismo padre también significa que no hay persona o grupo que sea intrínsecamente más valioso que otro. Y tercero, un Dios único significa que hay un solo estándar moral para todo el mundo. Si Dios declara que el asesinato está mal, está mal para todos, y no podrás acudir a otro dios a por otro estándar moral.

Cuando se le da culto a cualquier otra cosa, el resultado son maldades. No sólo si hablamos de cosas que pueden evidentemente generar un mal como el culto al poder, o la raza, o al dinero, o a la bandera. Sino incluso cosas que casi siempre se ven como hermosas: como el arte, o la educación o incluso el amor. Sí, cualquiera de estas cosas maravillosas, cuando se idolatran, pueden llevar a resultados terribles.

Veamos por ejemplo el arte. Muchos de los personajes más crueles de la historia amaban la música y el arte. Pero, como amante de la música, he aprendido el triste hecho de que la música magistral puede ser usada tanto para inspirar el seguir a una causa maligna como a hacer el bien. El gran director de Hollywood Stanley Kubrick demuestra este punto en el clásico de 1971 “La naranja mecánica.” En ella hombres violan y asesinan mientras se escucha música clásica de fondo.

Con la educación pasa algo parecido. Todos podemos reconocer la importancia de la educación: desde preparar a la gente para conseguir un buen trabajo hasta poder entender el mundo. Pero la educación por sí sola, separada de los grandes fines de Dios y la bondad, puede llevar, y muchas veces lo hace, a grandes males. Prácticamente la mayoría de los que en occidente daban apoyo a los regímenes genocidas de Stalin en la Unión Soviética y Mao en China tenían una educación superior. No hay nada en tener un doctorado que garantice que una persona sea más sabia, misericordiosa, o más ética que alguien que sólo tiene el bachiller.

Lo mismo se aplica incluso al amor. El amor, por supuesto, es tan hermoso tantas veces. Pero, también, puede conllevar un mal. En el siglo XX la gente que puso el amor por su país por encima del amor a Dios y la bondad muchas veces cometieron atrocidades terribles.

Aquí te planteo una prueba: Imagínate que la mascota a la que amas y un completo extraño, alguien a quien no conoces y por lo tanto no puedes amar, se están ahogando. ¿A quién intentas salvar primero a tu mascota o al extraño? Si el amor es un fin en sí mismo salvarás a tu mascota. Pero si piensas que la vida humana es más valiosa que el amor, no seguirás el amor por tu mascota.

Este mandamiento es el que hizo posible la revolución ética de la Biblia y de los Diez Mandamientos, lo que se conoce como el monoteísmo ético. Da culto al Dios de los Diez Mandamientos y crearás un mundo mejor. Idolatra a un dios falso, por muy noble que suene, y terminarás con un mundo de crueldad.

 

Traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez de la obra original de Dennis Prager