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La prohibición de que una persona casada tenga relaciones sexuales con cualquiera, salvo con su esposo o esposa, para mucha gente, es de todos los Diez Mandamientos el más difícil de observar. La razón no será muy difícil de imaginar.

Una de las razones el inmenso poder de los instintos sexuales. Puede ser difícil ser fiel durante todo el matrimonio – especialmente cuando una persona atractiva ajena al matrimonio se presenta como disponible romántica o sexualmente. Otra razón es el deseo humano de amar y ser amado. Para la gente normal, no hay emoción más poderosa que el amor. Si alguien se enamora de otra persona mientras está casado, requiere un gran esfuerzo no cometer adulterio con esa persona. Si encima añadimos la desafortunada circunstancia de un matrimonio sin amor, el adulterio es todavía más difícil de resistir.

¿Por qué se prohíbe el adulterio en los Diez Mandamientos? Porque, como los otros nueve, es indispensable para formar y mantener la civilización. El adulterio amenaza a la unidad básica de la civilización que los Diez Mandamientos quieren crear. Esa unidad básica es la familia – un padre y una madre casados y con hijos. Cualquier cosa que amenace la unidad familiar está prohibida por la Biblia. El adulterio es un ejemplo. No honrar a los padres es otro. La prohibición de inyectar cualquier tipo de sexualidad en la unidad familiar – incesto – es el tercer ejemplo.

¿Por qué es tan importante la familia? Porque sin ella la estabilidad social es imposible. Porque sin ella pasar los valores sociales de generación en generación es imposible. Porque el compromiso con la esposa e hijos hace más responsables y maduros a los varones. Porque, más que cualquier otra cosa, la familia suple las necesidades emocionales y materiales más profundas de la mayoría de las mujeres. Y por último nada puede competir con la familia para dar a los niños una infancia estable y feliz.

Y, ¿por qué el adulterio es una amenaza para la familia? La razón más obvia es que tener sexo con otra persona fuera de la pareja puede evidentemente hacer que uno o los dos esposos abandonen el matrimonio. El adulterio no lleva automáticamente al divorcio, pero muchas veces así ocurre. Hay otra razón por la que el adulterio puede destruir a la familia. Puede llevar a un embarazo y el nacimiento de un niño. Ese niño prácticamente en todos los casos empezará su vida sin una familia – es decir sin un padre y una madre unidos en matrimonio – que pueda considerar suya.

Y si el adulterio no destruye a la familia, prácticamente siempre hace un daño terrible al matrimonio. Aparte del sentimiento de traición y pérdida de confianza que causa, significa que la parte adultera vive una vida fraudulenta. Cuando un esposo o esposa tiene relaciones sexuales con otra persona, sus pensamientos están constantemente centrados en esa tercera persona y en cómo engañar a su pareja. La vida de engaños que el adulterio necesita inevitablemente daña al matrimonio incluso si la persona traicionada no sabe nada.

Finalmente, el mandamiento de prohibición del adulterio no fue dado con una nota explicativa a pie de página que diga que está permitido si los dos esposos están de acuerdo. Los esposos o esposas que tienen relaciones extramatrimoniales con el permiso de su pareja quizás no hieran los sentimientos de esta, pero aún así indudablemente dañan la institución del matrimonio. Y proteger la familia, no sólo proteger a los esposos del dolor emocional que causa el adulterio, es la razón de este mandamiento.

Muchos matrimonios, tristemente, tienen muchas dificultades. Y nadie tiene derecho a juzgar el comportamiento de los demás en este tema. Nadie sabe lo que pasa en la intimidad del matrimonio de los demás. Si supiésemos las intimidades, muchas veces quizás entenderíamos por qué se puede buscar el amor fuera del matrimonio. Pero la civilización no puede ser construida o sobrevivir si condona el adulterio. Por eso está prohibido en los Diez Mandamientos.

Traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez de la obra original de Dennis Prager