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No hay otro documento comparable a los Diez Mandamientos que haya cambiado tanto la historia universal para bien. La Civilización Occidental, la civilización que ha desarrollado los derechos humanos universales, la igualdad de la mujer, el final de la esclavitud, que creó la democracia parlamentaria, entre otros logros únicos, no hubiese sido posible sin ellos.

Como veremos cuando cada uno de los Diez Mandamientos sea explicado, veremos que son tan relevantes hoy como lo eran cuando fueron entregados hace más de tres mil años. De hecho, son tan relevantes, que los Diez Mandamientos son todo lo que se necesita para crear un mundo bueno, libre de tiranía y crueldad.

Imagina por un segundo un mundo en el que no haya ni asesinatos ni robos. En semejante mundo no habría necesidad de ejércitos,  ni policía, ni armas. Adultos y niños podrían caminar a cualquiera hora del día y de la noche por cualquier camino sin miedo a ser asesinados o robados. Imagina un mundo en el que nadie codiciase las posesiones de sus vecinos. En el que los hijos honrasen a sus padres y madres y la unidad familiar prosperase. Un mundo en el que todo el mundo obedeciese el mandato de no mentir. No hace falta añadirle ningún otro ingrediente a esta receta para un mundo mejor que estos Diez Mandamientos sublimes.

Pero tienen una trampa. Los Diez Mandamientos están basados en que fueron dados por una autoridad superior a la de cualquier hombre, rey o gobierno. Es por eso que la frase que precede a los Diez Mandamientos dice: “Dios habló todas estas palabras”. Si los Diez Mandamientos, tan grandes como son, fuesen dados por una autoridad humana cualquiera se podría decir: “¿Quién es ese tal Moisés? ¿Quién es ese rey o reina? ¿Quién es ese gobierno para decirme a mí cómo debo comportarme?”

Entonces, ¿por qué es Dios imprescindible para los Diez Mandamientos? Porque, para ser lo más directo posible, si no es Dios quien declara que el asesinado está mal, el asesinato no es malo. Sí, es verdad, que esto vuelve locos a mucha gente hoy en día y les parece incomprensible. Incluso absurdo. Muchos al leer esto pensarán, ¿está escribiendo realmente que no puedes ser una buena persona sin creer en Dios? Déjame responder tan claro como se pueda. No estoy escribiendo eso. Por supuesto que hay muchas personas buenas que no creen en Dios, exactamente igual que hay muchas malas personas que creen en Dios. Muchos seguro que al leer esto pensarán: “Yo creo que el asesinato está mal y yo no necesito que me lo tenga que decir Dios”. Esa reacción es sólo una verdad a medias. No tengo ninguna duda de que si eres ateo y dices que crees que el asesinato está mal, crees que el asesinato está mal. Pero perdona, sí que necesitas que te lo diga Dios. Todos necesitamos que Dios nos lo diga. Porque incluso si eres capaz de deducir, sin que Dios lo diga, que el asesinato está mal, sin Dios diciéndolo en los Diez Mandamientos, ¿cómo sabes que está mal? No sólo creer que está mal, quiero decir, saber realmente que está mal. El hecho es que no puedes. Sin Dios el bien y el mal es una cuestión de creencia personal. De opiniones personales. Yo creo que robar está bien, tú no. Salvo que haya un Dios, toda la moralidad es sólo una cuestión de opinión y creencia personal. Como han señalado prácticamente todos los filósofos morales de la historia.

Otro problema con el punto de vista de que no necesitas a Dios para decirte que el asesinato está mal, es que demasiada gente no ha compartido esa idea precisamente. No hace falta ir muy atrás en la historia para demostrarlo. En el siglo XX en sociedades comunistas y en la Alemania nazi con millones de ciudadanos, se asesinaron cerca de 100 millones de personas. Y eso sin tener en cuenta ni un solo soldado muerto en la guerra. No creas con tanta seguridad que la gente es capaz de diferenciar por sí sola el bien del mal sin una autoridad superior. Es demasiado fácil ser arrastrado por un gobierno, un demagogo, una ideología o racionalizar que el mal que estás haciendo no es malo en realidad. E incluso aunque seas capaz de razonar lo que está bien y lo que está mal, Dios sigue siendo necesario. La gente que conoce la diferencia entre lo correcto y lo incorrecto, hacen lo incorrecto todo el tiempo. ¿Sabes por qué? Porque pueden. Pueden porque piensan que nadie los está viendo. Pero si reconoces que Dios es la fuente de la moral, crees que siempre te está viendo. Incluso si eres ateo querrás que la gente viva según las leyes morales de los Diez Mandamientos. E incluso un ateo tiene que admitir que cuanta más gente crea que Dios los declaró y por lo tanto no son sólo opiniones discutibles, el mundo será un mundo mejor.

En los más de tres mil años que han transcurrido desde que se promulgaron nadie ha sido capaz de crear un sistema mejor que el de los Diez Mandamientos basados en Dios para crear un mundo mejor, y nadie lo hará jamás.

Traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez de la obra original de Dennis Prager

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