La Unidad de Dios

Publicado: 9 febrero, 2015 en Judaísmo básico

 

Cada vez más es necesario resaltar la particular importancia de la absoluta unidad de Dios que ha sido puesta en entredicho por las formas populares de la cábala prevalentes hoy.

Para apoyar la unicidad debemos apelar a los escritos filosóficos de varios gueonim y rishonim como Saadia Gaon, Rabenu Bahia ibn Pakuda, Rabí Iehudá HaLeví y Maimónides.

Veamos:

  • Dios es incomparable con cualquier creación.
  • Él no es ni macho, ni hembra, ni masculino, ni femenino, pero debido a las limitaciones del lenguaje humano se usan algunos términos de forma alegórica y metafórica para poder expresar de alguna forma el hecho de que Él existe.
  • Su existencia es cualitativamente diferente de cualquier otra existencia y todas las demás existencias dependen de Él y son sostenidas por Él, mientras que Él permanece infinita e insondablemente distinto e independiente de toda creación.
  • Él es una unidad incomparable con cualquier unidad de la creación, Su Unidad no es una unidad que pueda ser dividida o que esté compuesta de partes, ambos extremos solo podrían darse con una unidad sujeta al espacio y el tiempo, tampoco Su Unidad es una en el sentido de especies o tipos.
  • No hay cualidad de la creación que se le pueda aplicar a Él: ni el espacio, ni el tiempo, ni el cambio, ni el concepto de cuerpo, forma o imagen, ni el concepto de llenar un cuerpo, forma o lugar, ni ningún otro factor de la creación – porque Él es Perfecto y Suficiente en Sí mismo y no tiene necesidad de nada de todo esto. Él no es una fuerza o un poder que posea o llene otra cosa, ni es una multiplicidad, ni hay ningún aspecto de multiplicidad en Él – como podría ser el caso si el mundo literalmente estuviese en Él (el Cielo no lo permita). Cada frase bíblica o talmúdica que parezca implicar que una cualidad de la creación se aplica a Él, debe ser entendida como teniendo un significado diferente de su significado literal, porque Él transciende todos los aspectos de la creación. Ninguno de ellos es aplicable a Él.
  • El Esplendor de la Realidad de Su Ser es tan grande que no hay mente que pueda comprender ni siquiera la más mínima parte de Él, porque Él no tiene partes, como rezamos tres veces al día “ולגדלתו אין חקר …y de Su grandeza no hay investigación posible” (Salmos 145: 3).

Por lo tanto uno debe ser precavido y tener siempre presente que la sublime Verdad de Su Ser transciende todo lo que podamos expresar con palabras y las referencias a Él son o bien expresando lo que Él no es o a través de figuras literarias como la metáfora.

Traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez

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En los Diez Mandamientos, el sexto, séptimo, octavo y noveno mandamientos prohíben malas acciones – asesinar, adulterio, robar y el perjurio. Después viene un mandamiento que prohíbe precisamente la raíz que lleva al asesinato, al adulterio, a robar y al perjurio. ¿Cuál es esa raíz? La raíz está en el último de los Diez Mandamientos: “no codiciarás nada de lo que pertenece a otros – ni sus esposas, ni su casa, ni sus sirvientes, ni sus animales, ni nada que les pertenezca.”

Para poder entender este mandamiento y su significancia única, lo primero que hay que entender es que es el único de los Diez Mandamientos que legisla el pensamiento. Todos los demás legislan el comportamiento. De hecho, de los 613 mandamientos en los Cinco Libros de Moisés, prácticamente ningún otro prohíbe pensamientos.

¿Por qué, entonces, los Diez Mandamientos incluyen una ley que prohíbe un pensamiento? Porque es la codicia la que tantas veces lleva a hacer el mal. O, dicho de otra forma, la codicia es lo que lleva a transgredir los cuatro mandamientos anteriores – asesinar, adulterar, robar y perjurar. Piensa en ello. ¿Por qué se hacen estas cosas? En la mayoría de los casos es por codiciar algo que pertenece a otra persona. Obviamente esa es la razón por la que la gente roba – los ladrones codician las propiedades de la víctima del robo. Pero es también la razón para muchos asesinatos. También la codicia es obviamente la razón para el adulterio – querer el esposo o esposa de otra persona. Acerca del perjurio – o “dar falso testimonio” en el lenguaje de los Diez Mandamientos – se hace para encubrir todos los crímenes anteriores causados por la codicia.

Pero aún hay más. Para entender como la codicia es el único pensamiento prohibido en los Diez Mandamientos y uno de los pocos pensamientos prohibidos en toda la Biblia, necesitamos entender qué es codiciar – e igualmente importante, lo que trae como consecuencia.

Codiciar es mucho más que “querer algo.” La verbo hebreo לחמד significa querer algo hasta el punto de arrebatarlo para hacerlo propio – algo que pertenece a otra persona. Hay que resaltar que hay dos elementos que operan en esto: “buscar poseer algo,” y que “pertenece a otra persona.” “Buscar poseer algo” no significa envidiar o en el caso del esposo o esposa de tu prójimo sentir lujuria por esa persona. Ni la envidia, ni los sentimientos de lujuria están prohibidos en los Diez Mandamientos. La envidia y la lujuria sin control por supuesto que pueden llevar a muy malos resultados (también son ambos psicológicamente y emocionalmente destructivos) pero ninguna es prohibida por los Diez Mandamientos. ¿Por qué? Porque no son lo mismo que la codicia. Es la codicia la que casi inevitablemente puede llevar al robo, al adulterio y a veces hasta al asesinato.

Intentaré explicarlo de otra manera distinta. El Décimo Mandamiento no prohíbe decir, “¡Vaya! Menuda casa – o coche o esposo o esposa – que tiene mi vecino (o vecina). Ojalá tuviese yo una casa así – o un coche o esposo o esposa.” Esto puede terminar siendo destructivo. Pero también puede ser finalmente constructivo. ¿Cómo? Puede estimularte a trabajar duro para mejorar tu vida y obtener una casa, un coche o una esposa o esposo como el de tu prójimo. Es sólo cuando quieres – y buscas tener en posesión – la casa, el coche o el esposo o esposa específico que pertenecen a otra persona cuando el mal sobreviene. Eso es lo que el Décimo Mandamiento prohíbe.

Por lo tanto uno de estos Diez Mandamientos, estas diez normas básicas para la vida feliz, debe ser que simplemente no podemos permitirnos codiciar lo que pertenece a nuestro prójimo. Lo que pertenece a otro debe ser considerado como sacrosanto. No debemos buscar la forma de poseer lo que pertenece a los demás. Porque de eso solo saldrá el mal.

Traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez de la obra original de Dennis Prager

 

El noveno de los Diez Mandamientos es “no darás falso testimonio contra tu prójimo.” Esto significa dos cosas: “no mentirás testificando en un juzgado.” Y, “no mientas.” Punto. Recuerda que para prohibir o demandar una acción en los Diez Mandamientos tiene que ser fundamental para construir la civilización. Por importante que haya sido montar en burro cuando los Diez Mandamientos fueron dados no contienen ningún mandamiento de montar en burro con responsabilidad. Cualquier sociedad podrá sobrevivir a sus malos conductores de burros. Pero no puede sobrevivir si desprecia la verdad – bien sea dentro o fuera del juzgado. Si se testifica falsamente en el juzgado, no puede haber justicia. Y sin ni siquiera la esperanza de la justicia, no puede haber civilización.

La Biblia Hebrea es tan firme en esta materia que el castigo para un testigo que da falso testimonio era el mismo que el castigo que hubiese recibido el acusado si el falso testimonio se creyese. En el caso de que el crimen pudiese ser castigado con la muerte, por lo tanto, el falso testigo era susceptible de ser condenado a muerte. Pero este mandamiento no sólo se aplica en las cortes de justicia sino que claramente defiende la verdad en general. Tanto Ibn Ezra, el gran comentarista del s. XII, como uno de los estudioso de la Biblia más influyentes del s. XX, Bervard Childs de la Universidad de Yale, están de acuerdo en que el mandamiento se refiere a decir la verdad en general. Como Childs ha señalado, si los Diez Mandamientos solo se preocupasen de la verdad y la mentira ante la justicia, hubiese añadido las palabras “en el juzgado.”

Hay mucho valores importantes para la sociedad, pero la verdad es probablemente el mas importante. La bondad y la compasión pueden ser los más importantes valores en lo micro, o en el ámbito personal. Pero en lo macro, o a nivel social, la verdad es mucho más importante que la compasión o la benevolencia. Virtualmente todos los grandes males de la sociedad, como la esclavitud africana, el nazismo y el comunismo, se han basado en mentiras.

Había traficantes de esclavos, nazis y comunistas que eran compasivos en sus vidas privadas, pero todos ellos contaron, y la mayoría creían, una gran mentira que les permitía participar en un gran mal. La esclavitud de los africanos fue posible en gran medida por la mentira de que los negros eran innatamente inferiores a los blancos. El Holocausto hubiese sido imposible sin decenas de millones de personas que creían la mentira de que los judíos eran inherentemente inferiores a la llamada raza aria. Y el totalitarismo comunista estaba basado enteramente en mentiras. Es por eso que el periódico oficial del Partido Comunista de la Unión Soviética se llamaba Pradva, en ruso “verdad” – porque el Partido y no la realidad objetiva, era la fuente de la verdad.

Hay un límite para el mal que puede ser hecho por individuos sádicos y sociópatas. Pero para asesinar a millones, vastas cantidades de por otro lado gente normal, incluso decente, deben creer en mentiras. El mal masivo se comete no porque grandes números de personas desean ser crueles, sino porque se les alimente con mentiras que les convencen de que ese mal es realmente bueno. Sin embrago, un gran obstáculo para la verdad es que los creyentes en causas, incluidas las buenas causas, que no ponen la verdad como un valor central, se verán tentados a mentir al servicio de su causa.

Sobran los ejemplos. En los años 80, para ayudar en la causa de los sin techo, el mayor activista que los defendía en Estados Unidos, clamaba que había de 2 a 3 millones de personas viviendo en la calle. Años después admitió en la televisión pública que tenía que dar una cifra para defenderse y se inventó esa. Las estimaciones reales eran de entre 250.000 a 350.000.

De la misma forma, se descubrió como grupos de lucha contra el cáncer exageraban las estadísticas de cáncer cada año. ¿Por qué? Para asustar a más mujeres y que se hiciesen mamografías. Una vez más mintiendo por una buena causa. ¿Por qué es destructivo mentir por una buena causa? Porque si no sabemos la verdad, ¿cómo sabremos gestionar adecuadamente los recursos limitados de la sociedad? En el peor de los casos distorsiona las prioridades de la sociedad y por lo tanto hace un gran daño.

Los Diez Mandamientos sirven para avisarnos que, salvo en raras excepciones como salvar una vida inocente en peligro inminente, no hay causa más importante que la verdad. Los Diez Mandamientos son la mejor lista de instrucciones diseñadas para crear una sociedad buena. Pero tal sociedad no puede ser creada o mantenida en el tiempo si no está basada en la verdad.

Traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez de la obra original de Dennis Prager

 

Se puede defender que el Octavo Mandamiento, “no robarás”, es el único mandamiento que abarca a todos los demás.

¿Cómo puede ser que “no robarás” siendo solo un mandamiento puede abarcar a todos los demás mandamientos? Asesinar es robar la vida de otra persona. El adulterio es robar el esposo de otra persona. Codiciar es el deseo de robar lo que pertenece a otra persona. Dar falso testimonio es robar la justicia. Etcétera.

Este mandamiento es único de otra forma también. Este es el único mandamiento cuyo fin está completamente abierto. Los demás mandamientos son específicos. El Quinto Mandamiento, por ejemplo, dice que debemos honrar a nuestros padres. El Sexto Mandamiento, que prohíbe el asesinato, tratar de quitar la vida de otro ser humano inocente. El Séptimo Mandamiento, que prohíbe el adulterio, es también específico – para la persona casada. Dos personas que no están casadas no pueden cometer adulterio. Pero el mandamiento en contra de robar, ni siquiera menciona ni remotamente lo que está prohibido robar. Lo que significa que no podemos tomar nada, sea lo que sea, que pertenece a otra persona. Y eso, sucesivamente, significa tres grandes consecuencias:

Primero y principalmente, el mandamiento en contra de robar siempre ha sido entendido como no robar otro ser humano – lo que llamamos secuestrar. Por eso cualquiera que tenga aunque sea un conocimiento mínimo, por elemental que sea, del Octavo Mandamiento no podrá ni siquiera soñar que se pueda utilizar la Biblia para justificar la forma común de esclavitud – raptar a un ser humano y venderlo como esclavo. Los críticos de la Biblia argumentan que la Biblia permite la esclavitud. Pero el tipo de esclavitud que describe es lo que se conocía como servidumbre por contrato, venderse uno mismo a otra persona por un periodo fijo de tiempo para pagar una deuda con el trabajo. Esto no tiene nada que ver con raptar personas libres – como fue hecho en África y demás sitios. Esto está expresamente prohibido por el Octavo Mandamiento.

El segundo significado importante de este mandamiento en contra del robo es la santidad de la propiedad. Así como está prohibido raptar personas, está prohibido robar sus posesiones. Una y otra vez ha sido demostrado que la propiedad privada, empezando por la tierra, es indispensable para crear sociedades decentes y libres. Todos los regímenes totalitarios anulan el derecho a la propiedad privada. En el mundo antiguo y en la Edad Media unas pocas personas ricas poseían toda la tierra y la mayoría de la población trabajaba la tierra para el enriquecimiento de sus dueños. En el s. XIX en Europa muchos socialistas argumentaron a favor de destruir la propiedad privada y dársela al “pueblo.” Donde se implementó este consejo, en lo que pasó a conocerse como el mundo comunista, el robo de la propiedad rápidamente resulto en el robo de la libertad, y al final el robo masivo de vidas.

El tercer significado importantísimo del mandamiento en contra del robo trata acerca de todas las cosas no materiales que poseen las personas: su reputación; su dignidad; su confianza; y su propiedad intelectual. Veamos rápidamente todos estos puntos:

1. La reputación. Robar el buen nombre de alguien – bien por difamación, calumnia o rumores – es una forma de robo particularmente destructiva. Porque, al contrario que el dinero o la propiedad, una vez que el buen nombre ha sido robado, prácticamente es imposible restaurarlo por completo.

2. La dignidad. Al acto de robar la dignidad de una persona se le llama humillación. Humillar a una persona, especialmente en público, puede hacer un daño permanente a lo que quizás sea el bien más preciado que poseemos – nuestra dignidad.

3. La confianza. Robar la confianza de una persona se conoce como engañar a alguien. De hecho, el término hebreo para engañar a alguien es גניבת דעת, que literalmente se traduce como “robar el conocimiento.” Un ejemplo de engaño es engañar a otra persona para que compre algo sin contarle los posibles defectos del objeto de compra para hacer la venta fraudulentamente. Otro ejemplo sería cuando se engaña a alguien con proclamaciones no sinceras de amor para obtener favores sexuales.

4. La propiedad intelectual. Esta forma de robo incluye la copia de programas informáticos o la descarga de música o películas sin pagar por ello. Esto es lo que llamamos plagiar.

Robar una vida, una persona, un esposo, la propiedad material, la reputación, la dignidad o la confianza: prácticamente no hay aspecto de la vida humana que no sea dañado – a veces irreparablemente – por el robo. Por eso es por lo que es justo decir que si tuviésemos que observar solo uno de los Diez Mandamientos, observar el mandamiento “no robarás” podría, por sí solo, crear un mundo hermoso.
 

Traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez de la obra original de Dennis Prager

La prohibición de que una persona casada tenga relaciones sexuales con cualquiera, salvo con su esposo o esposa, para mucha gente, es de todos los Diez Mandamientos el más difícil de observar. La razón no será muy difícil de imaginar.

Una de las razones el inmenso poder de los instintos sexuales. Puede ser difícil ser fiel durante todo el matrimonio – especialmente cuando una persona atractiva ajena al matrimonio se presenta como disponible romántica o sexualmente. Otra razón es el deseo humano de amar y ser amado. Para la gente normal, no hay emoción más poderosa que el amor. Si alguien se enamora de otra persona mientras está casado, requiere un gran esfuerzo no cometer adulterio con esa persona. Si encima añadimos la desafortunada circunstancia de un matrimonio sin amor, el adulterio es todavía más difícil de resistir.

¿Por qué se prohíbe el adulterio en los Diez Mandamientos? Porque, como los otros nueve, es indispensable para formar y mantener la civilización. El adulterio amenaza a la unidad básica de la civilización que los Diez Mandamientos quieren crear. Esa unidad básica es la familia – un padre y una madre casados y con hijos. Cualquier cosa que amenace la unidad familiar está prohibida por la Biblia. El adulterio es un ejemplo. No honrar a los padres es otro. La prohibición de inyectar cualquier tipo de sexualidad en la unidad familiar – incesto – es el tercer ejemplo.

¿Por qué es tan importante la familia? Porque sin ella la estabilidad social es imposible. Porque sin ella pasar los valores sociales de generación en generación es imposible. Porque el compromiso con la esposa e hijos hace más responsables y maduros a los varones. Porque, más que cualquier otra cosa, la familia suple las necesidades emocionales y materiales más profundas de la mayoría de las mujeres. Y por último nada puede competir con la familia para dar a los niños una infancia estable y feliz.

Y, ¿por qué el adulterio es una amenaza para la familia? La razón más obvia es que tener sexo con otra persona fuera de la pareja puede evidentemente hacer que uno o los dos esposos abandonen el matrimonio. El adulterio no lleva automáticamente al divorcio, pero muchas veces así ocurre. Hay otra razón por la que el adulterio puede destruir a la familia. Puede llevar a un embarazo y el nacimiento de un niño. Ese niño prácticamente en todos los casos empezará su vida sin una familia – es decir sin un padre y una madre unidos en matrimonio – que pueda considerar suya.

Y si el adulterio no destruye a la familia, prácticamente siempre hace un daño terrible al matrimonio. Aparte del sentimiento de traición y pérdida de confianza que causa, significa que la parte adultera vive una vida fraudulenta. Cuando un esposo o esposa tiene relaciones sexuales con otra persona, sus pensamientos están constantemente centrados en esa tercera persona y en cómo engañar a su pareja. La vida de engaños que el adulterio necesita inevitablemente daña al matrimonio incluso si la persona traicionada no sabe nada.

Finalmente, el mandamiento de prohibición del adulterio no fue dado con una nota explicativa a pie de página que diga que está permitido si los dos esposos están de acuerdo. Los esposos o esposas que tienen relaciones extramatrimoniales con el permiso de su pareja quizás no hieran los sentimientos de esta, pero aún así indudablemente dañan la institución del matrimonio. Y proteger la familia, no sólo proteger a los esposos del dolor emocional que causa el adulterio, es la razón de este mandamiento.

Muchos matrimonios, tristemente, tienen muchas dificultades. Y nadie tiene derecho a juzgar el comportamiento de los demás en este tema. Nadie sabe lo que pasa en la intimidad del matrimonio de los demás. Si supiésemos las intimidades, muchas veces quizás entenderíamos por qué se puede buscar el amor fuera del matrimonio. Pero la civilización no puede ser construida o sobrevivir si condona el adulterio. Por eso está prohibido en los Diez Mandamientos.

Traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez de la obra original de Dennis Prager

 

Podrías pensar que de todos los Diez Mandamientos el que necesita menos explicaciones es el Sexto, porque parece estar tan claro. Es el mismo que las Biblias cristianas, las versiones en castellano más usadas, lo traducen como: “No matarás.” A pesar de esto, la verdad es exactamente lo opuesto. Este es probablemente el peor entendido de los Diez Mandamientos.

La razón es que el hebreo original no dice, “no matarás.” Dice, “no asesinarás.” Tanto el hebreo como el castellano tienen dos palabras distintas para expresar como quitar una vida – una es “matar” (הרג en hebreo) y la otra es “asesinar” (רצח en hebreo).

La diferencia entre las dos es enorme. Matar significa: 1) Quitar una vida – bien sea de un ser humano o un animal. 2) Quitar una vida humana deliberadamente o por accidente. 3) Quitar una vida humana legal o ilegalmente, moral o inmoralmente.

Por otro lado, asesinar solo puede significar una cosa: Tomar una vida humana ilegal o inmoralmente.

Por todo esto decimos, “maté un mosquito,” no “asesiné un mosquito.” Y por eso es por lo que diríamos, “el trabajador murió en un accidente,” no “el trabajador fue accidentalmente asesinado.”

¿Por qué la mayoría de las Biblias cristianas y algunas judías usan la palabra “matar” en lugar de “asesinar”? Porque hace cuatrocientos años o más cuando las traducciones se hicieron, “matar” era sinónimo de “asesinar.” Como resultado de esto, muchos lectores no se dan cuenta de que el castellano ha cambiado desde esa época y por lo tanto creen que los Diez Mandamientos prohíben matar. Todo tipo de formas de dar muerte. Pero, evidentemente, no es así. Si los Diez Mandamientos prohibiesen matar, todos deberíamos ser vegetarianos – matar animales estaría prohibido. Y todos deberíamos ser pacifistas – ya que no se podría matar ni en defensa propia.

Sin embargo, para entender que los Diez Mandamientos no pueden prohibir matar no hace falta conocer la evolución de las traducciones de la Biblia al castellano. Exactamente la misma parte de la Biblia que contiene los Diez Mandamientos – los Cinco Libros de Moises, la Torá – ordena la pena de muerte para el asesinato; permite matar en la guerra; prescribe sacrificios animales y permite el consumo de carne.

Entender correctamente el mandamiento en contra del asesinato es crucial porque, mientras que prácticamente todas las traducciones modernas traducen correctamente el mandamiento como “no asesinarás”, todavía muchos citan las traducciones antiguas para justificar dos posiciones que no tienen ningún fundamento bíblico: la oposición a la pena de muerte y el pacifismo.

Respecto a la pena de muerte y la Biblia, la única ley que aparece en todos y cada uno de los Cinco Libros de Moisés es la que dice que los asesinos deben ser ejecutados. Los que se oponen a la pena de muerte por supuesto son libres de oponerse a ella y creer que los asesinos tienen derecho a la vida. Pero no pueden citar la Biblia para apoyar su argumento. Aún así, muchos lo hacen. Y siempre citan el mandamiento, “no matarás.” Pero eso, como debería ser meridianamente claro ya, no es lo que dice el mandamiento, y es por tanto un argumento no válido.

Respecto al pacifismo, la creencia de que siempre está mal matar a un ser humano, de nuevo, cualquiera es libre de pensar así, por inmoral que pueda ser. ¿Qué otra palabra sino “inmoral” se puede usar para describir la prohibición de matar a alguien que está a punto de asesinar a personas inocentes?

Es deshonesto citar el mandamiento  en contra del asesinato para justificar el pacifismo. Hay una forma de matar que es moral – la más obvia cuando se hace en defensa propia ante un agresor que va a asesinar – y hay formas de matar inmorales. La palabra para esas formas de matar inmorales es asesinato.

Los Diez Mandamientos se representan en dos tablas. Los cinco mandamientos de la segunda tabla todos se refieren a mandamientos entre el hombre y su prójimo.

El primero de esta lista de la segunda tabla es “no asesinarás.” ¿Por qué? Porque el asesinato es el peor acto que puede cometer una persona. El resto, los otro cuatro mandamientos – no robarás, no adulterarás, no darás falso testimonio y no codiciarás – son serias ofensas. Pero asesinar lidera la lista porque quitar la vida de una persona inocente deliberadamente es la cosa más terrible que podemos hacer.

La próxima vez que alguien cite “no matarás” cuando hable del Sexto Mandamiento, con educación pero con firmeza explícale que en realidad dice “no asesinarás.”

 

Traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez de la obra original de Dennis Prager

 

El quinto de los Diez Mandamientos dice: “Honra a tu padre y a tu madre.”

Este mandamiento es tan importante que es uno de los pocos mandamientos en toda la Biblia que da su razón para observarlo: “Para que tus días se alarguen en la tierra que el Señor tu Dios os da.”

Mucha gente lee esta parte del Quinto Mandamiento como el premio. Pero aunque pueda considerarse un premio, el hecho es que es la razón: “Si construyes una sociedad en la que los hijos honren a sus padres, tu sociedad sobrevivirá por un largo tiempo.” Y el corolario es: “Una sociedad cuyos hijos no honran a sus padres está condenada a la autodestrucción.”

En nuestro tiempo, la conexión entre honrar a los padres y mantener la civilización no es ampliamente reconocida como tal. Al contrario, muchos de los padres mejor educados no creen que los hijos necesiten honrarlos, ya que “honrar” implica una figura de autoridad, y ese es el estatus que muchos padres modernos rechazan. Más aún, muchos padres buscan ser amados por sus hijos, no honrados. Sin embargo, ni los Diez Mandamientos ni el resto de la Biblia nos manda amar a nuestros padres. Esto es particularmente chocante dado que la Biblia nos manda amar al prójimo, amar a Dios y amar al extranjero.

La Biblia entiende que siempre habrá individuos que, por la razón que sea, no van a amar a sus padres. Por lo tanto, no pide lo que puede ser psicológicamente o emocionalmente imposible. Pero si pide que honremos a nuestros padres. Y hace esta exigencia solo respecto a los padres. En toda la Biblia no se nos manda honrar a ninguna otra persona.

Entonces, ¿por qué es tan importante honrar a los padres? ¿Por qué creen los Diez Mandamientos que la sociedad no podrá sobrevivir si este mandamiento es ampliamente transgredido? Una razón es, que como hijos, así lo necesitamos. Los padres pueden querer ser honrados – y deberían quererlo – pero los hijos necesitan honrar a los padres. Un padre y una madre que no son honrados son esencialmente colegas adultos de sus hijos. No son padres. Ninguna generación conoce mejor las terribles consecuencias de crecer sin un padre como la nuestra. Los hijos sin padre es mucho más fácil que cometan actos violentos, maltraten a las mujeres y vayan en contra de la sociedad de muchas otras formas. Las hijas que no tienen un padre a quien honrar – y, con suerte, amarlo también – es mucho más fácil que busquen a los varones equivocados y caigan en la promiscuidad a una edad temprana.

Segundo, honrar a los padres es prácticamente como todos nosotros llegamos a reconocer que hay una autoridad moral por encima de nosotros ante la que somos responsables de dar cuentas morales. Y sin esto, no podemos crear o mantener una sociedad moral. Por supuesto, para los Diez Mandamientos, Dios tienen la autoridad moral final, por lo tanto más alta incluso que la de nuestros padres. Pero es muy difícil llegar a honrar a Dios sin haber tenido un padre, especialmente un padre varón, a quien honrar. Sigmund Freud, el padre de la psiquiatría y ateo, teorizó que la actitud hacia nuestro padre ampliamente moldea nuestra actitud hacia Dios.

Hay otra razón más por la que honrar a los padres es fundamental para una sociedad buena. Honrar a los padres es el mejor antídoto para el totalitarismo. Una de las primeras medidas que buscan todos los regímenes totalitarios es romper los lazos paterno filiales. Así la fidelidad y lealtad de los hijos hacia los padres cambian al estado. Incluso en las sociedades democráticas cuanto mayor sea el estado, más usurpa al rol paterno.

Finalmente, hay muchas maneras de honrar a los padres. La norma general es: Los padres reciben un tratamiento especial. Los padres son únicos; así deben ser tratados de una forma única. No te diriges a ellos de la misma forma que a cualquier otra persona. Por ejemplo, puedes usar palabras más o menos impropias al hablar con un amigo; no con un padre. No te diriges a ellos por su nombre propio. Y cuando dejas su casa y formas tu propio hogar, sigues en contacto con ellos. No mantener el contacto es lo opuesto a honrarlos.

Y, sí, todos podemos reconocer que algunos padres se comportan de forma tan cruel – y me refiero a verdadera crueldad, no a ser molestos – que es casi imposible honrarlos. Esos casos existen. Pero son raros.

Por último recuerda esto, si tus hijos ven como honras a tus padres, por difícil que sea muchas veces, la probabilidad de que te honren a ti será muchísimo mayor.

 

Traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez de la obra original de Dennis Prager


Traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez de las enseñanzas de Rabí Moshe Ben-Jaim con los comentarios de Rabí Reuven Mann.

 

¿Podrías darme una explicación de la frase “los elegidos”? ¿Quiénes son? ¿Por qué son los elegidos? ¿Son de alguna forma superiores al resto de pueblos del mundo?

Primero déjame aclarar tu afirmación; el hombre es hombre. Comparados con el resto de naciones, los judíos no tienen ninguna característica humana adicional.

Tú cuestionas el término “pueblo elegido”, yo me pregunto, ¿qué implica “elegido”? Yo lo explicaría como aquel que ha merecido una distinción basada en sus propias acciones, y al que otro le da ese crédito, puede ser llamado “elegido”. ¿Esto se aplica a cada individuo judío? Veamos:

Abraham vivió en una sociedad permeada por practicas idolátricas – él también adoró ídolos. Tras el análisis de lo que es real y verdadero mientras observaba y estudiaba el mundo, Abraham llego a la conclusión de que sólo puede haber un único Dios, Él tiene infinita sabiduría, Su sabiduría se ve reflejada en todo lo que ha creado, Él es justo, bondadoso, misericordioso, y no es parte de la materia de este mundo – Él no es físico. Realizando que el hombre es claramente el único ser racional en la Tierra, Abraham entendió que Dios desea que el hombre use su mente racional por encima de todo. Abraham alcanzó pruebas para su razonamiento, pruebas tales, que Dios deseó que Sus palabras fuesen llevadas a cabo en este mundo por Abraham y sus descendientes, a quien Abraham enseñaría los caminos de Dios. Esto está expresamente escrito en Génesis, 18:19, “Porque yo lo conozco (a él) sé que mandará a sus hijos y a su casa después de él y mantendrán el camino de Dios para hacer caridad y justicia….”

Por la singular razón de que Abraham analizó su vida – y finalmente su relación con Dios – usando su raciocinio, inteligencia, y pruebas, Dios por lo tanto escogió a Abraham – y más tarde a sus descendientes – para ser los guardianes y maestros de Su Torá. Es crucial que uno considere la diferencia entre Abraham y todos sus contemporáneos en aquella era, que es exactamente la misma distinción entre el judaísmo y todas las demás religiones: el judaísmo está basado en el uso de la razón y en pruebas, así como el resto de áreas del conocimiento, como las matemáticas y las ciencias naturales. Al contrario, todas las demás religiones se basan en creencias y afirmaciones que no se pueden probar. Dios no desea este enfoque, demostrado por Su más preciado regalo para el hombre. La inteligencia.

Abraham descubrió a Dios y al judaísmo con los mismos métodos que se usan para probar una verdad científica. Dios creó tanto la religión como la ciencia. Por lo tanto, por su diseño mismo, ambas requieren, idénticamente, un análisis inteligente para descubrir las capas y capas de la sabiduría de Dios envueltas en cada una. Este método racional – el único – es en el que Abraham se concentró para demostrar a los demás la falacia de la idolatría y el politeísmo. Él enseñó la existencia de Dios con pruebas, y que seguir al Creador del universo es lo razonable y lo verdadero. El hombre no puede negar lo lógico, y Abraham rápido atrajo a miles de seguidores. Que Dios se reveló a Sí mismo a Abraham es la irrevocable ratificación de que Abraham descubrió la realidad y la verdad de la vida y del universo. Aprendemos así que Dios esperó a que alguien como Abraham encontrase a Dios, y no al revés. Que Dios se revele a Sí mismo al hombre, sin que por su parte el hombre se esfuerce aplicando su inteligencia, nunca pasará. Dios no quiere que el hombre sea forzado a adorarlo. Es por esto que la Torá dice en conexión con la revelación del Sinaí, (Deut. 5: 19) “Una voz estruendosa, y nada más.” Queriendo decir, aunque un evento histórico de semejante magnitud fue necesario para probar la existencia de Dios y la veracidad de la Torá, también coaccionó a los judíos a aceptar a Dios, ya que la prueba era innegable. Este no es el método deseado por Dios para que el hombre se acerque a Él.

Dios desea que el hombre use su inteligencia, no su miedo, no su fe, no la creencia. Esto se aplica a todas las facetas de la vida, empezando por la más importante, el conocimiento del hombre de, y la adhesión, a Dios. Seleccionando a Abraham y a sus descendientes para enseñar al mundo, Dios simplemente enseña eso.

Los judíos estamos obligados a estudiar la Torá que es el sistema de Dios, tanto para nuestra edificación, como para enseñar a otras naciones, demostrado por el hecho de como la vida de Abraham sirvió para alcanzar a los demás. Por eso, se nos llama el “pueblo elegido” (1), Deut. 10: 15, “Sólo en vuestros patriarcas Dios puso su deseo y los amó, y Él escogió su descendencia después de ellos de entre todos los pueblos, como en este día.”

Basado en las palabras de Dios vemos que, un judío no debe sentir arrogancia hacia el gentil. Ciertamente, si tal judío no es sinceramente observante, no cumple en sí mismo el deseo de Dios para el hombre, ni tampoco merece el término elegido. E incluso cuando uno cumple con el plan de Dios de adherirse a la Torá, el término “elegido” no se refiere a él mismo, sino realmente a Abraham. Leemos en Deute. 7: 8, “Porque por el amor de Dios por ti y Su cumplimiento de Su promesa que Él prometió a tus patriarcas…”

Dios aseguró las bendiciones de Abraham a su hijo Isaac, por la cualificación de que Abraham se adhiere a los ideales de Dios, como dice Génesis 26: 5, “Aumentaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas las tierras, y todas las naciones te bendecirán. A cuenta de que Abraham escuchó Mi voz, y guardó mis leyes, mis mandamientos, estatutos y torot.” (2)

¿Donde encontramos nuestro objetivo de ser “una luz para las naciones” cumplido? En Deut. 4: 6- 8 leemos, “Y tú deberás observarlos y cumplirlos ya que ellos (los mandamientos) son tu sabiduría y entendimiento a los ojos de las naciones, que escucharán todos estos estatutos y declararán que pueblo sabio y lleno de conocimiento es esta gran nación. Porque esta gran nación tiene a Dios tan cercano como Dios cuando ellos lo llaman. Y qué gran nación tiene estatutos y leyes tan justos como esta Torá entera’…” Los rabinos dijeron en sintonía con esta cita, que somos elegidos no por ninguna otra razón sino nada más que para imbuir el mundo con la sabiduría de Dios. Dios no creo “judíos” y “gentiles”. Dios creó al “hombre”. Más tarde el hombre se desvió hacia la idolatría. Pero del plan original de Dios se ve claramente, Él desea que TODA la humanidad lo siga. Él escogió al pueblo más adecuado para recibir, estudiar y enseñar Sus ideas a los demás, para seguir el plan inicial de Dios. Deut. 9: 5- 6 dicen enfáticamente, “No debido a vuestra honradez o vuestra rectitud de corazón venís a heredar la tierra…”

El mismo hecho de que Dios eligió a David y Salomón como Sus reyes, descendientes de conversos, demuestra que Dios juzga a cada uno según sus méritos, no según su genealogía. Que estos grandes hombres no fueses descendientes del pueblo “elegido”, no tiene ninguna importancia para Dios.

Maimónides – respondiendo a la pregunta que le hizo un converso sobre si podía decir en sus oraciones “Dios de nuestros padres” – le instruyó que Abraham era de hecho su padre, ya que “padre” no se mide en términos biológicos, sino en términos ideológicos. Maimónides enseñó que los conversos son verdaderos descendientes de Abraham.

Los judíos se pueden corromper – no estamos exentos de las emociones y opiniones erróneas que llevan a pecar en contra de Dios. Igualmente es cierto que ser miembro del “pueblo elegido” no nos convierte en buenos – nuestro libre albedrío determina nuestro propio merito. Debemos pensar con claridad, y apreciar que el término elegido no recae sobre nosotros hoy en día – es el apelativo de Abraham – que ni siquiera era judío. Compartimos esa referencia, suponiendo que estudiemos, entendamos, enseñemos y sigamos las instrucciones de Dios a Abraham, Isaac, Jacob y Moisés.

Dios desea que toda la humanidad lo conozca. Es sólo por el apego de nuestros patriarcas a los ideales de Dios, que Dios los seleccionó a ellos. Demostraron inteligencia en todas las áreas de la vida empezando por la religión, y encarnaron la perfección moral esencial para actuar como los emisarios de Dios – transfiriendo la voluntad de Dios para el hombre – para todo hombre.

Notas:

(1) “Elegido” no es un término universal que se apliqué a todos los roles de un judío. Elegido significa elegido para una tarea específica.

(2) Una vez elegido, Abraham seguía en peligro de perder su estatus de elegido salvo que permaneciese fiel al camino verdadero. Al contrario que los títulos académicos, el estatus de elegido por Dios es reversible; en proporción directa a la perfección es el deseo de Dios por él.

Ya que todo el mundo acepta el Zohar, ¿qué significa esta aceptación? ¿Aceptar su origen? ¿O también aceptarlo como base de la práctica religiosa? Y, ¿aceptación basada en qué? ¿Qué todo el mundo lo acepta? Osea que todo el mundo acepta el Zohar sobre la base de que todo el mundo acepta el Zohar. ¿Nos obliga la Torá a aceptar el Zohar u otros textos de secretos místicos? ¿Cuál es la extensión de la autoridad de tal texto? La respuesta a todas estas preguntas es independiente de la autoría del texto. Espero que se puedan contestar estas preguntas a la luz de la información contenida en este artículo.

Se nos enseña en Baba Metzia 59 que las decisiones halájicas, la decisión de como implementar la ley judía, deben estar basadas en el debate lógico en el contexto del Bet Din Gadol, el Gran Sanedrín, seguido de una norma apoyada por la mayoría. Las decisiones autorizadas de la ley judía no están basadas en el conocimiento místico. Como es de sobra conocido: לא בשמים הוא (lo bashamaim hi) la Torá “no está en el Cielo” (Deut. 30: 12).

Una vez que la conclusión del Bet Din Gadol es publicada estamos obligados a seguir el decreto publicado como dice la Torá: ועשית על פי הדבר אשר יגידו לך harás según la palabra que ellos te digan – מין המקום ההוא אשר יבחר ה׳  desde el lugar que Dios escogerá – ושמרו לעשות ככל אשר ירוך serás cuidadoso de hacer como todo lo que ellos te instruyan. Hay que darse cuenta de que la Torá solo obliga a seguir a los jueces a los que se refiere Deut. 17: 8 y solo cuando ellos actúan al unísono como un solo órgano. Fijémonos en el uso de la palabra ellos y que todos los verbos están en plural. Las opiniones de Hilel solo se convirtieron en ley judía cuando la mayoría de los sabios decidían la norma de acuerdo a las proposiciones de Hilel. Esta es también la razón por la que el Talmud Ierushalmi recoge que Rabí Shimón ben Iojai actuando contrariamente a sus propias opiniones sobre la ley judía. Cuando se le preguntó acerca del porqué estaba actuando de forma contraria a sus propias opiniones explicó que era debido a que los sabios promulgaron como norma de forma diferente a lo que él opinaba. Precisamente por eso estaba obligado a seguir las normas de los sabios. También la Torá solo obliga a seguir lo que ellos nos instruyen. אשר יגידו לך  Lo que los jueces proclaman. No el conocimiento místico secreto que solo mantenían para ellos. La Torá solo nos obliga a seguir lo que proclaman cuando es desde el lugar escogido en particular. Sólo cuando estas instrucciones son proclamadas desde esa localidad específica. המקום ההוא אשר יבחר ה׳ (Hamakon hahu asher yibjar Adonai) “el lugar, el lugar específico que Dios escogerá”. Sabemos que este lugar es el monte del Templo הר הבית (har habait). Osea que estamos obligados por la Torá a obedecer estas instrucciones de esta corte sólo, ellos en plural, y sólo cuando se decretan desde el monte del Templo.

Esta es la base del concepto siguiente, solo estamos obligados rabínicamente a guardar las instrucciones de la corte tras ser exiliada del monte del Templo. Y una vez que la corte se dispersó y disolvió del todo y aquellos que tenían la semijá auténtica, la ordenación rabínica histórica, o bien murieron o fueron ejecutados, ya no estamos obligados a seguir sus leyes por la Torá ni por la ley rabínica ancestral derivada directamente de la Torá. A la autoridad de todas las cortes posteriores, independientemente de su nivel de sabiduría, les falta la autoridad según la ley anterior de la Torá para ser obligatorias en todo Israel. Mientras que falte la semijá auténtica, no sean 71 jueces actuando en conjunto como un solo órgano y no funcionen como una corte en el monte del Templo, no tienen la autoridad de la Torá.

La autoridad de las cortes inferiores posteriores está restringida a solo algunas materias como por ejemplo las disputas financieras. Y esta autoridad es solo para llevar a cabo los juicios de acuerdo a las leyes promulgadas por la antigua corte extinta. No poseen autoridad para crear o innovar nuevas leyes o prácticas e imponerlas a todo el pueblo de Israel. Sin embargo claramente nuevos tiempos brindan nuevas circunstancias. ¿Qué podemos hacer hoy que la corte autoritativa de los 71 ya no existe? Nuestra única opción es ser tan fieles a las leyes de la corte antigua como podamos. Tanto como a todas las materias que debatieron y de las que registraron sus conclusiones. Y basados en este conocimiento usando la razón determinar como o bien las antiguas leyes se aplican o no se aplican a las nuevas situaciones. ¿Qué diferencia hay entre esto y lo que la antigua corte hizo? La diferencia esencial es una cuestión de autoridad y unidad. Mientras que un sabio de la Torá de cualquier generación decida solo, como las leyes antiguas se aplican, fuera del contexto de los 71 jueces con semijá, sigue siendo su opinión sin la obligatoriedad que tenía la corte, independientemente de lo lógica que le parezca a él o a otra gente. Y ese es el caso de los grandes sabios de la Torá contemporáneos que discrepan en muchísimas materias. A pesar de esto mientras que la aplicación moderna de la legislación antigua tiene una base razonable en las leyes de los antiguos sabios, sin entrar en contradicción con las enseñanzas antiguas, está permitido seguir esas normas modernas. Cada comunidad e individuo voluntariamente decide en qué gran sabio apoyarse. Finalmente es la responsabilidad de cada individuo decidir a qué sabio seguir y a qué comunidad unirse. Las costumbres que se deben adoptar o las prácticas específicas a seguir entre las que los sabios talmúdicos enseñaron dependen de cada costumbre local. Y en estas costumbres no se puede por supuesto permitir lo que prohibieron los sabios talmúdicos como vemos en Shevitat Asor 3: 3 de Mishné Torá. Ningún sabio de la Torá contemporáneo tiene una autoridad intrínseca sobre otro sabio. La autoridad se basa exclusivamente en el grado de consistencia lógica de cualquier aplicación moderna de la ley judía ancestral tal y como el Rambam explica en el comienzo de la introducción inicial de su obra Mishné Torá.

No olvidemos que la Torá manda ofrecer un sacrificio especial cuando en el lenguaje de la Torá “la corte desvela (desvía los ojos) de la comunidad” es decir cuando el Gran Sanedrín causa que las masas pequen por publicar una ley errónea. ¿Son los rabinos modernos más infalibles que el Gran Sanedrín sobre el cual se puede aplicar este mandamiento de la Torá? Las leyes de esta ley errónea en Hiljot Segagot dicen que no.

Algunos dicen yo sigo a los rabinos. Esa es una simplificación exageradísima. ¿Qué rabinos? ¿Sigues a la mayoría de los rabinos? ¿En qué materias? Seguro sabes que están en desacuerdo en muchísimos puntos. ¿Haces una encuesta para conocer la opinión de la mayoría de rabinos en cada ley? ¿O simplemente sigues lo que otros judíos religiosos siguen? ¿Siguen las ovejas a otras ovejas?

El Zohar no cumple con ninguno de los criterios obligatorios para la ley judía. Salvo que uno quiera creerlo ciegamente. Esto es lo mismo que los cristianos que aceptan el Nuevo Testamento simplemente porque otros cristianos también lo aceptan. Ni el Zohar, ni sus enseñanzas únicas fueron proclamadas públicamente por la antigua corte de 71 sabios, ni cuando estaba en el monte del Templo, ni cuando fue exiliada del monte del Templo. Es una transgresión de la Torá actuar sobre cualquier cosa que exponga el Zohar que contradiga las enseñanzas de la antigua corte de Israel, cuyas enseñanzas obligatorias están recogidas exclusivamente en la literatura talmúdica. El que dice que el que no actúa de acuerdo al Zohar transgrede la Torá, él es el que transgrede la prohibición de añadir a la Torá… porque tal persona es la que de hecho le está añadiendo una autoridad al Zohar que Dios sólo le dio a las leyes publicadas por la antigua corte como se menciona en Deuteronomio 17. Los sabios de Israel hicieron leyes públicas regulando como validar las enseñanzas esotéricas y los parámetros de cómo está permitido enseñarlas y aprenderlas. Pero el Zohar no es enseñado ni aprendido según los parámetros de los sabios talmúdicos. El contenido de las enseñanzas esotéricas autorizadas por definición no se puede publicitar a las masas. Por lo tanto esas enseñanzas esotéricas válidas aunque existan no entran en la categoría de ככל אשר ירוך (quejol asher iorujá) “debes hacer como todo lo que ellos te instruyan”. Porque la ley talmúdica prohíbe transmitir así las enseñanzas esotéricas. No se deben ni proclamar públicamente ni exponer al que sea digno. No son ley judía práctica. No son halajá lemaasé. Esto es por lo que precisamente en Hiljot Iesode haTorá 2: 12 se explica, que las enseñanzas esotéricas deben ser “entendidas por su propia mente – el fin de un concepto y su profundidad”. Porque como está escrito en Talmud Torá 1: 13 se enseña que este conocimiento es adquirido “…contemplando y conceptualizando el fin de un concepto desde su comienzo y haciendo inferencias de un concepto a partir de otro;” no entra dentro de lo que es la Ley Oral sino más bien en la categoría de “Talmud” según la entiende el Mishné Torá. Aquí, Talmud, no se refiere a la literatura talmúdica, sino a la práctica de “… conceptualizar el fin de un concepto desde su principio, infiriendo un concepto a partir de otro.”

Equiparar incluso las enseñanzas esotéricas validas con la Torá misma bien sea Oral o Escrita es una transgresión de la prohibición de añadir a la Torá. E incluso si uno quiere negar lo anterior y decir que no está de acuerdo con esto y pensar que pueda ser una opinión válida basada en una fuente antigua, respetable y universalmente reconocida, que viene de la Torá misma, simplemente ignora los hechos.

Una vez que se entiende que las enseñanzas esotéricas no son parte de la ley judía, se hace claro como el Rambam consideraba que el Mishné Torá cubría todas las áreas de la ley judía y que por mucho que les pese a algunos, como escribió en Moré haNevujim, es más, la tradición original de las enseñanzas esotéricas no llego a transmitirse hasta su generación.

Traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez basado en las enseñanzas de Mijael Eliya.

Refutando la reencarnación

Publicado: 16 enero, 2015 en Cábala, Supersticiones

Siempre me he sentido solo en mi creencia de que la reencarnación no está sustentada en el Tanaj, el Talmud y los midrashím, así como en la tradición gaónica, Rashí, el Rambam, Sforno y muchos otros; con fuentes que refutan directamente o indirectamente la reencarnación.

  • La reencarnación no se menciona en ningún lugar del Tanaj, el Talmud o los midrashím donde numerosas ideas acerca de la vida más allá de la muerte se discuten ampliamente y sin tapujos. Los únicos que ven evidencias de guilgul (reencarnación) en el Tanaj, el Talmud o los midrashím son los fervientes creyentes en ella. Pero esto es similar a los cristianos que ven a la trinidad en el pasuk de Shemá Israel (con unas gafas verdes todo el mundo se verá verde). El único guilgul que se discute en el Talmud es el guilgul shevuá (cuando una persona hace un juramento adicional ante el Bet Din).
  • Las declaraciones de los que proponen que la reencarnación era oculta y desconocida son históricamente falsas. Muchas naciones creyeron en ella durante miles de años y muchos autores – griegos y otros – escribieron sobre ella explícitamente. Aún así Jazal no la menciona ni una sola vez. A convertir antiguas creencias platónicas, egipcias, hindúes o budistas en creencias judías no se le puede llamar revelación de secretos místicos, sino plagio filosófico.
  • En el texto de la tefilá Jazal nunca incluyó la reencarnación como una forma de castigo. Todas las menciones del guilgul en los textos de oraciones cabalísticos son adiciones posteriores de editores anónimos. Por ejemplo compárese el texto de las oraciones de Iom Kipur del Mishné Torá del Rambam, el antiguo texto yemenita, el texto askenazí o sefardí de costumbre española y portuguesa, o el texto de Rav Amram Gaon con el texto sefardí oriental o jasídico influenciados por la cábala. Mírese con atención “al jet shejatanu lefaneja.” Está redactado en orden alfabético de alef a tav, y viceversa. Cada letra tiene su frase correspondiente. La letra guimel, sin embargo, tiene dos frases, una de ellas habla del guilgul. Cualquiera puede comprobar que esto es un añadido posterior. ¿Por qué el autor tendría que asignar dos frases a la letra guimel rompiendo su propia regla de añadir sólo una en el resto de las letras?
  • En el sefer HaCuzarí el hombre sabio directamente le dice al rey que todas las descripciones de la vida venidera no se discuten por Jazal, pero sí se encuentran en otras religiones, porque no son más que fantasías humanas.
  • Jazal nos instruye a decir cada mañana “Elohay neshamá shenatatá bi tehorá hi.” Este dicho de Jazal explícitamente excluye la idea de la reencarnación pero claramente habla de la resurrección de los muertos. Se entiende de esta oración que el alma es creada de la nada (בראתה baratá) para un solo uso, y no para múltiples reciclados.
  • Los que proponen la reencarnación sienten que el concepto de guilgul es esencial para entender la idea de “tzadik ve ra lo” (el mal que les pasa a los justos) así como el sufrimiento de niños inocentes. Pero Jazal nos dice exactamente lo opuesto que “tzadik ve ra lo” implica que el tzadik tiene deficiencias internas que necesitas ser rectificadas y de hecho no es solo una forma de castigo sino una oportunidad para revelar sus propios defectos y rectificarlos (véanse los comentarios al libro de Job y también Moré Nevujím) y que los niños pueden sufrir por los pecados de los padres hasta la edad de 12 o 13 años. Una vez más no hay ni rastro de la reencarnación en las palabras de Jazal. Conozco las menciones del guilgul en el Zohar (I 186b y II 99b) (véase también Bahir 195), pero en mi opinión no hacen más que ahondar y añadir un argumento más a los numerosos argumentos que apoyan la controversia de su origen que no puede ser una obra de Jazal.
  • Algunos sugieren que la frase “Pinjas hu Eliahu” se refiere a la idea de la reencarnación. Pero eso es como mínimo infantil. Jazal menciona “Pinjas hu Eliahu” como la posibilidad de que Eliahu fuese un cohén (véase la guemará o el midrash donde los rabinos se preguntan “si el maestro es un cohén”. Vease Rashí). No conozco a ningún defensor del guilgul que proponga que el ser cohén se puede transmitir por guilgul.
  • Rashí en Génesis 2: 6 claramente menciona que los animales no están sometidos al juicio divino, como sugieren los que proponen la reencarnación de almas humanas en animales.
  • Jazal claramente rechaza la opinión de los tzadokím (saduceos) de que el “shor ha niscal” (el toro lapidado) es un castigo del toro; al contrario, es un castigo al dueño del toro que pierde así su propiedad. Los que proponen la reencarnación sin embargo están apoyando la opinión de los tzadokím.
  • El Rambam en sus Ocho Capítulos describe clara e inequívocamente que el alma humana y el alma de los animales son entidades espirituales totalmente diferentes, tanto en cantidad como en calidad. También advierte de los graves errores filosóficos que se derivan de igualar el alma humana y animal aunque sea en lo más mínimo. Qué extrañas se hacen al judío las imágenes de la idolatría egipcia y griega de animales humanizados o humanos con rasgos animales. Qué extrañas son estas ideas para la mente judía (véanse los comentarios a Bereshit sobre la expresión “naasé adam betzelmenu kidmutenu”).
  • El Ramban menciona la posibilidad del guilgul como explicación al libro de Job. Explica las palabras de Elihu como refiriéndose a que la reencarnación puede darse dos o tres veces. Jazal sin embargo dice abiertamente que Elihu se refiere al gravemente enfermo, a un paciente casi muerto que se recupera y no a un muerto que se reencarna.
  • El Sefer HaIkarím (Rabí Iosef Albo) que conocía las declaraciones del Zohar aún así rechaza la reencarnación con argumentos lógicos e incluso explica los pensamientos que llevan a algunos a apoyarla.
  • El Rav Poalim (Rabí Itzjak ben Latif) página 9 frase 21 dice que “cada alma que viene a este mundo es totalmente nueva e incluso aunque fuese similar a otra alma esto es diferente de la idea de guilgul que ha sido refutada anteriormente.”
  • Algunos creen que solo la reencarnación puede verdaderamente explicar la mitzvá de yibum. Sin embargo, esto sólo es así si se cree en la reencarnación. Si no, esta mitzvá tiene perfecto sentido sin ella (véase “Moré Nevujím” respecto a la mitzvá de yibum).
  • Véase la opinión de autoridades recientes como “Hegionei Uziel” [HaRav Ben Zion Uziel] Vol. 1 pág. 371 y el Rav Iosef Kapaj (comentarios de “Emunot va deot” del Rav Saadia Gaón).

Estos son solo algunos de los puntos de los muchos que prueban que la reencarnación no viene de Jazal sino que es una novedad medieval adaptada de Platón o de Pitágoras (seguramente junto con muchas otras de las ideas cabalísticas) o de fuentes budistas o hindúes. El auge del Neoplatonismo en Europa Occidental durante los s. XIII- XV afectó muy profundamente, no solo a las comunidades judías, sino a toda la sociedad europea. Incluso aunque algunos rabinos no creen que la reencarnación entra en conflicto con los fundamentos del judaísmo y la abrazan, no hay mitzvá ni obligación de creer en ella, porque no proviene de Jazal. Más aún el que rechaza la creencia en esta idea no transgrede la Torá; al contrario claramente es un seguidor de la autentica tradición de Jazal con todos los honores que vienen de ella.

Queridos hermanos, la Torá nos prohíbe hablar lashon hará, incluso si lo que se dice es verdad, aunque sea con las mejores intenciones e incluso para alabar a alguien. Lo mejor en mi humilde opinión es no discutir acerca de las personas sino discutir las ideas. Las ideas, cualquiera que sean, siempre deben ser discutidas, criticadas, rechazadas, aceptadas y sometidas a escrutinio. Esta es la esencia misma del Talmud. Así no se critica a ninguna persona o grupo que está a favor de esta idea. Por poner un ejemplo, el 99.9% de las opiniones filosóficas y halájicas de Rabí Shimón ben Iojai son rechazadas por el Talmud; sin embargo constantemente se refiere a él como uno de los mayores sabios. Nunca deberíamos permitir que se mezclen las discusiones sobre ideas con las discusiones sobre personas. Mencionar el nombre de los autores de dichos y su reputación solo ayuda a un nivel de creencia y fe, pero a nivel de comprensión y razonamiento no sirve para nada.

Dicho esto, los nombres de los rabinos mencionados anteriormente se han dado como una referencia rápida de ciertas ideas y como indicación de que la idea de guilgul evidentemente no es aceptada universalmente.

Si alguien escoge aceptar el concepto de la reencarnación porque ha sido aceptada por tantos rabinos relativamente tardíos, está en el nivel de fe y creencia y sus argumentos no sirven a nivel racional para conocer y buscar la verdad. A la vez cualquier declaración basada en la lógica y la razón no servirá de nada al que tiene fe sin más. Es muy importante resaltar que el judaísmo clásico limita nuestras creencias a las palabras de los profetas y las tradiciones de Jazal. Por supuesto el resto de ideas no son obligatorias. Queridos lectores, recuenten cuantas creencias la Torá prohíbe y lo poco, poquísimo, que deja abierto en el ámbito de la creencia y la fe. Entendamos como la Torá enfatiza y estimula el entendimiento y el conocimiento razonado. Esta es de hecho una de las diferencias fundamentales entre el judaísmo y otras religiones.

Que Dios nos de la capacidad para diferenciar entre la verdad y su opuesto.

Traducido y adaptado por B. Cotarelo Núñez del escrito original de Boris G. Yuabov.